La batalla de Corrin
Capítulo 112
Incluso Norma Cenva tuvo que luchar por la perfección, y nunca la alcanzó.
Orígenes de la Cofradía Espacial
Vivir confinada en un depósito… pero sin límites para su mente. ¿Quién podía pedir
una libertad mayor?
Norma ya no salía nunca de su encierro, y era adicta al gas de especia que
remolineaba en una bruma naranja a su alrededor, impregnando cada poro, cada
célula de su cuerpo. Ni siquiera sabía si habría podido salir. Quizá ya no sería capaz
de sobrevivir en el exterior.
Durante su vida extensa y memorable, Norma había sido muchas cosas… una
enanita contrahecha y despreciada, un genio de las matemáticas, una hermosa esposa
y madre. Y ahora, una nueva fase, algo mucho, mucho más importante.
Aunque estaba encerrada en el depósito de especia, eso no le impedía viajar a
donde quisiera. Podía guiar a las naves de VenKee sin riesgo por el laberinto del
espacio plegado. El universo entero se abría ante ella.
Todos los nutrientes que necesitaba estaban en la especia. Sus sentidos físicos
estaban adormecidos; el gusto, el tacto o el olfato ya no significaban nada para ella.
Y, aunque aún necesitaba la vista y el oído, solo era para comunicarse con Adrien y
los ayudantes de VenKee, que se ocupaban de darle todo lo que pedía.
Pero le resultaba tan difícil hablar a su nivel…
La forma alternativa de vista que ahora tenía, mucho más profunda, era
muchísimo más importante que la que había perdido. Después de despertar bajo las
torturas a las que Jerjes la había sometido hacía tantos años, Norma había
evolucionado más allá de las barreras físicas, más allá de lo humano.
Con asombro, veía las membranas que ahora unían los dedos de sus manos y sus
pies. Su rostro, que había sido feo y achatado al principio y luego de una belleza
inmaculada, ahora tenía una boca pequeña y ojos diminutos rodeados de suaves
pliegues. Su cabeza era inmensa, mientras que el resto del cuerpo se había atrofiado y
había quedado reducido a un mero apéndice.
Pero nada de aquello le preocupaba lo más mínimo.
Con su presciencia, Norma podía ver el futuro, como un reflejo dentro de otro
reflejo, extendiéndose hacia el infinito. En su mente, podía ver y abarcar el universo
entero, y sabía que no había límites a lo que podía conseguir. Veía la dirección que
seguiría la humanidad, hacia un imperio interplanetario conectado por las naves que
plegaban el espacio… la línea de salvamento para trillones de personas.
La Yihad de Serena Butler y el fanatismo contra las máquinas pensantes, así
como el horror de las armas biológicas que Omnius había utilizado y las bombas atómicas de la Gran Purga, dejarían en la humanidad una huella que tardaría milenios
en borrarse.
Pero sobrevivirían, y crearían un vasto reinado de política, negocios, religión y
filosofía, todo ligado gracias a la especia melange.
Con aquella presciencia suya, Norma podía guiar las naves de VenKee en viajes
seguros e instantáneos a través de distancias inmensas. Pero no podía hacerlo todo
sola. Tenía que conseguir que otros aprendieran a navegar con su propia presciencia,
estimulada por el uso masivo de gas especia.
Norma nunca preguntó a su hijo dónde encontró a sus diez primeros voluntarios. En
su calidad de directeur fabulosamente rico de VenKee Enterprises y su nueva
empresa, Foldspace Shipping Company, Adrien tenía muchos contactos. Los
candidatos ya estaban confinados en cámaras que se llenaban con una concentración
cada vez más elevada de gas melange. Pronto empezarían a cambiar, a mutar, como
Norma. Y algún día aquellos voluntarios guiarían las veloces naves de la empresa por
la Liga y los Planetas No Aliados, aunque Norma sabía que jamás tendrían la
capacidad de ver como ella veía.
Norma estaba impaciente por saber adónde la llevarían sus propias mutaciones en
aquel viaje genético. Y, mientras tanto, veía los diferentes mañanas de la política, el
comercio, la religión, la filosofía y la tecnología desplegarse en una distancia infinita.
Ella dejaría marcado un camino luminoso por el cosmos. Nadie había existido
jamás con el talento y la capacidad única de Norma.
Pero, a pesar de su presciencia sin precedentes, Norma ignoraba adonde la
llevarían sus transformaciones.