Otra vez, Rachel

Marian Keyes · Capítulo 81 de 96

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Otra vez, Rachel

Capítulo 81

81

 

A pesar de las aciagas predicciones de mis hermanas, pasé esa primera noche sin descarriar y, cuando me desperté a la mañana siguiente, aún me sentía… bien.

Vale, fue todo un reto encender el portátil y empezar a escribir mi primer paso, otra vez. Detallar cada una de las formas en que las drogas habían sido «más fuertes que yo» hace seis años no era precisamente el modo en que quería empezar la semana, pero lo intenté.

Cuando llegó la hora (por fin), no me costó ducharme y prepararme para ir a trabajar. Pero la dopamina me salía por las orejas, así que era vital no perder de vista eso.

Mientras me secaba el pelo, me llegó un mensaje al móvil. Cuando vi que era de Luke, la adrenalina hizo que me vibraran las puntas de los dedos.

Hola. Espero que estés bien. Solo quería que supieras que he vuelto de una

pieza. L :-x

Agarré el teléfono con fuerza mientras contemplaba las palabras —en particular el «:-x»— y se apoderó de mí un deseo casi irrefrenable de llamarlo, solo para escuchar su voz. Pero habría sido un error pensar que nuestra noche juntos había sido el comienzo de algo. Había sido el final. Un final apropiado esta vez.

Dejé el secador de pelo y empecé a redactar un mensaje desenfadado y como de pasada. Tardé una eternidad en dar con el tono adecuado: afectuoso pero sin coquetear, íntimo pero sin insinuaciones. Al final escribí:

Todo bien por aquí. Espero que tú también. Debe de ser extraño estar de vuelta

en Denver por primera vez desde la muerte de tu madre. Trata de ser amable contigo mismo :-x

Luke respondió al cabo de unos segundos.

Y recuerda que no hay sentimientos equivocados :-x

¿Qué…? ¡Ah! Nos lo habían dicho a Luke y a mí una y otra vez, en los días posteriores a la muerte de Yara.

Por supuesto —respondí—. Y todo pasa por una razón. Ja, ja, ja. En fin, más

vale que me vaya a trabajar :-x

Bueno… No te olvides de enviarme fotos del árbol de Yara cuando tenga todas

las flores :-x

¡Claro! Dentro de unas 6 o 7 semanas estará en su mejor momento :-x

Estoy deseando que llegue. ¿Y hablamos el 3 de julio? :-x

El 3 de julio era el aniversario de Yara.

Gracias, me encantaría :-x

Por supuesto. No es molestia. Hablamos entonces. Espero que tengas un buen

día hoy. L :-x

Tú también :-x

Parecía que el «:-x» había arraigado. Y resultaba… ¿agradable? ¿Cordial? Sí,

cordial.

Porque íbamos a ser amigos.

 

Ese lunes pasó sin que me derrumbara. Lo mismo que el martes. Luego el miércoles. Y así sucesivamente, hasta que llegó el sábado por la mañana, una semana después de la fiesta de mamá, y —como parte de la Operación Apoyo— Claire marchaba de un lado para otro fuera de mi casa. Teníamos planeada una excursión, pero me distrajo su ropa deportiva, que daba la impresión de ser muy cara.

—¿Cómo es posible que una simple licra negra parezca tan cara? —Me fijé en ella.

—No lo sé. —No estaba interesada—. ¿Sabes algo de Quin?

—No.

—¿De Luke?

—Nada desde los mensajes del lunes. Y no habrá más, hasta que le envíe esas fotos.

—Venga, vamos a ponernos en marcha. Necesito mantener mi ritmo cardiaco alto. Mi Fitbit me da una descarga eléctrica cada vez que baja de cien pulsaciones por minuto.

—¿Qué? ¿En serio?

—No. Pero es una buena idea, en realidad. Una descarga eléctrica sería un gran motivador.

—Claire…

Crunchie ladró y trató de escapar por la puerta principal.

—¡No! —espetó Claire—. La perra no viene. Tengo que caminar a zancadas. Esa paticorta no hace otra cosa que arrastrar la barriga.

Convencí a mi perrita de que volviera a entrar, y Claire y yo nos pusimos en marcha.

—¿Cómo va tu desmoronamiento? —dijo.

—Aún ni rastro…

—Pero llegará. Sigues con la fiebre Costello.

—Aunque estoy muy triste por Quin. Es duro para él; no está acostumbrado al rechazo. Es más vulnerable de lo que imaginas.

—¿Estás enfadada por lo de Golden y él?

—Más bien… dolida. Aunque tampoco me sorprende. Quin es así; es su forma de actuar.

—Pensaba que contactaría contigo.

Negué con la cabeza.

—Es todo bravuconería. No va a pasar.

—Pero… —dijo Claire con aire pensativo—, por esa misma bravuconería, podría verlo pavoneándose y declarando: «Espabila, nena, tu suerte acaba de cambiar, te acepto de nuevo». ¿Verdad?

—Tal vez. —Sin embargo, yo creía que seguiría desaparecido.

—¿Volverías con él? ¿Si hiciera eso?

—No… lo sé. No en este momento. No estoy segura de nada. Todo tiene que asentarse.

—¿Porque todavía quieres a Luke?

—No. No lo quiero. No.

—No pareces muy segura.

—Esa noche con Luke fue… increíble, Claire. —Por decirlo de forma suave—. Pero no tengo ni idea de cómo es ahora, no de verdad. Podría ser partidario de Trump…

—¡Rachel! —siseó.

—¿Quién sabe? Seis años es mucho tiempo. Ahora monta a caballo. Es más santurrón de lo que era. Y eso es solo lo que se ve. La persona que una vez fue, las cosas que yo amaba… su carácter alegre, su amplitud de miras ante la vida… podrían haber desaparecido. —Claire comenzaba a entenderlo; podía verlo. Eso me molestó, aunque no tenía ninguna lógica—. Me lo dijo varias veces. —Las palabras salieron de mi boca—. Me dijo cosas como que ya no era el hombre de antes y que hoy en día sus relaciones son diferentes. Como si me advirtiera, Claire. —Había empezado a temblarme la voz.

—Pero parecía el mismo —dijo ella—. Bailó con las tías. Fue amable con todo el mundo.

—Claire, ¿por qué no estamos hablando de Kallie? —pregunté, exasperada de golpe—. ¡Luke tiene pareja! ¡La engañó! ¿Eso te parece amable?

Eso la hizo callar. No había manera de que pudiera convertir tal cosa en algo aceptable.

—¿Crees que se lo ha contado? —preguntó—. ¿Que se acostó contigo?

Asentí con la cabeza.

—Esa es la sensación que estoy recibiendo —dijo—. Cada pocos días, Kallie publica algo sobre su música en las redes sociales… Sí, la espío, yo te cubro, cariño… Pero hace casi una semana que Luke volvió y ella no ha publicado ni una sola foto de «Yo con mi Hombretón».

Sí, yo también había estado espiando a Kallie. Más que nada porque era imposible espiar a Luke; aún no había rastro de él en ninguna plataforma.

Sin embargo, no había estado espiando a Quin. De forma discreta, había dejado de seguirle en Instagram. Y a Golden. Incluso a Shiv. Si Quin estaba con Golden, me sentiría mal, pero también me sentiría mal si estaba solo.

La diferencia entre mi interés por Luke y mi interés por Quin era la fantasía frente a la realidad. Luke estaba a miles de kilómetros, en otro continente. No había casi nada que yo pudiera hacer para influir en los acontecimientos. Pero con Quin, si me agobiaba echarle de menos o me invadía una furia repentina por Golden, podía presentarme en su casa, al menos en teoría.

Y sabía lo suficiente para saber que no sabía nada. No en ese momento. Tenía que esperar.

—Por lo que me has contado, Kallie está loca por Luke —dijo Claire—. Lo arreglarán. Volverá a publicar fotos en cuanto se recupere. —Claire se giró de pronto—. O tal vez no le perdone. Vale, te digo una cosa: es posible que Luke no quiera que le perdone. Quizá tengáis un futuro.

—¿De verdad crees que Luke rompería con Kallie, vendería su asesoría, su casa, cambiaría de vida y se trasladaría a Irlanda después de pasar una sola noche conmigo? —repliqué de forma acalorada.

Claire enarcó las cejas con frialdad. Los segundos pasaron mientras su silenciosa evaluación empezaba a resultar incómoda.

—¿Y tú? —preguntó. Y añadió en un tono más apremiante—: ¿Y tú, Rachel?

—No creo que pueda llegar a… nada. Fue algo puntual. Me avergüenza saber que es probable que le haya causado un sufrimiento enorme a Kallie. Pero aun así no cambiaría esa noche con él.

—¿Por qué? ¿Aparte de lo obvio?

—Ha arreglado algo. Mi amargura ha desaparecido. Ha cambiado lo que siento por Yara. No puedo describirlo con exactitud, porque la sensación de pérdida sigue ahí, pero no es tan… ¿horrible?

—¿A eso te referías con «el clic»?

—Justo a eso. El precio es alto, significa prescindir de Quin. Y vivir llena de vergüenza y remordimientos por él y por Kallie. Pero… —bajé las manos—, no está todo perdido. Luke intenta ser mi amigo y yo intento ser su amiga. Me gustaría darle una oportunidad. Dime, ¿cómo van las cosas con Adam?

—Le odio. Él me odia. Me gusta más de lo que me ha gustado en décadas. Seguimos practicando el sexo. Un sexo furioso. Es horrible. Pero sexy. Siempre he querido sexo furioso y ahora lo tengo. —Y añadió con vacilación—: Lo cual es bueno… supongo.

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