Hojas de hierba & Selección de prosas

Walt Whitman · Capítulo 452 de 587

Páginas del PDF

Hojas de hierba & Selección de prosas

¡Oh, Sur magnético!

¡Oh, Sur magnético!, ¡oh, Sur perfumado y resplandeciente!,

¡Sur mío!

¡Oh, temple vivaz, sangre poderosa, impulso y amor!, ¡bien y mal!, ¡oh, amados míos!

Oh, las cosas de mi nacimiento, cuánto las quiero: todas las que se mueven, y los árboles del lugar en que naciera: las mieses, las plantas, los ríos,

mis queridos ríos lentos, perezosos, cuyo curso se pierde en lejanos arenales plateados, o entre pantanos:

mis queridos Roanoke, Savannah, Altamahaw, Pedee,

Tombigbee, Santee, Coosa y Sabine[460]; por cuyas riberas, pensativo, vagabundo, vuelvo a rondar con mi alma.

De nuevo en Florida, floto en lagos transparentes: floto en el Okeechobee[461], atravieso la región de las colinas, o calveros agradables, o densos bosques,

distingo loros en el follaje, veo la asimina y la cliftonia en flor.

De nuevo, en la cubierta de mi barco, recorro la costa de Georgia, y remonto la de las Carolinas.

Veo el lugar donde crecen la encina del sur, el pino amarillo y el aromático laurel, el limonero y el naranjo, el ciprés y el airoso palmito.

Paso ante un cabo abrupto, accedo al estrecho de Pamlico[462]

por una ensenada y avizoro la tierra que se abre ante mí:

¡oh, el algodonero!, ¡oh, los arrozales, los campos de caña, los campos de cáñamo!,

el cacto protegido por las espinas, el laurel, de grandes flores blancas,

las dehesas, a lo lejos, la feracidad y la aridez, los viejos bosques repletos de muérdago y musgo trepador,

el aroma de los pinos y el imponente, el tenebroso silencio de la naturaleza (aquí, en estos intrincados pantanos, el forajido anda armado y el fugitivo encuentra su escondite);

oh, la extraña fascinación de estos pantanos mal conocidos, apenas transitables, infestados de reptiles, en los que resuenan el llanto del caimán, las tristes onomatopeyas de la lechuza y el gato montés, y el cascabeleo del crótalo,

y viven el sinsonte, el mimo de América, que canta toda la mañana y canta por la noche, a la luz de la luna,

el colibrí, el guajolote, el mapache y la zarigüeya;

un maizal en Kentucky, con el maíz crecido, airoso,

lanceolado, esbelto, ondulante, intensamente verde, borlado, de hermosas mazorcas, a resguardo de sus vainas.

¡Oh, corazón mío!, ¡oh, punzadas tiernas y feroces!: no puedo soportarlas; he de irme.

¡Oh, ser virginiano, donde he crecido!, ¡oh, ser carolino!

¡Oh, anhelos irreprimibles! ¡Oh, volveré al viejo Tennessee, y ya no vagabundearé nunca más!

OceanofPDF.com