Otra vez, Rachel
Capítulo 91
91
—Hola. —Sonreí a una mujer que me resultaba vagamente familiar.
Me había pasado por una reunión de Narcóticos Anónimos de los jueves por la noche en Blackrock. No era una de mis reuniones habituales, pero era tan buena como cualquier otra.
—La cocina está por allí. —Alguien señaló un lado de la sala.
Después de prepararme una taza de manzanilla, estaba buscando una silla cuando noté algo detrás de mí. Me volví y me topé con un corro de rostros radiantes: para mi asombro, eran Chalkie, Bronte, Giles, Roxy y Lowry.
—¡Rachel! —exclamó Bronte—. ¿De verdad eres tú?
—¿Qué…? —Giles parecía conmocionado—. ¿Por qué estás aquí?
Miré a Chalkie, que de forma discreta simuló que se cerraba la boca con una cremallera imaginaria. Estaba claro que no les había contado a los demás que estaba en rehabilitación.
—Por la misma razón que tú —le respondí a Giles.
—¿Es una novedad? —Roxy estaba absolutamente sorprendida—. ¿O…?
—No es una novedad. —Esbocé una sonrisa. Era divertido. Precioso. Estaba encantada de verlos.
Sin embargo, casi mi primer pensamiento había sido: ¿Chalkie y Bronte están juntos? Costaba saberlo con solo mirarlos.
—¿Se nos permite hablar contigo? —preguntó Lowry.
—Pues claro, cretino —intervino Chalkie—. En Narcóticos Anónimos somos todos iguales.
—Y fuera de Narcóticos Anónimos —añadió Giles.
Chalkie le dio su aprobación a regañadientes.
—Aún te convertiremos en un socialista.
—De eso nada.
Sonreí a los cinco.
—Os veo a todos genial.
—Limpios y serenos —dijo Chalkie—. Así somos nosotros.
—¿Cómo es que estáis todos juntos esta noche?
—¡Lo hacemos siempre! —contestó Roxy.
—Vamos de gira —explicó Lowry—. Para no quedarnos estancados. Probamos un montón de reuniones diferentes.
—Somos amigos —dijo Chalkie—. Buenos amigos. —Luego, mirándome, movió los labios en silencio: «Solo eso».
Vale. Bien. Era lo correcto para ambos.
—¿Estáis en contacto con…? —Entonces deseé no haber preguntado. Al menos uno de los patitos recientes no lo habría conseguido.
—Dennis y yo nos mandamos mensajes —respondió Bronte—. Se sentirá bouleversé cuando se entere de que hemos estado contigo.
—Yo estoy en contacto con Trassa —añadió Giles—. Le está yendo bien. Muy bien. Y Harlie está bien. Sobria. Va a Alcohólicos Anónimos.
Se produjo un silencio incómodo.
—Ella, sin embargo… —dijo Chalkie—. Ella… eh… volvió a tomar las pastillas.
Se me cayó el alma a los pies.
Pero eso pasaba. No todos los que iban a rehabilitación estaban preparados o eran capaces. O estaban dispuestos. Tal vez el momento de Ella llegara al cabo de un año.
Y tal vez no llegara nunca.
Así era la adicción, su desagradable verdad. Algunos adictos jamás se rehabilitarían.
Mientras tanto había cinco personas ahí esta noche que se estaban poniendo bien y yo había tomado parte en ello. Había mucho de lo que alegrarse.
—Siéntate aquí con nosotros. —Chalkie me instó a sentarme en medio de su grupo de sillas.
—Todo el tiempo que estuviste dirigiendo el grupo —reflexionó Bronte —, ¿estabas en recuperación?
—Nos tenías aterrorizados —admitió Giles.
—Y algo obsesionados —añadió Roxy—. Nos preguntábamos qué hacías cuando no nos asustabas.
—¿Si tenías un gato?
—¿Novio?
—¿Novia?
—¿Dónde comprabas las zapatillas…?
—No me extraña que se te diera tan bien. —Bronte seguía dándole vueltas a mi doble identidad—. ¿Todos los consejeros están en recuperación?
—¿En The Cloisters? Creo que de momento soy la única. Pero la mujer que fue mi consejera cuando estuve allí…
Eso les hizo chillar:
—¡También estuviste en The Cloisters!
—Sí. —Qué monos eran—. Ella estaba en recuperación.
La hermana Josephine. La mejor de todos.
Hacía casi diez años que había muerto, después de haber ayudado literalmente a cientos de nosotros a estar limpios y sobrios. Seguía siendo mi inspiración todos los días.
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