Deja que suene nuestra cancion

Ester Isel · Capítulo 61 de 100

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Deja que suene nuestra cancion

Capítulo 58

Joel

Me acomodé sobre la alfombra con la espalda recostada en el sofá y dejé que el café se enfriase mientras jugueteaba con la cremallera de la sudadera.

Era el primer sábado de marzo y a mi derecha, entre dos cojines, yacía la agenda de Atena con la última nota manuscrita.

La última.

Después de leerla, la conexión que había sentido, el hilo invisible que nos unía, se disiparía. Y no estaba preparado para decirle adiós. Sus propuestas me habían ayudado, no solo a pensar en qué tipo de relación teníamos, sino a conocerme. A conocerla en parte a ella, a constatar que me superaba en madurez y que podría ser la guía que indica la dirección que debes tomar cuando tú ni siquiera sabes situar el punto en el que te encuentras.

Suspiré y no lo pospuse más. Clavé las pupilas en las líneas que Atena había escrito meses atrás y saboreé cada sílaba:

Ve a cualquier sitio y no te marches de él hasta que hayas creado una experiencia memorable. A partir de ahora, intenta hacerlo siempre. No vivas a medias. Deja huella, decora situaciones con tu risa, confía en que un instante pueda ser tan eterno como las veces que estés dispuesto a rescatarlo con la mente. Si guardas un mal recuerdo de un lugar, regresa para cambiar tu percepción generando nuevas vivencias.

El resto de páginas en blanco te pertenecen. Llénalas de sueños, valiente.

Sin perder ni un segundo, sustituí el pantalón del pijama por unos tejanos desgastados, me anudé las zapatillas y metí la cartera y el móvil dentro del bolsillo de la chaqueta. Salí al exterior sonriendo, no necesitaba más.

La decisión estaba tomada.

Conducir unos kilómetros.

Encontrar el sitio idóneo para cerrar una etapa. O empezar una nueva.

Sin planearlo.

Dejándome llevar.

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