Hojas de hierba & Selección de prosas
Adormecimiento vespertino
Tras una semana de sufrimientos físicos,
de agitación, fiebre y dolor,
me llegan, cuando ya acaba el día, la calma y el
adormecimiento,
tres horas de paz, en que el cerebro, sosegado, descansa.
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Cumbres radiantes de la vejez
El contacto de la llama, el fuego que ilumina, la última mirada, la más altanera,
a la ciudad, a la pasión, al mar, a las praderas, las montañas y los bosques, a la tierra;
los matices etéreos, múltiples, cambiantes, de todo a la luz del crepúsculo,
de los objetos y grupos, de los comportamientos, rostros y recuerdos;
el sosiego de las escenas, el ocaso de oro, claro y dilatado: todo eso es la atmósfera, los puntos de vista, las situaciones desde las que observamos,
realzadas sólo por ellas; todo (y quizá lo mejor) descuidado antes.
De ellas provienen las luces: de las cumbres radiantes de la vejez.
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