Pqueño, grande
Capítulo 2
Pasan las horas y los días, los meses y los años; el pasado no vuelve nunca más, y no está a nuestro alcance conocer lo por venir; por tanto, entonces, contentos deberíamos aceptar aquello que los días de nuestra vida quieran depararnos.
Cicerón
El alegre, redondo y encarnado señor Sol irguió la cabeza nimbada de nubes por encima de las montañas purpúreas y vertió larguísimos rayos sobre el Prado Verde» —leyó con su vocecita chillona y oronda Robin Pájaro; se sabía este libro casi de memoria—. «No lejos de la Cerca de Piedra que separa el Prado Verde de la Vieja Dehesa, una familia de Ratones de Campo se despertó en su casita minúscula entre las hierbas; Mamá, Papá, y seis pequeñuelos rosaditos y ciegos.»
La lectura de Robin Pájaro
«El jefe de la familia se dio vuelta, abrió los ojos, se atusó los bigotes y salió al umbral para lavarse la cara con el rocío recogido en una hoja caída. Mientras estaba allí, contemplando el Prado Verde y el amanecer, pasó, presurosa, la Abuela Viento-Oeste, cosquilleándole el morro y trayéndole noticias del Bosque Agreste, el Arroyo Cantarín, la Vieja Dehesa y el Ancho Mundo de los alrededores, noticias confusas y clamorosas, mejor que cualquier periódico a la hora del desayuno.
»Las noticias eran las mismas que venía propalando desde hacía ya muchos días: ¡el mundo está cambiando! ¡Pronto las cosas serán muy diferentes de como las hueles hoy! ¡Prepárate, Ratón de Campo!
»El Ratón de Campo, cuando se hubo enterado de todo cuanto les pudo sonsacar a los remilgados Céfiros que viajan en compañía de la Abuela Viento-Oeste, echó a correr por uno de sus senderos secretos a través del alto pastizal hacia la Cerca de Piedra, donde conocía un lugar en el que podría instalarse y ver sin que nadie lo viera. Cuando llegó a su escondrijo, se aposentó, se puso una brizna de hierba entre los dientes, y empezó a mascarla, pensativo.
»¿Cuál sería ese cambio tan tremendo que la Abuela Viento-Oeste y todos sus Céfiros comentaban estos días? ¿En qué consistiría y cómo debía él prepararse?
»Para el Ratón de Campo, no podía haber ningún sitio mejor donde vivir que el que era en ese momento el Prado Verde. Todas las hierbas del Prado estaban esparciendo sus semillas para que él las comiera. Las vainas secas de muchas plantas que él creyera malignas se habían abierto de pronto, repletas de nueces dulcísimas para que las royera con sus dientes vigorosos. El Ratón de Campo se sentía feliz y bien alimentado.