Pqueño, grande
El Fin del Mundo
»Y ahora ¿todo iría a cambiar? Por mucho que pensaba, cavilaba y se devanaba los sesos, no atinaba a entenderlo.
»Porque, ¿sabéis, niños?, el Ratón de Campo había nacido en la Primavera. Había crecido en el Verano, cuando el señor Sol muestra sus sonrisas más anchas y se toma su tiempo para cruzar el cielo azul azul. En el espacio de un solo Verano, él había alcanzado ya su talla máxima (que no era mucha por cierto), y se había casado, y le habían nacido hijuelos, que pronto habrían de crecer, también ellos.
»Y ahora ¿podéis vosotros adivinar qué era ese gran cambio, ese cambio que el Ratón de Campo no podía ni siquiera imaginar?»
Todos los niños más pequeños gritaron y levantaron la mano, porque suponían, contrariamente a los mayores, que en realidad eran ellos los que tenían que adivinar.
—Muy bien —dijo Fumo—. Todos lo saben. Gracias, Robin. Y ahora veamos. ¿Puedes leer un rato tú, Billy? —Billy Mata se puso de pie, menos seguro que Robin, y cogió el manoseado libro.
El Fin del Mundo
«Y bien», leyó, «el Ratón de Campo decidió que lo mejor que podía hacer era preguntárselo a alguien más viejo y más sabio que él. La criatura más sabia que conocía era el Cuervo Negro, que a veces bajaba al Prado Verde en busca de granos o lombrices, y siempre tenía algo que comentar a flor de pico para quien quisiera prestarle oídos. El Ratón de Campo siempre escuchaba lo que el Cuervo Negro quisiera decir, si bien siempre se mantenía a una prudente distancia de los ojillos relucientes del Cuervo Negro y de su pico largo y afilado. No porque la familia Cuervo fuese conocida por su afición a comer ratones, pero sí se sabía en cambio que comían casi cualquier cosa que tuvieran al alcance de la mano, o del pico, más bien.
»No hacía mucho rato que el Ratón de Campo estaba sentado allí, aguardando, cuando desde el azul del cielo llegó un pesado batir de alas y un graznido ronco, y el Cuervo Negro en persona aterrizó en el Prado Verde, no lejos de donde se hallaba el Ratón de Campo.
»—Buenos días, señor Cuervo —saludó el Ratón de Campo.
»—¿Es un buen día éste? —dijo el Cuervo Negro—. No por muchos más podrás decir lo mismo.
»—Bueno, eso era justamente lo que yo le quería preguntar —dijo el Ratón de Campo—. Parece ser que un gran cambio se avecina en el mundo. ¿Lo huele usted? ¿Sabe en qué consiste?