Otra vez, Rachel
Capítulo 76
76
Se podían decir muchas cosas de Claire, pero sin duda era organizada. A pesar de su contratiempo con el intercambio de parejas, estuvo pendiente de todos los detalles de la fiesta de mamá. Todas las tareas estaban asignadas, y además había una persona de apoyo, por si la primera sufría un ataque de nervios.
Había una hoja de cálculo y múltiples líneas de tiempo paralelas.
Los teléfonos de la gente estaban programados para emitir un pitido y recordarles que tenían que…
Salir de casa.
Comer algo.
Gritar ¡SORPRESA!
Llegaba veinte minutos tarde cuando mi padre me recibió en la puerta principal.
—Siempre llegas puntual —dijo—. ¿Por qué te has retrasado?
—He ido a tomar algo con Luke —respondí, demasiado abrumada para mentir—. Me ha afectado.
—Oh, tranquila. —Me dio una palmadita en la espalda de forma titubeante—. Ya, ya, ya. Ya, ya, ya.
—¿Ese cabrón de Costello? —espetó Helen—. ¿Adónde habéis ido?
—A Morrigan’s. —Me paré en la puerta del salón. Estaban todas allí.
—¿Y bien? —preguntó Helen—. ¿Qué habéis hecho?
—Le he hecho una paja junto al arroyo.
—¿Es necesario? —preguntó mi madre.
La respuesta era que sí. Actuar de manera esquiva era lo peor que podías hacer con esa panda. Si inventaba un escenario escandaloso, era mucho más probable que perdieran el interés.
—¿Estás bien? —preguntó Margaret.
—No, pero lo estaré.
—¿Tienes auriculares con cancelación de ruido? JJ necesita un par.
—Sí que tengo. Se los llevaré mañana después del trabajo.
—Ahora que has resuelto las necesidades de auriculares de tu hijo… — Claire estaba un poco resentida y no era justo que se desquitara con Margaret, pero ¿cuándo eran racionales las emociones?—, este es el plan para el sábado. A las 15.00 llegaré al SugarLoaf Inn…
—Horas —apuntó Helen, que estaba tumbada en el suelo—. A las 15.00 horas.
—A las tres de la tarde —replicó Claire—, acompañada de Francesca, Luka, Molly y… —apenas vaciló al pronunciar su nombre—, Adam, llegaré al hotel. Allí me reuniré con Kate y con Devin, y nos registraremos todos. —Aunque el SugarLoaf Inn estaba a solo veinte kilómetros del centro de Dublín, mucha gente se quedaba a pasar la noche, así podían beber en la barra libre hasta caer en coma, sin preocuparse por llegar a casa —. Después de coger fuerzas con una copa de champán, me uniré a tu marido y a tus hijos —señaló a Margaret—, y adornaremos la habitación. Eso significa que Holly y JJ inflarán los globos. Garv, junto con Luka, Devin y… Adam, decorará el techo con serpentinas. Estoy a cargo de asignar las mesas, el trabajo más importante; un movimiento en falso y podríamos enfrentarnos a un brote de grescas. Eso significa «peleas», pero seguro que lo adivináis por el contexto…
—Las bolsas de regalos —intervino mamá.
—Enseguida llego a eso —repuso Claire con brusquedad—. Aproximadamente a las 17.15…
—¡Horas! —espetó Helen.
—A las cinco y cuarto, después de una comida ligera para llenar el estómago, llega el momento de peinarse y maquillarse, luego nos ponemos nuestras mejores galas.
—¿Las bolsas de regalos? —suplicó mi madre.
—¡Puedes esperar! A las 17.40… —Hizo una pausa y gritó—: ¡Horas! —El hecho de que Helen la hubiera desquiciado tan rápido era señal de lo poco en forma que estaba. Se tomó un momento para relajar el cuello y cuadrar los hombros, y continuó—: A las 17.40 horas, Rachel recoge a Anna, a Angelo y las ochenta bolsas de regalos. Su hora de llegada son las 18.50… horas. Rachel hace la entrega y se va.
—Bueno, puede que me quede. Te aviso.
—Tal vez quieras darte prisa, ya que solo faltan tres días —repuso Helen.
—Puedo ocuparme —adujo Claire con aire sombrío—. Sí, la buena de Claire puede ocuparse de todo. De cualquier cosa. De cualquier puñetera cosa. ¡Claro! ¿Por dónde iba? Sí, vale, Anna y Angelo comprobarán la asignación de asientos, por si me he equivocado, cosa que nunca hago, pero ya conocemos la ley de Murphy. También me gustaría que Artie le echara un vistazo rápido cuando llegue. Se le dan bien los detalles.
—No es lo único que se le da bien —murmuró Helen, tumbada boca arriba.
La ignoramos. Solo decía esas cosas para angustiar a mamá.
—A las 19.00 horas, todos los invitados, incluidos Helen, Artie y la Mejor Amiga de Helen, Bella Devlin, se reunirán en la sala de fiestas y ensayarán unas cuantas veces el grito de ¡SORPRESA!
—¿Y si mis hermanas llegan tarde? —preguntó mamá con ansiedad—. ¿Y se pierden el ensayo?
—No llegarán tarde. —Claire se mostró confiada—. La gente mayor llega pronto a todo.
—Seguro que ya están haciendo cola en el aparcamiento —añadió Helen—. Y todavía faltan setenta horas.
—Y no tendrán champán hasta que demuestren que pueden hacerlo bien. —Claire soltó una carcajada—. Oh, allí estarán —aseveró—. A las 18.30 horas, Margaret recogerá a mamá y a papá. Cinco minutos después de salir del hotel, Margaret enviará un wasap, todo el mundo ocupará las posiciones que hemos ensayado, papá entrará con mamá y todos gritaremos: «¡Sorpresa!». ¡Y que empiece la juerga! —Ladeó una oreja—. ¿A quién le suena el móvil?
—A mí.
—¿Luke Costello el Ludita otra vez?
No. Era Quin, y no lo cogí. Un minuto después se oyó el aviso de un mensaje de voz.
«¿No me hablas? —Sonaba tímido—. Es justo. Verás… Se me ha pasado el enfado. Ven mañana. Cocino yo».
Helen me abordó cuando terminó la última reunión del comité.
—Quería ver cómo estabas.
—Yo…
—Oh, madre mía. —Podía verlo en mí—. ¿Costello?
—Sí. Yo… —No encontraba las palabras para transmitir lo mucho que lo deseaba.
Pero ella asintió. Lo entendió.
—Es lógico. Después de lo que habéis sufrido. Ese vínculo… —Exhaló un suspiro—. Supongo que es el adiós del Doctor Cuchador. Es una pena. Me caía bien. Él y sus regalos raros.
—¡No! No. Eso no es lo que yo… —Me detuve. No sabía lo que quería.
—Entonces ¿qué? ¿Una noche de sexo loco con Costello? ¿Dar carpetazo a todo el asunto? —Se encogió de hombros—. Podría funcionar. Y recuerda que, aunque se me da de pena mostrar compasión y empatía, puedes contar conmigo.
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