Hojas de hierba & Selección de prosas
Capítulo 14
En esas largas caminatas de todo el día, mis pasos asustan al
pato joyuyo macho y al pato joyuyo hembra[172]: alzan el vuelo a la vez, y describen lentos círculos por encima de mi cabeza.
Creo en sus alados propósitos
y reconozco el rojo, el amarillo y el blanco dentro de mí,
y considero que el verde, el violeta y las crestas que lucen no carecen de razón,
y no llamo indigna a la tortuga porque no sea otra cosa,
y, aunque el arrendajo nunca haya estudiado la escala musical, sus trinos me parecen bastante bien,
y la mirada de la yegua baya hace que me avergüence de mi simpleza.
14
El ganso silvestre guía de noche a la bandada;
grazna ya-honk, y el graznido se me ofrece, desde lo alto, como una invitación.
El petulante quizá lo juzgue sin sentido, pero yo, escuchándolo con atención,
descubro su propósito y su lugar allí arriba, en el cielo invernal.
El alce del norte, con sus afiladas pezuñas, el gato que descansa en el umbral, el paro carbonero, la marmota,
los lechones aferrados a las ubres de la marrana que gruñe,
los polluelos de la pava, y la pava con las alas
semidesplegadas:
en ellos y en mí reconozco una misma y antigua ley.
La presión de mi pie contra el suelo desata centenares de afectos,