Liberator Germaniae
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saldase con las bajas requeridas. Los hermúnduros eran un pueblo germano que no había conocido a Roma. Casi no se habían enfrentado a Drusus, y sencillamente les había bastado con retirarse ante el avance de Lucio Domitio hacia el Albis. Habitaban en las faldas de los escarpados montes Sudeta, la frontera occidental de Boiohæmum, el territorio de los marcómanos, y sufrieron el avance de Tiberio. Incapaces de organizarse debidamente, apenas lograron presentar resistencia contra las legiones. Tiberio tomó confianza y separó las dos legiones para capturar la mayor cantidad posible de esclavos. Los germanos desconocían a su enemigo. Sentían pánico.
Las muertes civiles se contaron por miles, hasta que al fin, cuando llegó por el sur del río Sala la Legión Primera Germanica un gran número había logrado huir al norte.
Tiberio percibió el peligro de la insistencia y dio por concluido en pleno verano el curso de la campaña. Las cuatro legiones eligieron la ruta del Mœnus para descender hacia el Rhenus.
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Había llegado la hora de la verdad. Tiberio recibió el consentimiento de Augusto y el beneplácito del Senado de manos de sus cónsules Marco Emilio Lépido y Lucio Arruntio: después de la victoriosa campaña, era el momento de asestar el golpe definitivo. Era necesario humillar a Marbod. Había desobedecido las órdenes de Roma, despreciado los honores entregados por Augusto e invadido un amplio territorio que se había convertido en una fortaleza natural.
Tiberio recordaba las últimas palabras de Drusus en el lecho de muerte. Drusus conocía a fondo el problema germano. La clave estibaba en debilitar el oeste antes de lanzar un ataque masivo contra Marbod, que se había erigido kuninc de un poderoso ejército con más de setenta mil hombres y cuatro mil caballos pesados.
El insaciable legado imperial veía al fin recompensados sus oscuros años de exilio, y la vuelta al poder empezaba a granjearle la promesa de un triunfo que le convertiría en el favorito de Roma.
Tiberio se desplazó junto a dos legiones por la ruta de Regina, Castra Batava y Lauriacum, siguiendo el curso del Rhenus hasta la cuna del Danuvius. Una vez en Carnuntum, reunió tres legiones más que aguardaban acantonadas en los campamentos de la provincia de Noricum. Con un contingente de cinco legiones bajo su poder, Tiberio se disponía a culminar la gran obra del norte.
Cayo Sentio Saturnio ya se había puesto en marcha desde el Rhenus al mando de tres legiones con sus auxilia por el oeste.
Marbod y los marcómanos se enfrentarían a ocho legiones, unos sesenta mil legionarios, con ocho mil caballos pesados.
Tiberio estaba seguro de su victoria.
Cuando las legiones de Tiberio se movilizaban en territorio marcómano, cruzando el valle del Danuvius, cuya cuna eran las verdaderas puertas orientales del reino de Marbod, y Sentio Saturnio iba a acceder desde el oeste, las noticias llegaron como un rayo que demolía de un golpe todos sus planes: Panonia se había levantado en armas. La magnitud de la catástrofe era tal, que Augusto pensaba que en menos de diez días los insurrectos, que se contaban por cientos de miles, echarían abajo las puertas de Roma, como centurias atrás había logrado un galo llamado Breno.
El pánico cundió en la capital del Imperio.
Tiberio fue designado legado imperial por Augusto, y el Senado revocó las órdenes contra Germania.
Una vez más, la suerte rescataba a Germania de ser conquistada de manera definitiva.
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