Hojas de hierba & Selección de prosas
¡Oh, Sur magnético!
¡Oh, Sur magnético!, ¡oh, Sur perfumado y resplandeciente!,
¡Sur mío!
¡Oh, temple vivaz, sangre poderosa, impulso y amor!, ¡bien y mal!, ¡oh, amados míos!
Oh, las cosas de mi nacimiento, cuánto las quiero: todas las que se mueven, y los árboles del lugar en que naciera: las mieses, las plantas, los ríos,
mis queridos ríos lentos, perezosos, cuyo curso se pierde en lejanos arenales plateados, o entre pantanos:
mis queridos Roanoke, Savannah, Altamahaw, Pedee,
Tombigbee, Santee, Coosa y Sabine[460]; por cuyas riberas, pensativo, vagabundo, vuelvo a rondar con mi alma.
De nuevo en Florida, floto en lagos transparentes: floto en el Okeechobee[461], atravieso la región de las colinas, o calveros agradables, o densos bosques,
distingo loros en el follaje, veo la asimina y la cliftonia en flor.
De nuevo, en la cubierta de mi barco, recorro la costa de Georgia, y remonto la de las Carolinas.
Veo el lugar donde crecen la encina del sur, el pino amarillo y el aromático laurel, el limonero y el naranjo, el ciprés y el airoso palmito.
Paso ante un cabo abrupto, accedo al estrecho de Pamlico[462]
por una ensenada y avizoro la tierra que se abre ante mí:
¡oh, el algodonero!, ¡oh, los arrozales, los campos de caña, los campos de cáñamo!,
el cacto protegido por las espinas, el laurel, de grandes flores blancas,
las dehesas, a lo lejos, la feracidad y la aridez, los viejos bosques repletos de muérdago y musgo trepador,
el aroma de los pinos y el imponente, el tenebroso silencio de la naturaleza (aquí, en estos intrincados pantanos, el forajido anda armado y el fugitivo encuentra su escondite);
oh, la extraña fascinación de estos pantanos mal conocidos, apenas transitables, infestados de reptiles, en los que resuenan el llanto del caimán, las tristes onomatopeyas de la lechuza y el gato montés, y el cascabeleo del crótalo,
y viven el sinsonte, el mimo de América, que canta toda la mañana y canta por la noche, a la luz de la luna,
el colibrí, el guajolote, el mapache y la zarigüeya;
un maizal en Kentucky, con el maíz crecido, airoso,
lanceolado, esbelto, ondulante, intensamente verde, borlado, de hermosas mazorcas, a resguardo de sus vainas.
¡Oh, corazón mío!, ¡oh, punzadas tiernas y feroces!: no puedo soportarlas; he de irme.
¡Oh, ser virginiano, donde he crecido!, ¡oh, ser carolino!
¡Oh, anhelos irreprimibles! ¡Oh, volveré al viejo Tennessee, y ya no vagabundearé nunca más!
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