Hojas de hierba & Selección de prosas
Capítulo 20
¡Oh, verso mío, arrebatado, llamada que hago, no te burles de mí!
No te he proclamado por los bardos del pasado, para invocarlos;
ni siquiera para convocar a esos bardos eminentes aquí, en la ribera del Ontario,
he cantado, caprichoso y enérgico, este agreste canto.
Sólo invoco a bardos para mi tierra
(porque la guerra, la guerra ha terminado, y los campos están despejados),
hasta que prorrumpan en marchas triunfales, dirigidas, desde hoy, al futuro,
para alegrar, oh, Madre, tu alma ilimitada y expectante.
¡Bardos de la gran Idea!, ¡bardos de los inventos de la paz!
(¡porque la guerra, la guerra ha terminado!),
bardos, empero, de ejércitos latentes, de un millón de soldados a la espera, siempre listos,
¡bardos cuyos cantos parecen brotar de ascuas o del bifurcado zigzagueo del rayo!,
¡bardos del ancho Ohio, del ancho Canadá!, ¡bardos de California!, ¡bardos del interior!, ¡bardos de la guerra!
A vosotros, con este hechizo, os invoco.
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