Dulce hogar
Capítulo 4
4
La segunda vez que escucha su nombre cree saber quién lo pronuncia. Es Paula, la amiga de Pilu, que viene a paso rápido por el pasillo que hay pasado el mostrador de recepción.
—¡Julia!, ¿al final te has animado?
—No, no, qué va. He bajado un segundo para ver si quedaban plazas y pedir la información de cómo apuntarme, pero hoy es imposible. Tengo que volver a casa corriendo, que vienen a ponerme las cámaras de seguridad —
dice huidiza mientras hace un gesto a la mujer de la recepción y cede el turno.
—Me ha dicho Pilu que parecías un poco paranoica después de lo que hablamos ayer, ¿no estarás pensando en irte? Con lo que tiene que costar encontrar un terreno como el tuyo…
—¡Qué va! Es solo que estoy sola en casa y con todo lo que me contasteis, me siento un poco «sensible» —le responde Julia mientras camina hacia la salida.
—¡¿No estarás embarazada?!
—Que yo sepa, no —dice con cara de póquer, convencida de que se lo ha preguntado con mala intención.
—No te lo tomes muy en serio, que cosas pasan en todos lados y más después del covid. La gente se ha quedado trastornada o sin un duro. Aquí se vive muy bien…, a ver si nos invitas un día para que veamos la casa…
El móvil de Paula comienza a dar tono y a la segunda llamada deja de sonar.
—Mi marido, me hace perdidas para que salga. He terminado antes porque vamos a buscar a mi padre al aeropuerto y ha venido a recogerme.
Por lo menos media horita de pilates me llevo pa el cuerpo.
Julia suspira aliviada, estaba en un punto en el que le iba a costar ser amable y fingir que las invitaría pronto cuando no había cosa que menos le apeteciera.
Salen a la calle y frente a ellas hay un coche aparcado y, apoyado en el capó, un hombre bastante alto, muy grande.
—¿Quieres que te acerquemos?
Julia visualiza a su marido de cerca y se estremece, ¿de dónde salen tipos tan enormes?
Paula puede que se sienta muy segura, pero ella está de nuevo muerta de miedo. Niega con la cabeza al tiempo que se lo agradece con una tímida sonrisa.
—No le digas nada a Pilu, por favor.
Cuando los adelanta, para coger la calle principal de subida a su casa, se gira de golpe y se encuentra a la pareja cuchicheando y mirándola de una manera que no le da buena espina, como si tramaran algo, pero ¿qué podía ser?
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