La batalla de Corrin
Capítulo 37
Durante todos los años de la Yihad, hemos sabido que debíamos estar preparados para cualquier ataque. Sin embargo, los preparativos no son suficiente. Debemos estar dispuestos a actuar.
COMANDANTE SUPREMO VORIAN ATREIDES,
palabras ante el Consejo de la Yihad
Aunque la muerte de Leronica dejó en su interior un vacío más terrible que el del
lugar más recóndito del espacio, Vor no tenía tiempo para llorar. Solo tenía tiempo
para ser el comandante supremo.
Y salvar a la raza humana.
El ejército de la Yihad ya estaba inmerso en una operación de emergencia a gran
escala. Naves que plegaban el espacio, pilotadas en su mayor parte por voluntarios
martiristas, iban y volvían en secreto desde Corrin, trayendo informes regulares del
avance de la gigantesca flota de Omnius. En el momento en que las hordas robóticas
salieran del sistema del gigante rojo, empezaría la cuenta atrás.
Otras naves exploradoras iban de un mundo a otro, llevando noticias, llamando a
los supervivientes a la acción. Docenas de esas naves desaparecieron sin dejar rastro,
pero seguían quedando suficientes mensajeros para mantener las líneas abiertas.
Nunca antes habían estado tan al día los planetas de la Liga de Nobles.
A su regreso de Parmentier, Vor y Abulurd habían traído consigo a la joven
Rayna. Faykan, su tío, la tomó enseguida bajo su protección. Siempre había estado
muy unido a Rikov, y para él la supervivencia de la niña era un milagro. Aunque se
había quedado sin pelo, al menos estaba viva. Cuando se sentía cínico, Vor pensaba
que Faykan solo la quería para utilizarla como arma política, para demostrar que los
humanos podían sobrevivir a cualquier cosa que Omnius mandara.
Quizá ayudaría.
Mientras preparaban la Gran Purga, reunían la flota gigante y trazaban los mapas
tácticos sobre los mapas estelares con las coordenadas de los diferentes Planetas
Sincronizados, el comandante supremo encomendó a Faykan y Abulurd la misión
imposible de evacuar Salusa Secundus. Se aseguró de que sus gemelos y sus familias
estaban entre los primeros en salir de allí. Luego, consciente de que había dejado la
tarea en buenas manos, se concentró en su objetivo principal.
Muy lejos de allí, los astilleros de Kolhar trabajaban noche y día para adaptar las
ballestas y las jabalinas de la Liga a los nuevos motores. Sin perder nunca la fe en sus
motores, Norma Cenva había insistido durante años en que se adaptaran parte de las
naves de la capital para llevarlos, independientemente de si luego se hacía uso de
ellos o no. Ahora Vor aplaudía su previsión.
Todas las reservas de bombas atómicas de impulsos se reunieron y se cargaron en las naves de la Yihad, mientras se creaban nuevas ojivas nucleares a toda prisa en los
diferentes planetas industriales de la Liga.
«Tendríamos que haber planificado esto mejor. Tendríamos que haber previsto
esta contingencia. Tendríamos que haber estado preparados».
La primera docena de naves de guerra equipada con los extraños motores
Holtzman recibió su cargamento de bombas atómicas de impulsos y los voluntarios
necesarios para pilotar los escuadrones de bombarderos kindjal. Eran la vanguardia, y
partieron inmediatamente para iniciar la exterminación sistemática de todas las
encarnaciones de la supermente.
Finalmente, tres semanas y tres días después de que Quentin y Faykan volvieran
de Corrin para dar la alarma, el piloto martirista de una nave de reconocimiento
regresó a Zimia. Estaba tan histérico que casi se estrella cuando intentaba aterrizar.
Dos naves que plegaban el espacio habían salido para dar la noticia, pero solo una
llegó a su destino.
—¡Las máquinas se mueven! La flota de exterminación de Omnius ya se ha
puesto en marcha.
Al oír el informe, Vor acalló los gritos de desaliento de los otros oficiales del
cuartel general. Se limitó a asentir y miró un calendario, señalando el tiempo que
llevaban de camino.