Hojas de hierba & Selección de prosas

Walt Whitman · Capítulo 346 de 587

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Hojas de hierba & Selección de prosas

Capítulo 5

En mi última canción, triste era mi voz,

triste era el espectáculo que me rodeaba, lleno del estruendo del odio y de la humareda de la guerra;

en medio del conflicto, de los héroes, me planté,

o bien pasé, despacio, por entre los heridos y agonizantes.

Pero ahora ya no canto la guerra,

ni la marcha acompasada de los soldados, ni las tiendas de los campamentos,

ni los regimientos que se apresuran a desplegarse en orden de batalla;

basta ya del triste, del antinatural espectáculo de la guerra.

¿Pidieron sitio aquellas filas enardecidas e inmortales, los primeros ejércitos en dar un paso al frente?

Piden sitio, ay, las espeluznantes filas, los ejércitos pavorosos que los siguieron.

(Pasad, pasad, orgullosas brigadas que desfiláis con paso firme y nervioso,

de hombros jóvenes y fuertes, con mochilas y mosquetes;

con cuánto entusiasmo os veía poneros en marcha.

Pasad y volved a redoblar, tambores,

porque otro ejército asoma, oh, otro ejército cada vez más numeroso,

hormigueante, arrastrándose a retaguardia, oh, tú, creciente y pavoroso ejército,

oh, vosotros, regimientos lamentables, atacados por la diarrea, mortal, por la fiebre,

oh, queridos mutilados de mi tierra, con vendajes

ensangrentados y muletas,

mirad, os sigue vuestro pálido ejército).

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