Liberator Germaniae

Artur Balder · Capítulo 63 de 122

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Liberator Germaniae

Capítulo VI

8 d.C. Panonia Superior

Pocos días después, el campamento se levantó y las legiones se dirigieron hacia el sur, en busca de Pœtovio. La victoria sobre los arabonios parecía disuadir a los habitantes de Noricum ante un posible levantamiento. Las montañas se levantaban en el oeste, y a Armin, acostumbrado a las tierras bajas de Germania occidental, le parecía que sus inmensas cúspides acortaban los días, precipitando la llegada de la oscuridad nocturna. Las grandes laderas que ascendían lentamente a su derecha descendían a su izquierda en busca de la fértil cuna que creaba Panonia Inferior en torno al Danuvius, hasta llegar a las faldas del macizo montañoso llamado Agathyrsi.

Las noticias hablaban de un Tiberio victorioso. Sus legiones arrasaban cuanto se oponía al avance. Partieron de Acuincum en el norte y descendieron el cauce del Danuvius. En su camino hacia el sur vencieron a los rebeldes en Matrica, Herculia, Anamatria, Lussonium y Lugium. Tiberio se había detenido en los límites de Panonia Inferior. La ciudad de Sopianæ era un castro antiguo de origen dálmata y no romano, y como tal no había sido construido en la línea de la calzada que se dirigía hacia al sur por las orillas del Danuvius, sino que dominaba el paisaje desde unos montes no demasiado altos, pero escarpados, que separaban las llanuras del norte del fértil y verde valle del río Dravus, a lo largo del cual se

levantaba una docena de ciudades. Tiberio había empujado a los rebeldes hacia el sur y se había encontrado las ciudades prácticamente deshabitadas. Sus enemigos las abandonaban después de presentar una resistencia sólo formal, y se replegaban hacia el sur. Una gran fuerza se concentraba en los montes que separaban la llanura de Panonia Inferior del valle del Dravus.

Tiberio preparaba un avance masivo de sus legiones y un ataque que se convertiría en una batalla que requeriría mucho aliento y fuerza de voluntad. Pero antes de acometer la fase final, aguardó a las novedades de los príncipes tracios, Rheskuporis y Rhœmetalkes.

Sus ejércitos habían penetrado en Macedonia, donde los combates se multiplicaban. Los dálmatas huían hacia la costa de Iliria y de Ligurnia, aunque los propios tracios comenzaban a sufrir grandes bajas. La devastación a la que se estaba viendo sometida la población de Panonia, Iliria y Dalmacia no conocía límites. Los tracios renovaron su antiguo odio contra sus vecinos y aprovecharon la oportunidad para caer sobre ellos. Armin se dio cuenta de que la incursión de Roma en Germania podía significar, llegado un ataque masivo, la entrada de las caballerías sármatas, y con ello la ruina de Germania oriental, o de una buena parte de ella.

Los tracios hacían esclavos por docenas de miles entre mujeres y niños, y lo que aquellos pueblos orientales eran capaces de perpetrar con sus enemigos vencidos superaba cuanto Armin había visto. Los tracios eran sencillamente brutales, no conocían los límites y no deseaban esclavos masculinos cuya rebeldía estaba tan manifiesta. Consideraban que trasladar ingentes masas humanas de un pueblo contestatario sólo podía acarrearles una nueva rebelión, algo que incluso en la historia de Roma no era una novedad, sólo había que recordar la rebelión capitaneada por Spartacus, el esclavo que puso en apuros a la República.

Pero después de vencer en Macedonia, los tracios libraban una guerra de guerrillas frente a las montañas que arrugaban la tierra antes de llegar a las orillas del Adriático. Los dédalos de hondonadas, desfiladeros, bosques resecos, se convertían en trampas mortales. Las últimas novedades hablaban de encarnizados

combates, y no parecía que la rebelión pudiese ser sofocada antes de fin de año.

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