La batalla de Corrin

Brian Herbert · Capítulo 85 de 119

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La batalla de Corrin

Capítulo 84

 

Cuando los demás esperan lo imposible de un hombre, este debe redefinir sus objetivos y labrarse su propio camino. De este modo, al menos habrá alguien satisfecho.

MAESTRO DE ARMAS ISTIAN GOSS

 

Habían pasado veinte años desde que el grueso de las fuerzas robóticas había sido

destruido, y la demanda de mercenarios de Ginaz había caído en picado. Durante

siglos, los centros de entrenamiento del archipiélago habían formado a los mejores

guerreros, con especial hincapié en la lucha contra robots de combate. Y, aunque

ninguno de los mercenarios se quejaba porque la Yihad de Serena Butler se hubiera

acabado, la mayoría no sabían qué uso dar a sus habilidades.

Istian Goss tenía sus cicatrices, como el que más, pero estaba relativamente

intacto. Conservaba su espada de impulsos, pero ya no había enemigos mecánicos

contra los que usarla. Así que, en vez de eso, se había dedicado a ayudar a los

refugiados humanos a recuperarse de la plaga, yendo de un mundo a otro, utilizando

su fuerza física y sus conocimientos para ayudar a reconstruir las colonias.

Los mundos de la Liga apenas tenían un tercio de su población original. Se

animaba a las familias a que tuvieran muchos hijos para que la humanidad pudiera

volver a prosperar, pero, sencillamente, no había una fuerza de trabajo lo bastante

importante para mantener los niveles de agricultura e industria del pasado. Todo el

mundo debía trabajar el doble que antes.

Muchos linajes nobles se habían extinguido, y nuevos centros de poder

empezaron a emerger conforme los ambiciosos supervivientes creaban nuevos

imperios y se proclamaban nuevos nobles. Y como nobles, exigían sus derechos y

privilegios. Dado que el Parlamento de la Liga tenía muy pocos representantes, ni

siquiera las familias más antiguas y rancias podían quejarse legítimamente por los

cambios en la estructura de poder.

Cinco años antes, Istian Goss había vuelto a Ginaz para hacer de instructor.

Aunque llevaba el espíritu de Jool Noret en su interior, sabía que no había logrado

nada digno de hacer para que su nombre destacara en los libros de historia. Él no se

había puesto en evidencia como los detestados tlulaxa, o como Xavier Harkonnen,

pero tampoco se había distinguido de ningún modo. Nadie dijo nunca que esperaba

más de Istian Goss, pero él se sentía decepcionado. Habría preferido empezar con un

disco en blanco, como su amigo, el malogrado Nar Trig. Al menos así no habría

sentido aquel peso sobre sus hombros, y hasta puede que hubiera logrado destacar en

algo.

Cuando la Yihad se dio oficialmente por terminada, en la Liga, la civilización y la sociedad cambiaron de formas insospechadas. El uso de los escudos Holtzman se

había generalizado tanto que, en la actualidad, cualquier personaje mínimamente

importante llevaba su escudo personal para protegerse de criminales, asesinos y

accidentes. Esta práctica convirtió las armas proyectiles y las arrojadizas en algo

prácticamente obsoleto.

Contra un adversario que llevara un escudo personal, el único método efectivo de

combate era la destreza en el manejo de una daga o un espada corta. Estos objetos

podían atravesar el campo protector solo si se movían lo bastante despacio, así que,

para poder aprovechar este pequeño defecto, surgieron nuevos estilos de combate con

cuchillo y espada.

Chirox, el mek de combate, modificó su programación estándar y junto con Istian

Goss creó un programa para formar a maestros de armas que pudieran ser contratados

como asesinos o guardaespaldas por nobles que se sintieran amenazados. Sí, los

mercenarios ya no tenían que enfrentarse a hordas de robots de combate, pero no

permitirían que sus valores o su nivel de exigencia bajara. Los que se graduaban

como maestros de armas seguían siendo los mejores de la Liga.

Istian seguía viendo llegar a nuevos alumnos, aunque eran muchos menos que en

otro tiempo. Ahora que no había una demanda continua de guerreros para luchar

contra Omnius, los jóvenes se inclinaban por otras vocaciones. Desde luego, después

de más de un milenio de tiranía mecánica, la raza humana tenía mucho trabajo por

delante.

Un día, Istian se sorprendió, porque una pequeña nave llegó a Ginaz con un

mensaje y una invitación. Llevaba el sello del virrey Faykan Butler, y solicitaba la

presencia del mek Chirox y, de ser posible, del famoso maestro de armas Istian Goss.

Por lo visto, el virrey había convocado al mek de combate para que pudiera recibir el

reconocimiento que merecía después de sus años de servicio a la Yihad. Sin embargo,

la sorpresa de Istian fue mayúscula cuando vio la firma del hombre que enviaba el

mensaje. Maestro de armas Nar Trig.

Durante todos aquellos años, él había dado por sentado que su compañero de

entrenamientos había muerto junto con los fanáticos que fueron a Corrin a luchar

contra las máquinas. ¡Y resulta que estaba vivo! ¿Qué habría hecho durante las dos

últimas décadas? ¿Por qué no se había puesto en contacto con él antes? Por el

contenido del mensaje, era evidente que Trig sabía que su antiguo compañero seguía

entrenando guerreros en Ginaz.

Impaciente, Istian fue a ver a Chirox y le dio la noticia.

—Debemos ir a Salusa Secundus. Se ha solicitado nuestra presencia allí.

El sensei mek no discutió ni pidió explicaciones.

—Como tú digas, maestro Istian Goss.