Hojas de hierba & Selección de prosas

Walt Whitman · Capítulo 440 de 587

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Hojas de hierba & Selección de prosas

Capítulo 6

igual

(tu curso alado no se formula en las dos grandes guerras que has sufrido[452], ni en el visible crecimiento que has experimentado en este siglo,

sino, con mucha mayor fidelidad, en estas hojas y estos cantos, tus cantos, ¡gran Madre!);

a ti en una educación surgida de ti, en profesores, estudios, estudiantes, surgidos de ti;

a ti en tus democráticas fétes[453] en masse, en tus originalísimos

festivales,

óperas,

conferencias

y

predicadores;

a ti en tus ultimatos (los preparativos ya han terminado: el edificio descansa en cimientos sólidos);

a ti en tus pináculos, tu intelecto, tu pensamiento, tus más altas alegrías racionales, tu amor y tu aspiración divina,

en tus espléndidos literatos futuros, en tus oradores a pleno pulmón, en tus bardos sacerdotales, en tus sabios cósmicos.

¡A éstos!, a todos éstos, que están en ti (y que sin duda llegarán), los profetizo hoy.

6

Tierra que todo lo toleras, que todo lo aceptas, y no sólo lo bueno, porque todo es bueno para ti;

tierra que, en los reinos de Dios, constituirás un reino propio, que, bajo la ley de Dios, serás tu propia ley.

(Mira: allí surgen tres estrellas incomparables,

que serán las estrellas de tu nacimiento, país mío: Unión, Evolución y Libertad,

engastadas en el cielo de la Ley).

Tierra de fe sin precedentes, de fe en Dios:

tu suelo, y hasta tu subsuelo, solevantados;

las entrañas de la tierra, ocultas durante tanto tiempo, y con tanta diligencia, se muestran desde hoy osadamente

desnudas,

expuestas por ti a la luz del cielo, para nuestro provecho o nuestra desdicha.

No sólo para el éxito,

ni para la bonanza ininterrumpida,

la tormenta te salpicará la cara, y te anegará el horror de la guerra, y de cosas peores que la guerra

(¿has soportado la guerra, con sus convulsiones y sus pruebas?

Pues enfréntate ahora a la paz y a las suyas,

porque la convulsión última y el agarrotamiento mortal de las naciones no sobrevienen con la guerra, sino con la

prosperidad que trae la paz);

con una máscara, y una sonrisa en ella, se acercará la muerte para seducirte, y te consumirán las enfermedades:

el cáncer extenderá sus garras lívidas, espantosas, y, clavándotelas en el pecho, querrá hundírtelas hasta el fondo, y la peor de las tisis, la tisis moral, te encenderá el rostro de fiebre,

pero tú te enfrentarás a la fortuna y a la enfermedad, y las superarás a todas,

sean cuales sean hoy y a lo largo del tiempo:

todas y cada una de ellas se disiparán, y desaparecerán, y te abandonarán,

en tanto que tú, ascendiendo por las espirales del Tiempo, saliendo de ti, desenmarañándote de ti, fundiéndote,

tú, Unión ecuánime, natural, mística (mezclado lo mortal con lo inmortal),

remontarás el vuelo para alcanzar el futuro, el espíritu del cuerpo y de la mente,

el alma y sus destinos.

El alma, sus destinos, lo verdaderamente real

(el sentido de todas las apariciones de lo real),

en ti, América, el alma y sus destinos,

¡tú, globo de globos!, ¡tú, nebulosa admirable!,

convulsionada por múltiples agonías ardientes y glaciales (y consolidada por ellas),

tú, orbe mental, moral, ¡tú, Mundo Nuevo, nuevo, ciertamente, y Espiritual!

El Presente ya no te contiene: para un crecimiento tan descomunal como el tuyo,

para un vuelo tan incomparable como el tuyo, y una

descendencia como la tuya,

sólo el futuro te contiene y puede contenerte.

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