Hojas de hierba & Selección de prosas
Capítulo 5
En mi última canción, triste era mi voz,
triste era el espectáculo que me rodeaba, lleno del estruendo del odio y de la humareda de la guerra;
en medio del conflicto, de los héroes, me planté,
o bien pasé, despacio, por entre los heridos y agonizantes.
Pero ahora ya no canto la guerra,
ni la marcha acompasada de los soldados, ni las tiendas de los campamentos,
ni los regimientos que se apresuran a desplegarse en orden de batalla;
basta ya del triste, del antinatural espectáculo de la guerra.
¿Pidieron sitio aquellas filas enardecidas e inmortales, los primeros ejércitos en dar un paso al frente?
Piden sitio, ay, las espeluznantes filas, los ejércitos pavorosos que los siguieron.
(Pasad, pasad, orgullosas brigadas que desfiláis con paso firme y nervioso,
de hombros jóvenes y fuertes, con mochilas y mosquetes;
con cuánto entusiasmo os veía poneros en marcha.
Pasad y volved a redoblar, tambores,
porque otro ejército asoma, oh, otro ejército cada vez más numeroso,
hormigueante, arrastrándose a retaguardia, oh, tú, creciente y pavoroso ejército,
oh, vosotros, regimientos lamentables, atacados por la diarrea, mortal, por la fiebre,
oh, queridos mutilados de mi tierra, con vendajes
ensangrentados y muletas,
mirad, os sigue vuestro pálido ejército).
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