Deja que suene nuestra cancion
Capítulo 18
Joel
—Sacad los móviles —anuncié el lunes, entrando en la clase de bachillerato artístico.
Los alumnos me observaron con el ceño fruncido, temerosos de que aquella petición formase parte de un castigo.
—¿Qué hemos hecho? —preguntó Xavier con hastío. A su izquierda, Minerva le quitaba la carcasa de Extremoduro a su iPhone, creyendo que lo iba a requisar.
—Nada, de eso se trata. No hemos hecho absolutamente nada en estas semanas —dictaminé—. Memorizar sin comprender y sin interés no da buenos resultados. Podéis aprobar un parcial de quince obras, pero en selectividad habrá presión. Os la jugáis en unas horas y la cabeza falla.
Quiero proponeros un método diferente para retener información.
—¿Chuletas en el móvil? —opinó Ruth.
Felisa puso los ojos en blanco ante la ocurrencia de su amiga y a Dídac le salió por las fosas nasales el batido de fresa que bebía a escondidas.
—Redes sociales. Después de haber visto vuestro apego por la tecnología, asumo que pasáis más tiempo delante de una pantalla que de los apuntes. —Saqué mi teléfono del bolsillo del pantalón y entré en Instagram
—. He creado una cuenta para cada uno, al final de la clase os repartiré nombres y contraseñas. Iréis documentando con fotografías y textos las obras que veamos en clase. Y fuera de ella.
—¿Fuera de clase? —inquirió Diana.
—Haremos salidas. He organizado un calendario con proyecciones sobre el Romanticismo, además de obras emblemáticas de Barcelona y alguna visita guiada. Vivirlo hará que os resulte más fácil recordarlo.
—¿El director está al corriente del cambio en la planificación? —
espetó Minerva, que había abierto la agenda y echaba cuentas mentales de las clases que perderíamos con excursiones.
—Si damos el temario obligatorio a tiempo, tengo su aprobación.
—¿Serán salidas de una hora? Porque solo en llegar al centro se tardan treinta minutos... —persistió, pero no logró alterarme. Esa vez lo había medido todo.
—Nos prestan la furgoneta del instituto, así ahorraremos en transporte y tiempo. Las salidas están programadas los miércoles, el día en el que tenemos clase a última hora, por lo que, si se alargan, sois libres para volver a casa cuando queráis, aunque antes tendréis que entregar un consentimiento firmado por vuestros padres. ¿Alguna cuestión más? —El aula se sumió en un silencio sosegado—. Bien, vamos a la parte menos divertida. Pese a ser una metodología dinámica y creativa, seré estricto.
Quiero que colguéis un mínimo de cuatro imágenes a la semana. Los pies de foto deberán ceñirse a elementos formales o interpretativos de las obras.
Pueden ser resúmenes del libro, de vuestros apuntes o ampliación con datos de internet, pero siempre contenido educativo.
—¿Con hashtags? —preguntó Olaya.
—No serán precisos. Revisaré las publicaciones semanalmente y os daré las correcciones por escrito. Espero seriedad y compromiso por vuestra parte. Si empleáis esta idea para otros fines y no os ayuda a mejorar en el ámbito académico, se acabaron las excursiones y las redes sociales,
¿entendido?
—Entonces, ¿se anulan los dos trabajos finales? —dudó Samuel, que acababa de levantar la vista de la libreta.
—Veremos cómo funciona este experimento. Por ahora, nada de trabajos finales, solo las entregas al concluir cada clase.
—¿Cuándo empezarán las excursiones? —Minerva no parecía demasiado entusiasmada con la idea.
—Esta semana, iréis vosotros solos. Quiero que seleccionéis una obra, la que más os guste de todas las del temario, y estrenéis vuestra cuenta hablando de ella. Salid por Barcelona, visitad exposiciones, museos, documentaos por internet. Podéis enviarme un e-mail si necesitáis ayuda,
pero me gustaría que vuestro Instagram de Fundamentos del Arte fuera un reflejo de quienes sois, de gustos personales, contenido que hable de cada uno, y no un simple resumen que escribís con una serie de Netflix de fondo o en cinco minutos antes de la clase. Empapaos de lo que os rodea y sed intrépidos; solo investigando y comprendiendo el significado de cada pintura, escultura o construcción podréis llegar a sentir aquello que hemos olvidado en la era tecnológica. Lo que realmente merece la pena no es la notoriedad, el número de seguidores o los comentarios que desconocidos dejan en las fotos que compartís, sino lo que os traspasa el pecho. Una combinación de curvas y colores que evoca angustia, como El grito, de Munch. El amor congelado en El beso, de Canova. La sátira de Manzoni con su revolucionaria Mierda de artista. Puede que algunas obras os resulten abstractas, incomprensibles, que creáis que cualquiera podría hacerlas. ¿Acaso Pollock no salpicaba sus lienzos? Sin embargo, detrás de cada acción, hay un contexto que le da significado y ensalza su valor. A partir de ahora no nos quedaremos en la superficie, reflexionaremos el cómo, el por qué y el cuándo de cada movimiento artístico. Analizaremos los motivos que llevaron a sus autores a realizar esas creaciones y no juzgaremos antes de entender que todo, incluso lo que se nos antoja absurdo, tuvo un detonante en su época. Desde hoy, os invito al debate.
Vamos a buscarnos a través del arte y a ser curiosos, lo que hallemos será mucho más valioso que los análisis de críticos o de los libros de texto.
Porque será íntimo, singular, será nuestro.
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