Hojas de hierba & Selección de prosas
Dame el sol, silencioso y espléndido
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Dame el sol, silencioso y espléndido, y su haz de rayos deslumbrantes;
dame el jugoso fruto del otoño, rojo, maduro, de la huerta;
dame un campo en el que crezca la hierba sin segar;
dame un emparrado, dame las uvas de la parra;
dame maíz y trigo nuevos, dame animales que se muevan despacio, ejemplo de satisfacción;
dame noches de paz absoluta, como las de las altas mesetas al oeste del Misisipí, en las que mire a las estrellas;
dame, al amanecer, un jardín fragante de flores hermosas, por el que pueda pasear sin que me molesten;
dame por esposa una mujer de aliento fresco, de la que nunca me canse;
dame un hijo perfecto, dame una vida hogareña, en el campo,
lejos del ruido del mundo;
dame que entone cantos espontáneos, recluido en mí mismo, que sólo oiga yo;
dame soledad, dame Naturaleza, ¡vuelve a darme, oh,
Naturaleza, tu cordura primigenia!
Todo esto exijo tener (cansado de la agitación incesante, atormentado por la porfía de la guerra),
todo esto pido sin descanso que se me procure, con gritos que me brotan del corazón;
pero, aunque lo pido sin descanso, me aferró a mi ciudad,
día tras día y año tras año, oh, ciudad, recorro tus calles,