Hojas de hierba & Selección de prosas
Perfecciones
Sólo ellas se entienden y entienden a sus semejantes,
como sólo las almas entienden a las almas.
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¡Oh, yo! ¡Oh, vida!
¡Oh, yo! ¡Oh, vida! De las preguntas recurrentes,
de las filas interminables de desleales, de las ciudades llenas de idiotas,
de mí, que siempre me reprocho algo (porque ¿quién hay más
idiota que yo?, ¿y quién más desleal?),
de ojos que ansían la luz en vano, de los objetos despreciables, de la lucha siempre renovada,
de los magros resultados de todo, de las sórdidas multitudes que veo ajetrearse a mi alrededor,
de los años vacíos e inútiles de los demás, con los que me mezclo y confundo,
la pregunta, ¡oh, yo!, tan triste y recurrente, es: ¿qué hay de bueno en todo esto, oh, yo, oh, vida?
Respuesta
Que estás aquí, que la vida existe, y la identidad;
que prosigue la obra, sobrecogedora, y que tú puedes contribuir con un verso.
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