Hojas de hierba & Selección de prosas

Walt Whitman · Capítulo 578 de 587

Páginas del PDF

Hojas de hierba & Selección de prosas

Visión de terribles escenas de guerra

En uno de los últimos movimientos de nuestras tropas en el valle (cerca de Upperville, creo), una potente partida de guerrilleros de Moseby[528] atacó un tren hospital y a su escolta de caballería. Los vagones transportaban a unos 60 heridos, muchos de los cuales eran oficiales de alta graduación. Los rebeldes iban en gran número; tras un breve tiroteo, se hicieron con el tren y capturaron a la escolta. Tan pronto como nuestros hombres se rindieron, empezaron a saquear el convoy y a asesinar a los prisioneros, incluso a los heridos. Y he aquí la escena, o una parte de ella, que tuvo lugar diez minutos después. Entre los oficiales heridos que viajaban en el tren había un teniente de las fuerzas regulares y otro de mayor rango. A ambos los guerrilleros, aquella turba demoníaca, los sacaron a rastras, los rodearon y los acribillaron a machetazos. A uno de los oficiales le clavaron los pies al suelo con bayonetas. Y los dos recibieron, como se comprobó en un examen posterior, una veintena de puñaladas, algunas en la boca, en la cara, etc. Al resto de los heridos también los habían sacado de los vagones (para darse mejor al pillaje), y a muchos los habían despachado: sus cuerpos yacían ensangrentados e inertes. Otros, aún con vida, pero horriblemente mutilados, gemían. A la mayoría de los soldados que se habían rendido, los habían lisiado o asesinado.

En ese momento, una fuerza de caballería, que había seguido al tren a cierta distancia, cargó violentamente contra los captores rebeldes, que se dieron a la fuga lo mejor que pudieron. La mayoría lograron escapar, pero capturamos a dos oficiales y diecisiete soldados que habían participado en los actos descritos. La situación era tal que apenas cabía discusión, como se puede imaginar. Los diecisiete prisioneros y los dos oficiales pasaron la noche bajo vigilancia, pero se resolvió, en aquel mismo momento y lugar, que habían de morir. A la mañana siguiente, se llevó a los oficiales al pueblo —cada uno a un lugar diferente—, se los puso en medio de la calle,

y se los fusiló. A los diecisiete hombres se los trasladó a un campo abierto, algo apartado; allí se los situó en un agujero del suelo, y los rodearon dos de nuestros regimientos de caballería. Uno hacía tres días que había encontrado los cadáveres sanguinolentos y desjarretados de tres de sus miembros, a los que los guerrilleros de Moseby habían colgado de los árboles por los talones; al otro hacía poco también que le habían asesinado a doce hombres que se habían rendido, a los que luego habían colgado de los árboles por el cuello, con una inscripción burlesca, además, en el pecho de uno, un sargento. A aquellos tres y a estos doce, como digo, los habían encontrado los regimientos que ahora formaban, con los revólveres desenfundados, un ominoso cordón en torno a los prisioneros. Se los puso, a continuación, en el centro del agujero, se los desató y se les dijo, irónicamente, que se les iba a dar «una oportunidad de luchar por su vida».

Algunos echaron a correr. Pero ¿para qué? Les llovieron balas de todos lados. En apenas unos minutos, los diecisiete cadáveres llenaban el agujero.

Yo tenía curiosidad por saber si algún soldado de la Unión (al menos uno o dos de los más jóvenes) se abstendría de disparar a aquellos hombres indefensos. Pero no. Sin alegría, y sin apenas hablar, casi en silencio, todos contribuyeron con sus disparos.

Multiplicad lo anterior por veinte, o por cien; verificadlo en cualquier circunstancia posible, en lugares y entre individuos distintos; iluminadlo con las pasiones más espeluznantes —la del lobo, la del león que lame la sangre de sus presas para saciar la sed, la del volcán en erupción de la venganza del hombre por los hermanos y camaradas masacrados— y con el resplandor de las granjas incendiadas, y sus brasas negras —unas brasas completamente negras, y peores, en el corazón humano—, y los escombros humeantes, y tendréis una idea de lo que es esta guerra.

OceanofPDF.com