Hojas de hierba & Selección de prosas

Walt Whitman · Capítulo 394 de 587

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Hojas de hierba & Selección de prosas

Viaje a la India

1

Yo canto mis días,

canto los grandes hitos del presente,

canto las obras ligeras y resistentes de los ingenieros,

nuestras maravillas modernas (que superan a las Siete de la Antigüedad, tan ciclópeas):

en el Viejo Mundo, a Oriente, el canal de Suez;

el Nuevo, atravesado por el poderoso ferrocarril;

los mares, incrustados de finos y elocuentes cables[414].

Pero, ante todo, se oye, y se oirá siempre, este grito contigo, oh, alma:

¡El Pasado!, ¡el Pasado!, ¡el Pasado!

¡El Pasado!, ¡oh, oscura e insondable retrospección!

Abismo fecundo, ¡los durmientes y las sombras!

El pasado, ¡la grandeza infinita del pasado!

Porque ¿qué es el presente, después de todo, sino un fruto del pasado?

(Como un proyectil modelado, impelido, supera cierta línea y prosigue su trayectoria,

así el presente, completamente modelado, impelido por el pasado).

2

¡Viaje, oh, alma, a la India!

Eclaircise[415] los mitos asiáticos, las fábulas primitivas.

No sólo vosotras, orgullosas verdades del mundo,

ni vosotros, hechos de la ciencia moderna,

sino también los mitos y fábulas de antaño, los fábulas de África y Asia,

los rayos del espíritu, que llegan muy lejos, los sueños desatados,

las biblias y leyendas, que calan muy hondo,

las atrevidas tramas de los poetas, las religiones ancestrales,

¡oh, vosotros, templos más bellos que los lirios bañados por el sol naciente!,

¡oh, vosotras, fábulas que desdeñáis lo conocido, que eludís el abrazo de lo conocido, para elevaros al cielo!,

¡vosotras, altas y deslumbrantes torres, con pináculos, rojas como rosas, bruñidas de oro!,

¡torres de fábulas inmortales, construidas con sueños mortales!

¡También a vosotros os doy la bienvenida, como al resto!

También a vosotros os canto con alegría.

¡Viaje a la India!

Mira, alma, ¿acaso no reconoces la voluntad de Dios desde el principio?

La tierra había de ser recorrida, conectada por redes;

las razas, los vecinos, habían de darse y recibirse en matrimonio;

los océanos habían de ser cruzados, lo lejano había de hacerse próximo,

las tierras habían de unirse.

Yo canto un nuevo culto:

a vosotros, capitanes, viajeros, exploradores, el vuestro;

a vosotros, ingenieros, a vosotros, arquitectos, maquinistas, el vuestro;

a vosotros, no sólo en nombre del comercio o del transporte, sino en nombre de Dios, y en el tuyo, oh, alma.