Hojas de hierba & Selección de prosas
Capítulo 5
Creo que podría pararme aquí mismo y obrar milagros.
Creo que me gustará todo con lo que me cruce en el camino, y que yo gustaré a todos los que me vean.
Creo que todos los que vea serán felices.
5
Desde este instante, me declaro exonerado de límites y líneas imaginarias:
iré a donde me plazca, dueño y señor absoluto de mí,
escucharé a los demás, consideraré bien lo que digan,
me detendré, investigaré, recibiré, contemplaré,
me desprenderé, sin violencia, pero con voluntad indoblegable, de las ataduras que me sujeten.
Aspiro el espacio a bocanadas:
el este y el oeste son míos, y el norte y el sur son míos.
Soy mayor y mejor de lo que pensaba.
No sabía que contuviese tanta bondad.
Todo me parece hermoso.
Puedo repetir a hombres y mujeres una y otra vez: Me habéis
hecho tanto bien, que quiero corresponderos;
me reaprovisionaré sobre la marcha, para mí y para vosotros; me diseminaré sobre la marcha entre hombres y mujeres;
les infundiré una nueva alegría y una nueva aspereza.
Quien me niegue, no me perturbará;
quien me acepte, hombre o mujer, será bendecido y me bendecirá.
6
Si ahora apareciesen mil hombres perfectos, no me sorprendería;
si ahora apareciesen mil formas bellas de mujer, no me asombraría.
Ahora comprendo el secreto con el que se hacen las mejores personas:
crecer al aire libre y comer y dormir con la tierra.
Aquí hay lugar para una gran acción personal
(tal acción hinche los corazones de toda la raza humana:
su efusión de fuerza y de voluntad desborda la ley, y se burla de toda autoridad y de todo argumento que se le oponga).
He aquí la prueba de la sabiduría.
La sabiduría no se pone a prueba en las escuelas.
La sabiduría no se transmite de uno que la posea a otro que no la posea.
La sabiduría es del alma, y no es susceptible de demostración: ella es su propia demostración;
se aplica a todos los estados y objetos y cualidades, y se da por satisfecha;
es la certeza de la realidad e inmortalidad de las cosas, y la excelencia de las cosas;
hay algo en el espectáculo ingrávido de las cosas que la incita a salir del alma.
Vuelvo a examinar, ahora, filosofías y religiones.
Pueden funcionar en las salas de conferencias, pero no bajo las nubes espaciosas, o en el paisaje, o en los ríos que corren.
He aquí la comprensión.
He aquí al hombre en armonía: aquí comprende lo que hay en
su interior,
el pasado, el futuro, la majestad, el amor —si tú faltas en ellos, ellos faltan en ti.