Deja que suene nuestra cancion
Capítulo 76
Joel
Era jueves, el sol se fundía en la línea del horizonte y mi corazón vibraba ilusionado.
Quedaban unas horas para que los últimos días de junio llegasen y, con ellos, el ansiado viaje de fin de curso. Un desenlace con tintes de comienzo.
Cerré el grifo de la ducha y dejé que las gotas del pelo resbalasen por mi rostro antes de buscar una toalla con la que secarme. Los acordes de Everyday Is Like Sunday, de Morrissey, inundaban el baño a través del altavoz del móvil, y me resultó inevitable no pensar en Atena.
La chica que acudía a mi mente con cada canción.
La que añoraba sin haber tenido y me incitaba a tachar recuadros del calendario con una sonrisa ingenua.
La que había transformado el peor año de mi vida en una segunda oportunidad para reinventarme.
Me faltó poco para trazar su inicial en el espejo empañado. A veces —
prácticamente a diario—, entraba en nuestro chat de WhatsApp y me quedaba embobado mirando su imagen de perfil, una fotografía que se había hecho en la salida al Castillo de Montjuïc a principios de curso. Y
contaba los días para abrazarla, perder la razón oliendo el perfume de su pelo, escucharla expresar sentimientos a través del violín y pasar todo el verano hablando con ella, besando sus sonrisas y descubriendo el verde exacto de sus ojos al despertar.
Fantaseaba con prestarle mi ropa, prepararle desayunos, comidas y cenas, ir a conciertos, desgastarnos los labios en las sesiones de cine al aire libre que organizaban en Barcelona con la llegada del buen tiempo, verla pintarse y quitarse la línea negra que enmarcaba sus párpados... Soñar
dormidos y despiertos, hacer de su risa mi felicidad, colgar en el salón un mapa de lugares que has visitado e ir añadiendo chinchetas hasta completar continentes a su lado.
Quería atreverme junto a Atena, darle todo lo que era y prometerle que me convertiría en alguien mejor. Pero aún no. Todavía quedaban algunos días para julio.
OceanofPDF.com