Hojas de hierba & Selección de prosas

Walt Whitman · Capítulo 163 de 587

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Hojas de hierba & Selección de prosas

Capítulo 5

Creo que podría pararme aquí mismo y obrar milagros.

Creo que me gustará todo con lo que me cruce en el camino, y que yo gustaré a todos los que me vean.

Creo que todos los que vea serán felices.

5

Desde este instante, me declaro exonerado de límites y líneas imaginarias:

iré a donde me plazca, dueño y señor absoluto de mí,

escucharé a los demás, consideraré bien lo que digan,

me detendré, investigaré, recibiré, contemplaré,

me desprenderé, sin violencia, pero con voluntad indoblegable, de las ataduras que me sujeten.

Aspiro el espacio a bocanadas:

el este y el oeste son míos, y el norte y el sur son míos.

Soy mayor y mejor de lo que pensaba.

No sabía que contuviese tanta bondad.

Todo me parece hermoso.

Puedo repetir a hombres y mujeres una y otra vez: Me habéis

hecho tanto bien, que quiero corresponderos;

me reaprovisionaré sobre la marcha, para mí y para vosotros; me diseminaré sobre la marcha entre hombres y mujeres;

les infundiré una nueva alegría y una nueva aspereza.

Quien me niegue, no me perturbará;

quien me acepte, hombre o mujer, será bendecido y me bendecirá.

6

Si ahora apareciesen mil hombres perfectos, no me sorprendería;

si ahora apareciesen mil formas bellas de mujer, no me asombraría.

Ahora comprendo el secreto con el que se hacen las mejores personas:

crecer al aire libre y comer y dormir con la tierra.

Aquí hay lugar para una gran acción personal

(tal acción hinche los corazones de toda la raza humana:

su efusión de fuerza y de voluntad desborda la ley, y se burla de toda autoridad y de todo argumento que se le oponga).

He aquí la prueba de la sabiduría.

La sabiduría no se pone a prueba en las escuelas.

La sabiduría no se transmite de uno que la posea a otro que no la posea.

La sabiduría es del alma, y no es susceptible de demostración: ella es su propia demostración;

se aplica a todos los estados y objetos y cualidades, y se da por satisfecha;

es la certeza de la realidad e inmortalidad de las cosas, y la excelencia de las cosas;

hay algo en el espectáculo ingrávido de las cosas que la incita a salir del alma.

Vuelvo a examinar, ahora, filosofías y religiones.

Pueden funcionar en las salas de conferencias, pero no bajo las nubes espaciosas, o en el paisaje, o en los ríos que corren.

He aquí la comprensión.

He aquí al hombre en armonía: aquí comprende lo que hay en

su interior,

el pasado, el futuro, la majestad, el amor —si tú faltas en ellos, ellos faltan en ti.