Otra vez, Rachel
Capítulo 90
90
Alrededor de una semana después, se me disparó el corazón cuando su nombre apareció en mi teléfono. Sí, vale, Roma no se construyó en un día. La próxima vez lo haría mejor.
—Hola —dije.
—¡Hola a ti también! —Y ahí estaba su hermosa cara—. Bueno, voy a ir unos días a Irlanda de nuevo.
—Oh, claro. Genial. —O tal vez no. El tiempo lo diría.
—¿Podríamos vernos? Estaré allí del catorce al diecisiete de agosto.
—¡Oh, estaré con Brigit! Trabajando en su escuela de verano.
—¿Volveremos a vernos alguna vez? —Se esforzó por mantener un tono jovial, pero parecía exasperado de verdad.
—¿No hay posibilidad de cambiar las fechas?
—No. Es un asunto legal, involucra a otras personas.
—¿El testamento de tu madre?
—¿Qué…? Ah, no —dijo—. Nada que ver.
Se produjo una pausa breve y extraña.
¿Quería que le pidiera detalles? Tuve la sensación de que sí, pero ¿y si solo estaba viendo lo que quería ver? ¿No sería insoportable?
—Entonces… —comencé—, ¿estarás en Irlanda para Navidad? — Como estrategia para entablar conversación, era algo pobre, ya que faltaban cinco meses para la Navidad.
—Nos vamos todos a Malta —respondió, lo que me sorprendió—. Es la primera sin mi madre y este año nadie quiere intentar recrear las comidas de Navidad de Marjorie, es demasiado triste. En lugar de eso, nos vamos a ir tomar el sol. Idea de mi padre. Ha puesto a Vanessa al cargo, pobrecita. —Y añadió—: ¿Te gustaría venir?
—Ja, ja, ja.
—En serio. Somos un montón. Devin y Kate vienen. También la novia del hijo de Mattie y el amigo de la hija de Vanessa. Nadie notaría una persona más.
«¿Va a ir Kallie? ¿Siguen juntos?».
—Tanta gente ha confirmado, luego se ha retirado y luego ha vuelto a confirmar que seguro que hay una cama libre.
«Pregúntale —gritó Yara—. ¡Por el amor de Dios!».
—Ja, ja, ja —repetí sin entusiasmo.
—Bueno, piénsatelo…
Esta vez ni siquiera me molesté en fingir que me reía.
—Oye, he visto al orfebre y tendrá las dos pequeñas piezas listas en unas siete semanas. Así que te las enviaré a la misma dirección a la que envié los pétalos.
—Ah. —Pareció sobresaltarse—. No, Rachel. No. Veamos… ¿Podrías enviarlas a la de Justin? Será lo más seguro.
—¿Puedo mandarlos por Fedex si te preocupa que se pierdan en el correo?
—No. Eh… no. Es que…
—¿Qué? —Entonces saqué de algún lado el valor suficiente para preguntar—. ¿Te estás… mudando?
—Sí.
«¿Con Kallie?».
«¡Pregúntale a él!».
«¡Rachel, por el amor de Dios, pregúntaselo!».
—¿Cómo está Helen? —preguntó después de una pausa larga e incómoda.
Siempre preguntaba, y yo lo agradecía. Nadie más parecía preocupado.
Aunque ¿por qué iban a preocuparse? Helen estaba bien.
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