La batalla de Corrin

Brian Herbert · Capítulo 39 de 119

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La batalla de Corrin

Capítulo 38

 

¿Son los pensadores tan neutrales como pretenden? ¿No será la palabra «neutral» un simple eufemismo para describir uno de los actos de cobardía más grandes en la historia de la humanidad?

NAAM EL VIEJO, primer historiador

oficial de la Yihad

 

Tras la partida de la flota de exterminación, Erasmo y la supermente no tenían gran

cosa que hacer en Corrin. La inmensa flota de guerra llevaba seis días de camino,

siguiendo inexorablemente su ruta a Salusa Secundus. Su avance era lento,

implacable, imparable.

Omnius no veía necesidad de ir con prisas. El plan ya se había puesto en marcha y

los resultados eran inevitables.

En el interior de su magnífica villa, Erasmo y Omnius estaban hablando de un

cuadro, un paisaje montañoso de una extravagante imaginación.

—Es una creación original de uno de los cautivos humanos. Creo que tiene

mucho talento.

Erasmo se había sorprendido ante la habilidad del esclavo, la forma en que

mezclaba los pigmentos. Ahora que la supermente tenía una copia de la personalidad

del robot independiente en su interior, quizá empezaría a comprender estos aspectos.

Omnius observaba el cuadro a través de uno de sus ojos espía, y no entendía por

qué el robot lo encontraba tan meritorio.

—La imagen es físicamente inexacta en cuatrocientos treinta y un detalles. El

mismo acto de pintar es inferior a los procesos específicos de la imaginación en casi

todo. ¿Por qué te parece tan valioso este… arte?

—Por la dificultad de su ejecución —dijo Erasmo—. El proceso creativo es

complejo, y los humanos son maestros en él. —Dirigió sus fibras ópticas a la obra de

arte, analizando cada pincelada, asimilando la naturaleza interpretativa del conjunto

—. Contemplo este cuadro a diario, y me maravillo. A fin de comprender mejor el

proceso, incluso he diseccionado el cerebro del artista, pero no he encontrado

ninguna diferencia significativa.

—Es fácil crear arte —dijo Omnius—. Exageras su importancia.

—Antes de hacer semejante afirmación, os animo a que probéis personalmente el

acto de crear. Haced algo agradable y original, que no sea una copia de algo que ya

exista en vuestra base de datos. Veréis como es muy difícil.

Por desgracia, Omnius aceptó el desafío.

Dos días más tarde, Erasmo se encontraba en el interior de una ciudadela central

asombrosamente cambiada, convertida en un ostentoso palacio con una cúpula

dorada. Para demostrar su nueva vena artística, la supermente había llenado la ciudadela de estatuas y otras piezas mecánicas de alta tecnología hechas de metal

reluciente, plaz irisado y tequita. No había figuras humanas. Omnius lo había hecho

todo muy deprisa, como si quisiera reforzar la idea de que la creatividad no era más

que una capacidad que podía procesarse y aprenderse.

Sin embargo, Erasmo no estaba convencido, y enseguida percibió la falta de

innovación y la incapacidad de la supermente de ver la diferencia entre aquello y una

verdadera obra maestra. Gilbertus, que nunca había manifestado talento artístico, lo

habría hecho mejor. Y hasta puede que el clon de Serena Butler…

Fingiendo interés, el robot independiente estudió otra pared interior del palacio.

Contenía una pantalla de vídeo enmarcada en oro donde se mostraba el nuevo arte

mecánico de Omnius, un caleidoscopio de metal líquido con formas modernistas.

Gracias a sus archivos y su experiencia, Erasmo vio que aquello estaba hecho a

imagen de las creativas y disparatadas exposiciones de los humanos en museos y

galerías. «Sin embargo, esto me parece tan poco estimulante… tan poco inspirado,

una simple imitación». Finalmente, el robot meneó la cabeza en señal de

desaprobación, imitando un amaneramiento que había observado en los humanos.

—¿No aprecias mi arte? —Erasmo se sorprendió al ver que Omnius reconocía el

significado del gesto.

—Yo no he dicho eso. Me parece… interesante. —No tendría que haber bajado la

guardia, porque los ojos espía siempre estaban allí, vigilando—. El arte es subjetivo.

Solo estoy esforzándome, a pesar de mis limitaciones, por entender vuestra obra.

—Y seguirás esforzándote. Debo ocultarte algunos secretos. —La supermente

emitió una risita escandalosa que había grabado de uno de los esclavos humanos.

Erasmo rió también.

—Detecto falsedad en tu risa —dijo Omnius.

El robot sabía que podía modular cada sonido, cada gesto para conseguir el efecto

exacto que buscaba. «¿Está tratando Omnius de pillarme, quiere confundirme? Si es

así, no lo está haciendo nada bien».

—Quería que mi risa fuera tan genuina como la vuestra —dijo. Un comentario

decididamente neutro.

Antes de que pudieran seguir con el debate, la atención de Omnius se desvió a

otros asuntos.

—Una nave del exterior se acerca a mi ciudadela central.

La nave no anunciada había entrado en el sistema con una aceleración

exageradamente alta, proclamando su neutralidad a pesar de su configuración de la

Liga.

—El pensador Vidad trae información importante para Omnius. Es de vital

importancia que la escuche.

—Escucharé lo que el pensador quiere decirme antes de extrapolar —dijo la supermente—. Siempre estoy a tiempo de matarlo.

Poco después, las imponentes puertas de la entrada a la ciudadela dorada se

deslizaron para dejar paso a un humano tembloroso con túnica amarilla, flanqueado

por una escolta de robots centinela. El joven estaba muy magullado y demacrado,

porque llevaba más de una semana viajando a la aceleración máxima que su cuerpo

podía tolerar. En aquellos momentos, tenía que hacer un gran esfuerzo para sujetar el

contenedor de electrolíquido con el cerebro del antiguo filósofo, aunque alguno de los

robots podría haberlo llevado por él. El hombre parecía débil y exhausto, casi ni se

tenía en pie.

—Han pasado muchos años desde la última vez que hablaste con nosotros,

pensador Vidad —dijo Erasmo adelantándose como un embajador—. Y el resultado

de aquellas interacciones no nos benefició en absoluto.

—A nosotros tampoco. Los pensadores de la Torre de Marfil cometimos un grave

error de cálculo. —La voz hablaba directamente a través de un simulador de voz

situado en el lado del contenedor.

—¿Por qué voy a escucharte otra vez? —Omnius moduló el volumen de la voz

para que sus palabras atronadoras hicieran vibrar las paredes.

—Porque traigo datos relevantes que desconoces. Recientemente he regresado a

Hessra y he descubierto que el titán Agamenón y sus seguidores cimek han

establecido su base allí. Han matado a mis cinco compañeros pensadores, se han

adueñado de nuestros laboratorios de producción de electrolíquido y han esclavizado

a nuestros subordinados.

—Así que es ahí donde se han ido a esconder los titanes después de huir de

Richese… —le dijo Erasmo a Omnius—. Una información valiosa, desde luego.

—¿Por qué vienes aquí a darme tu información? —quiso saber la supermente—.

No es normal que te impliques en el conflicto.

—Quiero que los cimek sean destruidos —dijo Vidad—. Tú puedes hacerlo.

Erasmo estaba sorprendido.

—¿Y eso lo dice un pensador iluminado?

—En otro tiempo fui humano. Los cinco pensadores han sido mis compañeros

filosóficos durante más de un milenio. Los titanes los han asesinado. ¿Tan

sorprendente es que quiera venganza?

El fatigado subordinado trataba de sostener el pesado contenedor cerebral.

Omnius consideró aquella información.

—En estos momentos, mi flota de guerra está ocupada con otra misión. Cuando

terminemos, mis comandantes robots volverán para recibir su nueva programación. Y

cuando lo hagan ordenaré que vayan a Hessra. Ya tienen orden de destruir a todos los

neocimek y capturar a los titanes rebeldes que quedan. —La supermente parecía

disfrutar de aquella nueva situación—. Muy pronto, cuando hayamos derrotado a los hrethgir y a los cimek, el universo podrá seguir un camino racional y eficiente bajo

mi guía.

Sin modificar el tono de su voz simulada, Vidad siguió hablando.

—La situación es mucho más compleja. La Liga descubrió tu inmensa flota hace

semanas. Cuando partí de Zimia ya estaban haciendo un seguimiento de tus avances.

También saben que vuestros Planetas Sincronizados están desprotegidos. —Con una

rápida cadencia, resumió el plan del Consejo de la Yihad de lanzar una serie de

ataques nucleares relámpago, aprovechando la rapidez excepcional de los motores

que plegaban el espacio—. De hecho, el primer golpe contra los mundos de los

límites del Territorio Sincronizado seguramente se asestó poco después de mi

marcha, y yo llevo más de un mes en tránsito, desde Salusa a Hessra y de Hessra

aquí, a Corrin. Ciertamente, mientras hablamos, la Gran Purga sigue su camino. Por

tanto, debéis estar preparados para recibir un ataque atómico de impulsos en

cualquier momento y cualquier lugar.

Con una creciente sensación de alarma, Erasmo extrapoló lugares y

consecuencias. Hacía ya tiempo que sospechaban que los hrethgir tenían acceso a

alguna clase de tecnología que les permitía hacer viajes instantáneos. Y una flota

humana con armamento atómico podía muy bien haber eliminado muchos Planetas

Sincronizados. Ahora que su flota de exterminación había partido, incluso Corrin era

vulnerable.

—Interesante —dijo la supermente procesando los detalles—. ¿Por qué ponernos

al corriente de semejantes planes? Los pensadores decís ser neutrales, y sin embargo

parece que ahora te pones de nuestro lado… a menos que se trate de una trampa.

—No tengo motivos ocultos —dijo Vidad—. Como espectadores neutrales, los

pensadores nunca hemos deseado la exterminación ni de los humanos ni de las

máquinas pensantes. Mi decisión es totalmente coherente con esta filosofía.

Erasmo contempló las artísticas luces que destellaban a su alrededor en la

ciudadela y supo que Omnius había empezado a transmitir instrucciones a sus

subordinados, haciendo preparativos para la defensa y enviando a las naves más

veloces.

—Soy el Omnius Primero. Debo ordenar el regreso de mi flota de guerra para que

defienda Corrin y asegurar mi supervivencia. De toda la flota. Si los otros Planetas

Sincronizados oponen la suficiente resistencia para frenar el avance de los humanos,

hay una posibilidad de que algunas de mis naves de guerra más veloces estén de

vuelta antes de que sea demasiado tarde. No puedo arriesgarme con esos hrethgir

irracionales. Si todas mis naves están aquí para defenderme, los humanos no se

atreverán a atacar.

Erasmo sabía que se necesitaba tiempo para enviar un mensaje a la enorme flota,

que ya llevaba ocho días de viaje, más el tiempo que tardarían en lograr dar la vuelta a las pesadas naves y hacerlas volver a toda prisa a Corrin, limitados como estaban

por sus motores de propulsión estándar.

«No dará tiempo».