Hojas de hierba & Selección de prosas

Walt Whitman · Capítulo 265 de 587

Páginas del PDF

Hojas de hierba & Selección de prosas

El niño

y el viento sobrevuela el pecho del mar, hacia tierra, el viento, fuerte y constante, del oeste o del sudoeste,

que flota, feliz, con la espuma, blanca como la leche, de las aguas.

Pero yo no soy el mar ni el sol rojo,

yo no soy el viento que se ríe como una jovencita

ni el vendaval que fortalece, ni el que azota,

ni el espíritu que fustiga al cuerpo hasta sentir el terror y la muerte,

sino el que, invisible, viene y canta, canta, canta,

el que balbucea en los arroyos y se precipita en chaparrones sobre la tierra,

el que reconocen los pájaros en el bosque por la mañana y por la tarde,

y reconocen la arena de la playa y la ola que silba, y ese estandarte y ese pendón

que flamean y flamean ahí, en lo alto.

EL NIÑO

Oh, padre, está vivo, está lleno de gente, tiene hijos,

oh, ahora me parece que les habla a sus hijos,

lo oigo, me habla a mí, oh, ¡qué maravilla!

Oh, se ensancha, se extiende y corre muy deprisa, oh, padre mío,

es tan grande que ha tapado el cielo.

EL PADRE

Basta, basta, tonto,

lo que dices me entristece, me disgusta mucho:

mira con los demás, te repito, y olvídate de estandartes y pendones;