Dulce hogar

Pablo Rivero · Capítulo 43 de 103

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Dulce hogar

Capítulo 17

17

Rubén se dirige al dormitorio. Julia inmediatamente da rienda suelta a lo que le dice su intuición: es evidente que su marido no ha corrido ni ha hecho deporte, porque, si fuese así, estaría empapado en sudor. Aunque también tiene claro que no fingía cuando se ha mostrado agitado, sin aire, delante de ella. ¿Estaba huyendo? ¿De qué? ¿De quién?

Una vez más se enfrasca en un debate interno de teorías y posibilidades, y no le gusta nada saber que empieza a ser algo recurrente. Tiene que dejar de darle tanto a la cabeza o acabará volviéndose loca. Se tumba en el sofá y enciende la televisión con el volumen muy bajo para no despertarlo. Hace zapping de manera compulsiva porque no sabe lo que busca. Hay tanta oferta que al final es incapaz de decidirse. Es una de las lacras del consumismo. Hasta que una imagen llama su atención: un bosque en llamas. El fuego arrasando todo a su paso. Y el humo negro. Julia sube el volumen para escuchar lo que están diciendo, puesto que ahora la imagen que contempla aparece proyectada en un plano enorme detrás de un corrillo de periodistas.

—Estamos hablando de que siguen subiendo las temperaturas de una manera impropia para la época del año en la que nos encontramos, pleno otoño. Y cuando llegan noticias así, es inevitable pensar en el bienestar de nuestros bosques y en todos los incendios que se multiplican.

—Al final volvemos a lo mismo —continúa otro de los colaboradores—, el cambio climático está secando la vegetación, hace que los paisajes sean

más inflamables y aumenta así la probabilidad de que se produzcan incendios más grandes y peligrosos.

—Eso es indudable —interrumpe una colaboradora, molesta—, pero tampoco podemos obviar nuestra responsabilidad. Actualmente, la actividad humana es la causa principal de los incendios forestales en España. Más del ochenta por ciento son causados por las personas, intencional o accidentalmente.

—Hay que dejar claro que casi el noventa por ciento de los fuegos son provocados. Dentro de este porcentaje se incluyen también las negligencias.

O sea, una cosa es un incendio causado a propósito por un pirómano, y otra un fuego originado por alguien que tira una colilla desde un coche —añade otro de los periodistas.

Julia, de pronto, baja del todo el sonido, pues empieza a escuchar bastante jaleo en la parcela de sus vecinos.

—Mierda —dice mientras se levanta.

Está convencida de que es la maldita mudanza, ya no hay lugar a dudas.

Lo único que le queda es cruzar los dedos para que se vuelvan a ir y si es pronto, mejor. Esta vez no sale fuera, sino que se asoma por la ventana del baño de servicio que da hacia la casa. Desde ahí ve muchísimo trajín de personas por toda la parcela. Menudo despliegue, Javier y Vanesa son tan ostentosos que no han dudado en traer a un equipo de fútbol para que les haga la mudanza. Sin embargo, sus sarcásticos pensamientos se cortan de cuajo cuando entre las personas que están en la parte de arriba reconoce a Candela y Mateo, los dos miembros de la Guardia Civil. Y entonces sabe que algo grave ha tenido que pasar.

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