La batalla de Corrin

Brian Herbert · Capítulo 33 de 119

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La batalla de Corrin

Capítulo 32

 

El proceso del pensamiento: ¿dónde empieza y dónde acaba?

Diálogos de Erasmo

 

Cuando Erasmo se presentó en el desfile militar con su cuerpo, sus recuerdos y su

personalidad completamente intactos, Omnius se llevó una sorpresa. Como si nada

hubiera pasado, el robot independiente acudió para contemplar las filas de nuevas

máquinas de combate y la flota de naves de guerra construida recientemente.

En una imitación deliberada de la pompa de los humanos, Omnius ordenó a sus

robots de élite que permanecieran en posición de firmes en un palco, mientras las

fuerzas mecánicas desfilaban, andando, rodando, volando. Se estaba preparando para

la gran conquista de los hrethgir. El desfile transcurrió por las calles y el espacio

aéreo de Corrin City, con sus amplias avenidas y la ciudadela central. El despliegue

de armamento superior parecía una extravagancia, algo imponente… e innecesario.

Erasmo ocupó su sitio en la parte delantera del palco y observó. ¿Se suponía que

los miles de esclavos humanos tenían que lanzar vítores? Si por él fuera, habría

preferido estar con Gilbertus. Incluso la compañía del clon de Serena Butler era más

interesante que aquel… espectáculo.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Omnius—. ¿Cómo es que todavía existes?

—¿Debo deducir que habéis dejado de vigilar de forma permanente mi villa con

vuestros ojos espía? De otro modo, estaríais al corriente de lo sucedido.

Un enjambre de ojos espía revolotearon alrededor del rostro cambiante del robot,

como abejorros furiosos.

—No has contestado a mi pregunta.

—Me pedisteis que estudiara el carácter irracional de las religiones humanas.

Parece que he regresado de la muerte. Quizá soy un mártir.

—¡Un mártir! ¿Y quién lloraría la muerte de un robot independiente?

—Os sorprenderíais.

 

Gilbertus se sentía plenamente satisfecho con la solución al dilema. El propio Erasmo

pareció complacido cuando recuperó la conciencia y vio al hombre musculoso ante él

entre las flores y las exuberantes plantas del patio del invernadero.

—¿Qué ha hecho Omnius? —Erasmo se irguió, vio la amplia sonrisa en el rostro

de Gilbertus—. ¿Y qué has hecho tú, Mentat mío?

—Omnius hizo una copia de su memoria y cuando terminó la destruyó.

Exactamente como había previsto.

Por allí cerca, el clon de Serena cogió una luminosa azucena roja y se la acercó al rostro para aspirar su aroma. No les hacía ningún caso.

—Entonces, ¿por qué sigo aquí?

—Padre, está aquí porque demostré iniciativa. —Incapaz de contenerse, Gilbertus

corrió a abrazar al robot—. Entregué su memoria a Omnius, como se me ordenó. Sin

embargo, las instrucciones no decían explícitamente que yo no pudiera hacer también

una copia.

—Una conclusión excelente, Gilbertus.

 

—Entonces, tu resurrección ha sido un truco, no una experiencia religiosa. Eso no te

convierte en mártir. —Los ojos espía rodeaban la cabeza de Erasmo. Todas las

actividades del desfile militar se habían detenido—. Y ahora tengo tu perturbadora

personalidad y tus recuerdos aislados en mi interior, y al mismo tiempo sigues

existiendo fuera de mí. Creo que no he logrado mi objetivo.

El robot formó una sonrisa, aunque a Omnius la demostración de emociones no le

decía nada. Sin embargo, ahora que tenía su identidad dentro, quizá una parte de la

supermente podría apreciar el gesto.

—Esperemos que vuestra campaña contra los mundos de la Liga tenga mejores

resultados.

—Después de analizar internamente tu obsesión por la capacidad artística de los

humanos, veo que quizá tu trabajo tenga cierto mérito. Por tanto, de momento seguiré

tolerando tu existencia.

—Me complace… seguir con vida, Omnius.

Desde los simuladores de voz de los ojos espía, Erasmo escuchó un sonido que

Omnius nunca antes había proferido, algo muy parecido a un bufido de desprecio.

—¡Mártir!

Para fascinación del robot independiente, la supermente parecía entusiasmada con

aquel magnífico ejército exterminador llegado de todos los confines de los Planetas

Sincronizados. ¿De dónde había sacado Omnius aquella idea de espectáculo? ¿Quién

se suponía que era el público? Por lo visto, había copiado el procedimiento del

ejército de la Yihad y lo consideraba una parte necesaria de los preparativos para la

conquista definitiva.

Erasmo se limpió un poco de mugre de su pulido cuerpo de platino. Su rostro de

metal líquido relucía bajo el resplandor rojizo del sol de Corrin. Una vez más, volvió

a preguntarse si habría algún fallo intangible en la programación de la supermente

primaria, alguna cualidad innata que no pudiera detectarse con un examen directo del

núcleo de memoria de la gelesfera. Ocasionalmente, Omnius cometía errores

indiscutibles, y su comportamiento parecía extraño… incluso engañoso. Ahora que

en su programación tenía también un individuo completamente separado, quizá sería

más peligroso que nunca.

La voz de Omnius sonó atronadora desde altavoces invisibles situados a su

alrededor y por toda la ciudad.

—Los humanos están debilitados y derrotados, miles de millones de ellos han

muerto por causa de nuestra epidemia. Los supervivientes están ocupados tratando de

mantener en pie lo que queda de su civilización. De acuerdo con mis naves espía, su

número se ha reducido de manera considerable, su gobierno es inefectivo. El ejército

de la Yihad es un caos. Ahora podré completar la aniquilación.

»Dado que el enemigo ya no está capacitado para lanzar ofensivas contra mí, he

estado reuniendo el grueso de mis naves por todos los Planetas Sincronizados en

preparación para la ofensiva final. Todas las industrias están trabajando para mejorar

el armamento, los robots de combate, las naves de guerra. Esta fuerza está reunida

casi en su totalidad en la órbita de Corrin. Con ella aniquilaré el gobierno humano y

Salusa Secundus quedará reducida a un globo estéril.

«Igual que hizo la Armada de la Liga cuando abandonó la Tierra hace tiempo»,

pensó Erasmo. Como de costumbre, Omnius no tenía ninguna idea original.

—Luego, cuando el resto de la Liga esté desorganizada e indefensa, impondré

fácilmente el orden. Y podré exterminar sistemáticamente a esta raza que ha

perjudicado tanto y tan innecesariamente a un universo ordenado.

El comentario preocupó a Erasmo. Omnius lo único que sabía era que los

humanos eran una amenaza para él y sus dominios; por tanto, la conclusión es que

tenía que aniquilarlos. A todos. Pero genéticamente los humanos eran muy

interesantes, y a pesar de sus vidas relativamente breves, capaces de una amplia

variedad de respuestas emocionales e intelectuales.

Esperaba que no los destruyera a todos.

Mientras miraba al cielo, vehículos aéreos llevaron a un falso escuadrón enemigo

a una serie de maniobras cuidadosamente preparadas. El escuadrón finalizó su ataque

contra los supuestos enemigos. Con un destello concentrado de armas, destruyeron el

falso escuadrón, y fragmentos encendidos de metralla salieron disparados hacia el

suelo.

«Qué despliegue tan absurdo», pensó Erasmo.

Allá arriba, la flota gigante estaba siendo armada y aprovisionada, y casi estaba

lista para su viaje de un mes a Salusa Secundus.