Dulce hogar
Capítulo 16
16
Aunque parezca increíble Julia vuelve a estar sola y nuevas dudas la corroen, entre otras si su marido ha salido a correr o está ocultando algo.
¿Tiene una amante o simplemente es que no quiere ser padre y está huyendo hasta que reúna el valor para decírselo? Quizá salir a hacer ejercicio no es más que una excusa para reunir fuerzas y soltárselo a la vuelta. Solo espera que no se trate de una jugada infantil y que sea tan cobarde como para provocarla hasta llevarla al límite. Que no esté buscando que ella dé el primer paso para dejarlo.
Por primera vez se le juntan de una manera irracional sus principales temores: el miedo a ser abandonada y el que le puedan hacer algo. Echa un vistazo fuera para comprobar que el chico de la capucha no está merodeando. Por suerte, de día puede vigilar con mayor claridad, pero el miedo empieza a ser el mismo que el que le entra por la noche. Después de buscar con atención comprueba que no está. Tal vez su aviso ha surtido efecto y no ha vuelto por eso. Aliviada se sienta en el porche y come sin parar mientras le da vueltas a la cabeza. Todo está saliendo mal, esa maravillosa casa en lugar de ser un hogar, como soñaba, se está convirtiendo en un infierno.
El miedo que siente desde que se han mudado la está volviendo más paranoica aún y está consiguiendo separarlos en vez de unirlos. Está tan saturada por todo que ya le da igual que le puedan hacer algo, solo quiere ser madre, es lo único que pide, pero ¿y si Rubén vuelve y le dice que se rinde o que no quiere ser padre, que nunca lo ha querido? ¿Conseguiría
remontar y ser feliz? Quizá podría tener un hijo sola, está dispuesta a luchar por ello. Sin embargo, ahí podría radicar precisamente el problema: en la lucha. Podría estar equivocándose y estar peleando a muerte por algo equivocado, obcecada en que la maternidad le va a dar una felicidad que no es real. ¿Y si ya es feliz y no se da cuenta? Tal vez está sumergida en un sueño que nunca se hará realidad. Puede que no se dé cuenta de que también podría transformarse en una pesadilla. Existen muchos casos en los que la maternidad no hace feliz a las mujeres y estas acaban abandonando a sus hijos o haciendo locuras mucho más graves. Podría pasarle a ella, ¿qué haría en ese caso?
Todo esto la lleva a reflexionar sobre si la búsqueda desesperada de atención proyectada en el chico del monte no tiene que ver ni con el aburrimiento ni con las ganas de sentirse deseada, sino que solo sea una vía de escape; una forma de huir del compromiso. Llegados a ese punto, reflexiona, sorprendida: ¿y si su felicidad radicara en hacer lo que le diese la gana, como disfrutar de su sexualidad y ser dueña de su cuerpo, como hacía antes de empezar su relación con Rubén…? ¿Y si ese instinto, que se le ha despertado tan tarde, no fuera más que un salvavidas para evitar caer en la «libertad» de la que disfruta un montón, pero que socialmente no está bien vista para una mujer y mucho menos de su edad? Si fuera así, ese chico no sería una amenaza, sino su salvación; una señal para que despierte, deje de amargarse y lo mande todo a la mierda.
Se levanta y guarda lo que no se ha comido en la nevera para que no se estropee. En uno de los paseos que da para llevar las cosas dentro, descubre una grieta enorme que ha aparecido en una de las paredes de la cocina. Julia la observa y se pregunta si no será más que una metáfora de su relación. Un golpe fuerte en el exterior la saca del trance.
Sale fuera para ver de qué se trata, cuando de pronto escucha ruidos en la
parcela de sus vecinos. Se asoma un poco, disimulando, y se encuentra con que la puerta por donde vio al jardinero está abierta. Con tanto trabajo, normal que no la llame nunca. Mira hacia los ventanales de arriba porque algo le llama la atención; por primera vez le parece ver a alguien dentro de la casa. Los cristales están tintados y de día, con el sol dando de frente, apenas se refleja una silueta, pero está convencida de haberla visto. Hay alguien en el interior de la casa de sus vecinos; seguramente ya han vuelto.
Al poco rato escucha la llave de nuevo. Julia sube las escaleras, esta vez de forma mucho más calmada. Teme lo peor. La puerta pivotante se abre y entra su marido muy agitado, jadea y tiene la respiración entrecortada.
Apoya las manos en las rodillas mientras toma aire. Cuando se da cuenta de que ella está al pie de las escaleras observándolo, Rubén se le acerca y la besa. Es un beso sincero, con el suficiente amor como para borrar todas las dudas e inseguridades de Julia de un plumazo. Después de todo, él y su deseada familia en común es lo único que importa.
—Perdóname —le susurra al separarse—. Estoy muy cansado, no he dormido nada y estos días han sido muy intensos. Seguro que para ti tampoco ha sido fácil. Déjame que me eche un rato, que no he dormido nada, y después me cuentas. Te prometo que te compenso el mal rato.
Julia se pierde en su mirada. Entonces él remata el mágico instante dándole un largo abrazo. Es el momento perfecto, lo que ella necesitaba, si no fuera porque, al separarse, se da cuenta de que su marido no tiene ni una gota de sudor en el cuerpo.
OceanofPDF.com