Otra vez, Rachel
Capítulo 87
87
Seguí decaída. Casi nada más volver de casa de Brigit, en el Insta de Kallie apareció otra foto de Luke. Con los codos apoyados detrás de él, en la barra superior de un portón alto, vestido con vaqueros, camisa de cuadros y gafas de sol. A su lado había dos caballos enormes y el pie de foto decía: «Siempre soy más feliz, pasando el rato con estos animales tan sexis».
No era un posado, Luke miraba hacia otro lado. Pero aun así…
—Es ambigua —dijo Claire—. Puede que le haya hecho una foto a escondidas, como la acosadora chiflada que es…
—Claire, de verdad que no es…
—Mira. ¿Por qué no maduras y le preguntas si siguen juntos?
Porque si lo estaban, no creí que pudiera soportarlo.
—Al menos no ha puesto más mierda de esa de «buenas noticias pronto, enviadme vuestros pensamientos y vuestras oraciones» —dijo Claire.
Sin embargo, justo al día siguiente, Kallie aparece en sus historias, toda alegre y resplandeciente. «¡Hola, chicos! ¡Oh, vaya! Necesito toda vuestra energía positiva. ¡Siento mucho no poder contároslo todavía! Pero creedme que al final pueden pasar muchas cosas buenas. Muchas, muchísimas. Es superdifícil no contarlo, pero tengo que hacer bien las cosas».
Después de verlo otras nueve o diez veces, no estaba mejor informada. ¿Pondría eso en sus historias si estuviera hablando de mudarse con Luke, sabiendo que Luke podría verlo?
Aunque puede que Luke no lo viese. No estaba en Instagram.
Madre mía, qué harta estaba de tanta incertidumbre. Tal vez Claire tuviera razón y debería hablar con él.
Pero no hice nada al respecto. Era mucho más agradable existir en un lugar imaginario donde todo era aún posible.
Una semana después, en una cálida noche de junio, Luke me envió un mensaje de texto:
Perdona si es un mal momento. ¿Te puedo hacer una llamada rápida? ¿Por
FaceTime? :-x
Le contesté, apenas capaz de pulsar las teclas:
Llámame por Fa ceTime, ahora mismo.
Al poco comenzó a sonarme el iPad.
—¿Luke?
—Quería comentarte una cosa. Dentro de unas semanas iré a Dublín. Solo dos días, tengo un par de reuniones. Me encantaría quedarme más tiempo, pero tengo que volver. ¿Tendrás tiempo? ¿Podríamos… vernos?
Tomé aire, atrapada en varios pensamientos contradictorios. A primera vista se trataba de una oportunidad tangible para demostrar nuestra transición a amigos, para descubrir que la noche que pasamos juntos había sido realmente curativa.
Sin embargo, mientras seguíamos separados por siete mil kilómetros, Luke y yo flotábamos en una burbuja aislada en la que yo podía fantasear con que estábamos juntos de nuevo y nada podía contradecirme.
Cuando nos viéramos en persona, la disyuntiva tendría que terminar.
—¿Qué fechas? —pregunté.
—El lunes nueve de julio, tengo que volver el once.
—Oh. —Me sobrevino una repentina desazón, que también supuso un alivio—. Estaré en Transilvania.
—¿Transil… qué? —replicó—. ¿La tierra de Drácula?
Oí la voz de Quin en mi cabeza. «Rachel, ¡este puto palurdo! ¿Este es el tipo al que crees que quieres?».
—No hay vampiros de verdad, Luke. Suena más emocionante de lo que es, pero no puedo escaquearme. Es una larga historia. Quin y yo reservamos hace meses, con nuestros amigos Taryn…
—Oye, no pasa nada. Tranquila. Te veré la próxima vez que esté en la ciudad. —Luego añadió—: Conque vampiros, ¿eh? Lo mejor que yo pude darte fueron los paletos de la Riviera de los paletos.
—Pero era precios…
—Para —dijo de forma afable—. Estaba bromeando. Hablaremos en su aniversario.
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