Hojas de hierba & Selección de prosas
Capítulo 19
veré si los peces y los pájaros se bastan a sí mismos, y si yo no he de bastarme a mí mismo.
Mido mi espíritu con el vuestro, orbes, plantas, montañas, bestias.
Sois abundantes, pero os absorbo a todos, y me hago vuestro dueño.
América aislada, pero que lo encarna todo: ¿qué es, en fin, sino yo mismo?
Estos Estados, ¿qué son sino yo mismo?
Ahora sé por qué la tierra es burda, torturadora, perversa: lo es por mí.
Os apreso, precisamente, para que seáis mías, formas terribles, bastas.
(Madre, inclínate, acerca tu rostro al mío.
No sé para qué son estas conjuras, estas guerras, estos aplazamientos.
No conozco el éxito de lo logrado, pero sé que, gracias a la guerra y el crimen, tu obra prosigue, y ha de proseguir).
19
Así, pues, a orillas del Ontario azul,
abanicado por los vientos, acuciado por el tropel de las olas, me estremecí con los latidos de la fuerza, y me poseyó el hechizo de mi tema,
hasta que se rompió la urdimbre que me sujetaba.
Y vi el alma libre de los poetas:
los más eminentes bardos de las épocas pasadas desfilaron ante mí,
hombres corpulentos y extraños, dormidos, ocultos durante mucho tiempo, me fueron revelados.