Deja que suene nuestra cancion
Capítulo 42
Joel
La segunda semana de enero no lo resistí. Necesitaba atravesar las barreras e indagar, lanzarme a la piscina sin calibrar su profundidad y bucear hasta agotar el oxígeno de mis pulmones, hacerme con una pieza más del rompecabezas y llegar a Atena. La que había sido antes de su apagón, solo así podría discernir las razones que la achantaban y hallar un sendero directo que la trajera de vuelta.
Sin embargo, no encontré a la chica del violín al abrir el cajón de mi escritorio, sino a mí. O, mejor dicho, la oportunidad de explorarme.
Saqué la agenda escolar forrada con cartulina celeste y me puse las gafas para examinarla. «¿Quién va a ser Joel?», me preguntaron las mayúsculas negras de la portada, tan gruesas como la línea que envolvía los ojos de Atena. Recorrí la caligrafía manuscrita con la yema del pulgar y sonreí cuando su perfume anidó en mis poros. Me preocupaba por ella, aunque me dijera que echarle un cable no implicaba nada significativo. Las justificaciones no impedían que me perdiese durante las clases si la miraba de soslayo, o que un escalofrío me anulase si caminaba demasiado cerca de su pupitre.
Eran las once de la noche. Me llevé la agenda a la cama y me cubrí con el edredón hasta las rodillas. Hacía horas que el viento había firmado una tregua y el sosiego del cielo encendido con puntitos titilantes alumbraba a través de mi cortina. Inspeccioné el cuaderno bajo la luz de la lamparita, sin contener la emoción. Ya no había culpabilidad ni un eco que me recordase mi estatus de profesor, tampoco la reiteración de argumentos retrógrados que nos construían diques. Solo el anhelo de saber más sobre Atena.
Pasé los primeros folios, intrigado, hasta hallar una nota en el apartado del horario, sobre los cuadros en blanco:
Joel:
Estas páginas quieren conocerte, marcarte objetivos y ayudarte a salir de tu zona de confort. He escrito algunas sugerencias. Haz las que te apetezca y sustituye aquellas propuestas que no te gusten por otras más adecuadas. No se trata de tachar y sumar, sino de descubrir cosas sobre ti mismo.
Investiga cuáles son tus metas y qué objetivos vas a perseguir para alcanzarlas. Sé ambicioso, pero no olvides cuidarte, darte caprichos y valorar cada característica que te hace único y especial.
Tu situación actual o tu profesión no importan. Solo lo que deseas y no deja de latir dentro de ti tiene poder para definirte.
No eres el ahora, circunstancias ni obligaciones. Eres y serás aquello que quieras. Lucha contra la corriente, nunca te conformes y apuesta por ti cuando otros se nieguen a hacerlo.
Crea la oportunidad que necesitas para alcanzar ese futuro que solo está en tus manos.
Atena
Hojeé el contenido de la agenda. Tanto en días laborables como en los fines de semana había pegado pósits con sugerencias de actividades. Ir al cine en lugar de poner una película en casa. Ver series sin subtítulos.
Arriesgarme encargando una pizza distinta. Elegir un libro al azar sin leer su sinopsis. Reservar entradas para un concierto. Comprar ropa sin probármela, guiándome por los tonos que más se asemejaban a mi estado de ánimo en ese momento. Hacerme un disfraz para carnaval con prendas viejas. No salir de la ducha hasta haber cantado un mínimo de tres canciones. Saludar a desconocidos por la calle. Comer en restaurantes de distintas nacionalidades. Columpiarme en el parque sin sentirme cohibido.
Bañarme en la playa sin ser verano.
Sonreí grande y me entristeció que la responsable de aquel gesto no pudiera ver mi expresión ni escuchar el «gracias» que le susurré al otro extremo de la almohada. Alargué el brazo y tanteé los centímetros de tela fría imaginando cómo sería danzar con la punta de los dedos por su melena despeinada, o enfrentarme a su mirada esmeralda sin negro, melancolía ni suspicacia. Memorizar su rostro, tropezar en la curva de sus labios y esbozar una mueca similar a la que le suscitaba acariciar el violín.
Desnudarla con palabras y no con las manos, abrigarla en la manta de mi pecho.
Di una vuelta. Dos. Tres. Cuatro. Perdí la cuenta y deshice la cama pensándola.
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