Liberator Germaniae
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habían dispuesto de un pensamiento que los había llevado desde la sombra de los siglos hasta aquel punto, y una vez allí nadie podía negar que su guerra debía resolverse de manera definitiva.
Un placentero bienestar lo inundó a medida que el sol descendía y sus rayos eran menos severos, y así, mirando el sol, volvió a la Colina de Irminur, años atrás. Cerunno se hallaba de nuevo frente a él, siendo un niño, y el santón miraba al cielo, ensimismado, recorriendo con sus manos sarmentosas los bajorrelieves rúnicos que recorrían una de las sagradas rocas que, formando un círculo, entronaban el monolito de Irminur.
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—¿Dónde está el Sol, joven Erminer, hijo de Segimer, a quien llaman Armin? —La voz de Cerunno lo envolvió como brotando del zumbido del viento.
—Está oculto.
—¿Dónde, niño Armin?
—Detrás de la tormenta.
—¿Y qué hacen las nubes, ocultándolo?
—Traen al rayo y a la lluvia.
—El Sol seca la tierra, y la Tormenta la moja. El Sol ilumina la tierra, y la Tormenta la oscurece. Si las nubes no recogiesen el agua de los mares, no cabría allí tanta agua como llevan el Río Grande y los otros cauces. Siempre pugna el mar proceloso y amenazador por desbordarse con sus olas gigantes, pero ahí están las nubes robándole agua, para evitar que su fuerza crezca y se trague la tierra, donde viven los hombres y los animales y los árboles, que son las criaturas predilectas de los Ases y de los Vanes.
»Hay dos círculos que gobiernan el ancho mundo a tu alrededor. Uno es de fuego y de oro, y es el Sol quien lo mueve, el Fuego del Herrero, y el otro es de agua y de niebla, son la Tormenta, y es el Caldero del Adivino.
Cerunno los llama a los dos, y tiene un caldero para atraer las tormentas, y un círculo de fuego en el que encierra a sus llamas. Las nubes traen el agua que aísla nuestras aldeas, ellas crean las ciénagas profundas en la tierra, los fosos que nos protegen.
»La visión misteriosa para el guerrero: el Sol y su levantamiento, el Sol y su aparición, son formas de su propio destino, o más bien de su propio deseo. Pon el Sol en tu cabeza si algún día un régulo tienes que ser, porque ilumina alrededor y te otorga la posibilidad de descubrir la manera de vencer. La runa del Sol es la runa de la fuerza y del poder. Quienes nacen bajo sus líneas, en el centro del verano, cuando la sombra de los monumentos a los antepasados se proyecta hacia las marcas de los hombres—
rayo, están tocados por el signo que gobierna la voluntad de los hombres. Muchos de ellos han nacido para gobernar.
Son los líderes.
—¿Y qué es mejor, el Sol o el Agua?
—A veces conviene una cosa, a veces conviene la otra.
—¿Y qué vale más, la fuerza o el poder?
—La fuerza engendra el poder, y no hay poder sin fuerza.
El augur dio unos golpes en el pesado caldero de plata.
Armin se puso en pie. Un bajorrelieve de curiosas formas recorría todo su contorno, y brillaba mientras el agua giraba en su interior. El dios Mannu estaba allí esculpido, entronado, y sus tres hijos lo rodeaban.
—Mira allí. —Cerunno señalóun ángulo del cielo en el suroeste. Unas pesadas columnas de humo se levantaban