Hojas de hierba & Selección de prosas
El niño
las bahías y los canales y los barcos que arriban y zarpan son nuestros, y nosotros, por sobre todo,
por sobre el área que se extiende a nuestros pies, los tres o cuatro millones de millas cuadradas, las capitales,
los cuarenta millones de personas, ¡oh, bardo!, nosotros, sí, nosotros, supremos en la vida y la muerte,
nos exhibimos, imperiosos, alzados,
no sólo ahora: mil años entonaremos este canto,
por tu mediación, para el alma de un pobre niño.
EL NIÑO
Oh, padre mío, no me gustan las casas:
nunca significarán nada para mí; ni me gusta el dinero.
Pero sí me gustaría subir ahí, oh, querido padre, me gusta ese estandarte:
quiero ser ese pendón; tengo que serlo.
EL PADRE
Hijo mío, me llenas de angustia:
ser ese pendón sería terrible.
No sabes lo que significa hoy, y después de hoy, y siempre:
significa no ganar nada, sino desafiarlo y arriesgarlo todo, significa encabezar guerras —¡y, oh, qué guerras!—: ¿qué tienes tú que ver con ellas?
¿Qué tienes que ver con esas pasiones demoníacas, con la masacre, con la muerte prematura?
EL ESTANDARTE
Yo canto, pues, a los demonios y a la muerte,