La batalla de Corrin

Brian Herbert · Capítulo 113 de 119

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La batalla de Corrin

Capítulo 112

 

Incluso Norma Cenva tuvo que luchar por la perfección, y nunca la alcanzó.

Orígenes de la Cofradía Espacial

 

Vivir confinada en un depósito… pero sin límites para su mente. ¿Quién podía pedir

una libertad mayor?

Norma ya no salía nunca de su encierro, y era adicta al gas de especia que

remolineaba en una bruma naranja a su alrededor, impregnando cada poro, cada

célula de su cuerpo. Ni siquiera sabía si habría podido salir. Quizá ya no sería capaz

de sobrevivir en el exterior.

Durante su vida extensa y memorable, Norma había sido muchas cosas… una

enanita contrahecha y despreciada, un genio de las matemáticas, una hermosa esposa

y madre. Y ahora, una nueva fase, algo mucho, mucho más importante.

Aunque estaba encerrada en el depósito de especia, eso no le impedía viajar a

donde quisiera. Podía guiar a las naves de VenKee sin riesgo por el laberinto del

espacio plegado. El universo entero se abría ante ella.

Todos los nutrientes que necesitaba estaban en la especia. Sus sentidos físicos

estaban adormecidos; el gusto, el tacto o el olfato ya no significaban nada para ella.

Y, aunque aún necesitaba la vista y el oído, solo era para comunicarse con Adrien y

los ayudantes de VenKee, que se ocupaban de darle todo lo que pedía.

Pero le resultaba tan difícil hablar a su nivel…

La forma alternativa de vista que ahora tenía, mucho más profunda, era

muchísimo más importante que la que había perdido. Después de despertar bajo las

torturas a las que Jerjes la había sometido hacía tantos años, Norma había

evolucionado más allá de las barreras físicas, más allá de lo humano.

Con asombro, veía las membranas que ahora unían los dedos de sus manos y sus

pies. Su rostro, que había sido feo y achatado al principio y luego de una belleza

inmaculada, ahora tenía una boca pequeña y ojos diminutos rodeados de suaves

pliegues. Su cabeza era inmensa, mientras que el resto del cuerpo se había atrofiado y

había quedado reducido a un mero apéndice.

Pero nada de aquello le preocupaba lo más mínimo.

Con su presciencia, Norma podía ver el futuro, como un reflejo dentro de otro

reflejo, extendiéndose hacia el infinito. En su mente, podía ver y abarcar el universo

entero, y sabía que no había límites a lo que podía conseguir. Veía la dirección que

seguiría la humanidad, hacia un imperio interplanetario conectado por las naves que

plegaban el espacio… la línea de salvamento para trillones de personas.

La Yihad de Serena Butler y el fanatismo contra las máquinas pensantes, así

como el horror de las armas biológicas que Omnius había utilizado y las bombas atómicas de la Gran Purga, dejarían en la humanidad una huella que tardaría milenios

en borrarse.

Pero sobrevivirían, y crearían un vasto reinado de política, negocios, religión y

filosofía, todo ligado gracias a la especia melange.

Con aquella presciencia suya, Norma podía guiar las naves de VenKee en viajes

seguros e instantáneos a través de distancias inmensas. Pero no podía hacerlo todo

sola. Tenía que conseguir que otros aprendieran a navegar con su propia presciencia,

estimulada por el uso masivo de gas especia.

 

Norma nunca preguntó a su hijo dónde encontró a sus diez primeros voluntarios. En

su calidad de directeur fabulosamente rico de VenKee Enterprises y su nueva

empresa, Foldspace Shipping Company, Adrien tenía muchos contactos. Los

candidatos ya estaban confinados en cámaras que se llenaban con una concentración

cada vez más elevada de gas melange. Pronto empezarían a cambiar, a mutar, como

Norma. Y algún día aquellos voluntarios guiarían las veloces naves de la empresa por

la Liga y los Planetas No Aliados, aunque Norma sabía que jamás tendrían la

capacidad de ver como ella veía.

Norma estaba impaciente por saber adónde la llevarían sus propias mutaciones en

aquel viaje genético. Y, mientras tanto, veía los diferentes mañanas de la política, el

comercio, la religión, la filosofía y la tecnología desplegarse en una distancia infinita.

Ella dejaría marcado un camino luminoso por el cosmos. Nadie había existido

jamás con el talento y la capacidad única de Norma.

Pero, a pesar de su presciencia sin precedentes, Norma ignoraba adonde la

llevarían sus transformaciones.