El mentiroso

Pepe Mel · Capítulo 29 de 130

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El mentiroso

Capítulo II

El padre Rossi se reclinó en su modesta silla. Miró a su alrededor, y se sintió satisfecho. La disciplina espartana con la que había llevado su vida empezaba a dar sus frutos. Había llegado el momento de poner sus cartas boca arriba. ¿Qué mejor momento que este que ahora se le presentaba para mover sus fichas en la estrategia final? Ya no había vuelta atrás, la mentira estaba dicha. Todo lo había tenido que madurar con la rapidez de una serpiente, pues la decisión que había tomado el Santo Padre rompía por la mitad todos sus años de sacrificio.

—Dejemos que esos manuscritos salgan a la luz —había dicho.

De nada habían valido los vanos intentos por convencerle.

—Dígale al padre Signori que prepare a todos los cuerpos de la Iglesia para un arduo y duro combate.

El Papa debía de haber leído en los ojos de Rossi el horror de aquellas palabras, pues dándole un débil abrazo finalizó:

—Al final prevalecerá la voluntad de Dios.

Rossi, antes de dejar aquella habitación, se volvió y miro al Santo Padre debilitado en la cama. En ese preciso momento tomó su decisión. Él se había ganado durante mucho tiempo ser el próximo obispo de Roma, la salud del Papa empeoraba día a día, y no iba a dejar ahora que nada, ni nadie, se interpusiera en su camino.

¿Acaso no había velado él, sin desmayo, por la salud de la Iglesia?, ahora que estaba a un solo paso de subir el último escalafón, no permitiría que esta se derrumbara por el capricho de un moribundo. Solo un impedimento se ponía entre él y su dorado sueño, pero era algo que no tardaría en remediar, y en voz alta en la soledad de su sobrio despacho susurró:

—Cail Lograft.

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