El mentiroso

Pepe Mel · Capítulo 21 de 130

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El mentiroso

Capítulo III

El día, como casi siempre en El Cairo, era caluroso, pero para un nativo de aquella ciudad, nada de aquello era excepcional. Con una pequeña regadera en sus manos vertía agua sobre los numerosos tiestos que colgaban alegres en las paredes. El césped siempre había sido su perdición, cuando viajaba por los países europeos, y veía esas largas extensiones llenas de colorido y frescura se regocijaba en ello. El patio de su modesta casa no era muy grande, pero no dudo en plantar aquella semilla llena de vida. Disfrutar de aquel espacio verdoso en mitad del Cairo, era un lujo que él sabía apreciar en su justa medida.

Miró el reloj y sonrió, disfrutaba con aquel juego. Todo estaba siendo mucho más lento, pero también más divertido. El suicidio del profesor Tiblerman no había sido muy sorprendente para él, pero sí el hecho de que no iniciara ningún tipo de transacción comercial a favor de la Iglesia. Ahora el juego estaba dividido, y la ventaja no partía a favor de la casa de Cristo.

Las once y cinco minutos de la mañana, hacía ya cinco minutos que debería de haberles llamado, ese retraso sería suficiente, pensó divertido.

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