La batalla de Corrin

Brian Herbert · Capítulo 75 de 119

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La batalla de Corrin

Capítulo 74

 

La carne tal vez no pueda ser eximida de las leyes de la materia, pero la mente no está así trabada. Los pensamientos trascienden la física del cerebro.

Orígenes de la Cofradía Espacial

(publicación de la Liga)

 

Aunque había decidido no irrumpir en el recinto donde su madre estaba totalmente

sumergida en especia, Adrien Venport caminaba arriba y abajo. Sus hermanos y

hermanas, diseminados por la Liga en diferentes misiones para la empresa, no podían

ayudarle. Seguramente ni siquiera habrían entendido el dilema en que se encontraba.

Desde el interior de la cámara llena de vaho, Norma intuía la indecisión y la

preocupación de su hijo. Y esa preocupación le distraía de asuntos vitales al frente de

VenKee. Él sabía perfectamente que si la esotérica y extraña de su madre encontraba

una forma segura de guiar las naves que plegaban el espacio, VenKee controlaría todo

el comercio interestelar del futuro. Pero Norma le necesitaba para que la empresa

siguiera siendo fuerte, necesitaba la infraestructura de VenKee para el siguiente gran

paso que había que dar.

Tendría que aplacar los miedos irrazonables de Adrien. Norma ya había

terminado su trabajo, y sabía que había llegado el momento del cambio. Adrien

necesitaría respuestas… suficientes respuestas para sentirse tranquilo, y hasta

regocijado.

Obligando a su mente en expansión a volver al mundo real, Norma se concentró

en su cuerpo y su entorno inmediato y llamó a Adrien. Con un esfuerzo lento y

doloroso, dando voz a sus palabras con unos labios que no cooperaban, arañando las

letras en el vaho de las paredes de plaz, convenció a Adrien para que entrara con ella

en la cámara… provisto de un respirador y protección ocular, desde luego.

Su hijo no cuestionó sus palabras. Salió corriendo del laboratorio, dando órdenes

a diestro y siniestro. En menos de media hora ya estaba de vuelta, vestido de arriba

abajo con un traje especial. Por lo visto, ni siquiera quería arriesgarse a exponer su

piel a una concentración tan alta de gas especia. Norma se dio cuenta de que

seguramente era lo más prudente.

Con una orden mental, utilizando poderes de hechicera a los que rara vez recurría,

Norma logró que parte de la cámara se abriera, creando un torbellino que hizo que el

gas remolineara y permaneciera en su mayor parte en el interior. Aunque se sentía

visiblemente intimidado, Adrien entró con la cabeza bien alta. La puerta se cerró

rápidamente a su espalda. Norma daba grandes bocanadas de especia mientras veía a

su hijo avanzar por las tinieblas.

—¡Oh, Adrien, he visto el universo! —exclamó Norma—. ¡Y aún queda tanto por explorar…!

El solo hecho de estar cerca de ella ya hacía que Adrien se sintiera feliz.

—Tendríamos que instalar un sistema de megafonía, madre. Ha sido una locura.

Había tantas preguntas, y no podíamos llegar a ti. —Se arrodilló junto a su cojín

medio disuelto en el suelo del depósito.

—Un sistema de megafonía es aceptable —dijo ella—. Pero, mientras tú y yo

estemos de acuerdo, Adrien, mientras confiemos el uno en el otro, podrás entrar en

esta cámara siempre que yo diga que es seguro.

—¿Y cuándo no será seguro? —preguntó él con expresión perpleja.

—Cuando esté utilizando mi mente, mi presciencia para calcular un camino

seguro a través del espacio plegado. ¿Has olvidado el propósito de este proyecto?

Con una voz que a sus propios oídos le sonó extraña, Norma le explicó

extensamente cómo la saturación de melange había potenciado su capacidad de ver

acontecimientos futuros y evitar rutas desastrosas.

—He resuelto todos los detalles en mi mente.

A través de la máscara de plaz, Norma veía que los rasgos patricios de su hijo

seguían tensos y preocupados.

—Lo entiendo, madre, pero tengo que asegurarme de que estás a salvo. Deja que

los médicos te examinen para ver si estás bien. Pareces demacrada.

—Estoy mejor que nunca —dijo ella con una sonrisa distante en su rostro ancho y

chupado—. Muy sana. —A juzgar por lo que veía, su cuerpo se había transformado, y

aquella nueva forma a duras penas parecía capaz de sujetar la cabeza

esperpénticamente grande. Su piel se arrugaba y sus extremidades habían perdido

definición y eran como cuerdas—. He estado transformándome en algo… avanzo

hacia algo.

Cogió las manos de su hijo, más grandes, y las sujetó con fuerza, con cariño. Con

una mirada penetrante en sus ojos azul especia, dijo:

—Instala mi cámara en una de las naves que pliegan el espacio para que pueda

demostrar mis nuevas dotes de navegación. Verás cómo puedo pilotarla.

—¿Estás segura de que es prudente?

—Adrien, la vida es de por sí peligrosa, es tan frágil como el capullo de una flor

en la tormenta. Pero, al igual que ese capullo, contiene una increíble belleza en su

interior, un reflejo del propósito de Dios para el universo. Me preguntas si plegar el

espacio es seguro en comparación con qué. Estadísticamente, sin duda es más seguro

que un parto para una mujer, pero… sí, es más peligroso que esconderse y no

aventurarse a salir nunca de casa.

—Realmente necesitamos ese avance —concedió él, pensando una vez más como

hombre de negocios. Y entonces cruzó los brazos con obstinación mientras la especia

remolineaba a su alrededor—. Pero, si es tan seguro como dices, insisto en ir contigo para demostrarte mi fe en tus capacidades.

Ella asintió lentamente, moviendo su gran cabeza arriba y abajo sobre el endeble

tallo del cuello.

—Eres tan buen negociador como tu padre. Muy bien. Te enseñaré el universo.

 

Bajo la supervisión estricta aunque distante de Norma, y el control riguroso de cada

detalle por parte de Adrien, se llevaron a cabo los preparativos para el primer viaje de

su madre por el espacio plegado. Para Norma aquel sería un viaje distinto, algo

emocionante y concreto, no una simple teoría. Una prueba, una liberación.

Cientos de trabajadores de Kolhar se aseguraron de que el carguero de tamaño

medio y las modificaciones de la cámara de gas de especia se amoldaban

estrictamente a las especificaciones. Una vez se hubo instalado un sistema de

megafonía en la cámara, Adrien pudo comunicarse directamente con su madre,

aunque con frecuencia le costaba llamar su atención o conseguir que le diera alguna

información útil.

Cuando todo estuvo preparado para el viaje de presciencia, solo dos personas

subieron a bordo: Norma, sellada en el interior de la cámara, y Adrien, seguro en una

cápsula salvavidas en la misma cubierta que ella. Adrien sabía que estaba arriesgando

el futuro de VenKee Enterprises con aquel viaje, puesto que ninguno de sus hermanos

estaba capacitado para encargarse ni siquiera de una parte del negocio.

Pero confiaba en su madre. A través del plaz de sus respectivas cámaras podían

verse el uno al otro, y hablaban a través de la línea de comunicación directa. Los

motores Holtzman plegarían el espacio y los llevarían a un lugar totalmente distinto.

Norma elegiría el camino más apropiado.

Antes de embarcar Norma incrementó la concentración de gas en su cámara y

entró en un estado de trance que le abrió las puertas del universo como los pétalos de

una espléndida rosa. Cada vez que se asomaba al espacio, le parecía más hermoso. Y

ahora, por fin podría dar el salto y guiar la nave por un camino que su mente había

anticipado.

Norma se concentró en el futuro, vio el remolino de colores del cosmos y su nave

infinitésimamente pequeña. Un enigma cósmico. Pero ella entendía ese enigma. El

espacio se plegaría en torno a la nave como en un abrazo, como una madre que acuna

con mimo a su bebé. En su interior, Norma sentía un poderoso zumbido y, sin

necesidad de volverse a mirar, vio a Adrien vibrando de vida en el interior de su

cápsula salvavidas.

Cuando los motores Holtzman plegaron el espacio, doblando unas coordenadas

sobre las siguientes, el viaje empezó y la nave se deslizó por las diferentes capas de

distancia y espacio. Adrien se sacudía como si su mente y su cuerpo se fueran a

separar por las vibraciones de la nave, pero también por el miedo. Pero no se arrepentía de estar allí.

Y entonces ya estaban al otro lado. Norma vio que Adrien salía de unas

coordenadas y reaparecía en otras. En tan solo un instante, el universo se convirtió en

algo muy pequeño.

—¡Lo hemos logrado, madre! ¡Mira abajo! —Lleno de asombro, Adrien miró por

una ventana de la nave y reconoció el planeta seco y agrietado que estaba viendo.

Desde la órbita, parecía una cuenca de oro—. ¿Arrakis? He estado aquí muchas

veces.

—Para mi primera travesía presciente pensé que lo más apropiado era viajar al

lugar donde se origina la melange —dijo Norma.

Arrakis le parecía el lugar ideal para anclar todas las experiencias prescientes, un

lugar donde podría trabajar por todo aquello que aún estaba por llegar: por ella, por

Adrien, por toda la humanidad.

—Es asombroso en diferentes sentidos —dijo él—. Si VenKee puede desplazarse

de forma instantánea y segura al planeta de la especia, conseguiremos muchos más

beneficios.

—No todos los beneficios son monetarios. Arrakis es como la especia que

contiene: su complejidad escapa a la comprensión, su valor no se puede cuantificar.

Norma sabía que la especia y la navegación estaban inextricablemente ligadas.

Habría que garantizar los suministros de melange. Y es posible que VenKee tuviera

que estacionar una fuerza militar propia en el planeta para proteger las arenas de

especia. Arrakis no era la clase de lugar que se puede domeñar con leyes. Era un

mundo descarnado e indómito donde solo sobrevivía el más fuerte.

Desde su cámara sellada, Norma guió mentalmente la nave hacia el planeta con

los motores convencionales. En comparación con aquel mar de dunas, su nave

parecía poca cosa. Con su poderosa mente, Norma vio grandes gusanos de arena,

nubes de arena, feroces tormentas de Coriolis. Su mente se abrió en dos direcciones a

la vez, hacia el pasado y hacia el futuro. Y vio bandas de personas desplazándose por

el paisaje, algunos a pie y otros a lomos de los gusanos.

—Si pudiéramos encontrar otra fuente de especia no dependeríamos tanto de este

planeta. Los buscadores lo han invadido —dijo Adrien, y su voz flotó hasta el interior

de la cámara de gas—. Desde la plaga, todo el mundo sabe la riqueza que hay aquí, y

Arrakis se ha llenado de buscadores e incluso esclavistas.

—La melange es el corazón del universo —dijo su madre—. Sólo hay un

corazón.

Sobrevolando con la nave los vastos desiertos, Norma vio el futuro del comercio.

Ciertamente, Adrien no podía ni imaginar la poderosa organización que iba a ayudar

a crear.

—La Historia dirá que tu padre ayudó a desarrollar estas maravillosas naves. Aurelius Venport será recordado como un inventor visionario, como un gran patriota

de la causa de la humanidad. Cuando el tiempo pase y los protagonistas reales de la

historia desaparezcan, nadie será capaz de separar los hechos de la leyenda. Este

pensamiento me hace muy feliz. Es mi último regalo al hombre al que amo. Y quiero

que tú comprendas esto, como responsable de VenKee Enterprises, una empresa que

se convertirá en algo mucho mayor.

Él asintió.

—Haces esto por amor, y por aprecio, porque mi padre fue el único que creyó en

ti. Lo entiendo, madre.

Después de lo que pareció una eternidad sobrevolando el rudo planeta de Arrakis,

Norma Cenva llevó su nave de vuelta al vacío y regresó a Kolhar.