Dulce hogar

Pablo Rivero · Capítulo 98 de 103

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Dulce hogar

Capítulo 16

16

La noche del incendio David estaba durmiendo en la cama de su habitación en el hogar de sus abuelos paternos en Lisboa, donde vivía desde que su padre decidió vender la casa familiar. Así quiso castigar a su madre por haberse ido a España a casa de sus suegros junto a su hermano gemelo Aníbal. La casa familiar en la que los dos hermanos habían pasado una infancia feliz fue víctima de lo tóxica que se había vuelto la relación de sus padres desde que a Tiago lo echaran del trabajo unas Navidades. Los gemelos también lo sufrieron y fueron utilizados como moneda de cambio mediante chantajes emocionales.

Los últimos meses habían sido terribles, las peleas eran constantes y cada vez era más frecuente ver señales en el cuerpo de su madre que demostraban que a su padre se le estaba yendo la situación de las manos.

Aníbal siempre fue el abogado de las causas perdidas e intentaba mediar entre sus progenitores, incluso en los momentos más violentos. Después hablaba con uno y con otro, pero esto no le gustaba nada a Tiago, que lo ponía en su sitio cortándole las alas. Entonces comenzaron también las tensiones entre los dos hermanos, porque Aníbal exigía a David que tomara partido al mismo nivel que él, cuando este optaba por todo lo contrario: en lugar de entrar en el mismo bucle en el que estaban metidos ellos, cada vez pasaba más tiempo fuera de casa saliendo por ahí y fumando marihuana con los amigos para evadirse de los problemas familiares.

Esto enfurecía a Aníbal, que sufría tanto por ver que su familia se desmoronaba que le recriminaba su actitud, al igual que lo hacía con sus

padres, hasta el punto de casi culparle por lo que estaba sucediendo. Por eso, el día en el que Tiago y Cristina comunicaron a sus hijos que se iban a separar y que podían elegir si quedarse en Lisboa con él o marcharse a vivir a Madrid con ella, a la casa de los abuelos a los que prácticamente no conocían, David lo tuvo claro. Sobre todo porque parecía que Aníbal tampoco dudaba y vio la oportunidad de distanciarse de él.

Cada hermano eligió un camino distinto, y lo que para uno supuso un gran peso y un paso más hacia una nueva vida que jamás hubiera elegido, para el otro resultó liberador dejar de estar en un constante segundo plano para explorar quién era en realidad sin tener que ir en el pack ni vivir bajo la sombra de alguien que para todos era su versión perfeccionada.

El problema fue que, aunque no quisiera verlo, David también echaba mucho de menos a su hermano gemelo, con el que había sido uña y carne y con el que había disfrutado muchos buenos ratos familiares en épocas anteriores. También se sumó la falta de supervisión de su padre, que cada vez intentaba pasar más tiempo en Madrid para ver a su todavía mujer con la excusa de visitar a su otro hijo, y la benevolencia e incapacidad para imponerse de sus abuelos portugueses. Todo esto dio como resultado que el chaval se convirtiera en un auténtico bala perdida.

David no se enteró de lo que le había ocurrido a su madre y a su hermano hasta bastante tiempo después. Su padre y sus abuelos se lo ocultaron porque no querían que un hecho tan traumático lo llevara a abandonarse o que se diera a las drogas, por ejemplo, y que terminara igual o peor que Aníbal. Pero él no era tonto y sabía que algo estaba pasando. Al ver que su padre no pasaba tanto tiempo en Madrid y que no alargaba los viajes de trabajo, pensó que ya se habrían separado del todo.

Entonces fue consciente de lo mucho que le dolía pensar en que quizá jamás volverían a estar todos juntos y, pese a que se empeñaba en hacerse

el duro y esconderlo, era frecuente que en una de las cien mil veces en las que se acordaba de su hermano a lo largo del día acabara llorando.

Este fue el motivo por el que su padre se lo acabó contando, después de sorprenderlo varias veces, y que David terminara confesándole la pena que tenía porque pensaba que su hermano y su madre ya no lo llamaban ni lo querían por no haber elegido irse con ellos. Tiago hizo especial hincapié en que Cristina lo quería mucho y Aníbal también, y quiso dejarle claro que su gemelo no era como le pintaban los medios y que había sido víctima de continuas calumnias. Le explicó que antes de que ocurriese todo habían decidido estar juntos de nuevo y que esperaban un bebé. Pese a que sabía que le iba a afectar mucho toda esta información, era la mejor manera de que entendiera que ellos también lo echaban de menos y que estaban deseando volver a formar una familia. Pero, pese al esfuerzo por que David no se sintiera culpable, Tiago no pudo evitar que su hijo se torturara pensando en que si él no se hubiera distanciado de ellos, aquella noche habría estado a su lado y habría podido evitarlo.

Después de esto su situación empeoró notablemente, tenía continuos ataques de ira, sobre todo cada vez que veía que su padre volvía a pasar más tiempo en Madrid, alargando los viajes de trabajo, y que no le dejaba ir a ver a su hermano al centro en el que estaba ingresado.

La única manera que su padre encontró de calmarlo fue contándole que se quedaba tantos días porque él y su abuela Laura tenían pruebas para creer en la inocencia de Aníbal y que no se preocupase más porque estaban luchando para que su madre y su hermano tuvieran la justicia que merecían. Cuando todo estuviera solucionado, podría ir a ver a su hermano con tranquilidad, pero había un alto riesgo de que todo el asunto volviera a salir a la palestra y no querían que los medios se cebaran con él cuando habían conseguido mantenerlo al margen de semejante infierno todo ese

tiempo. Sin embargo, lo único que consiguieron fue que David se empeñara en participar.

Al principio se negaron porque querían protegerlo, para que siguiera con su vida de la manera más normal posible, dentro de las difíciles circunstancias. Pero él defendió con uñas y dientes que ya eso le iba a ser imposible, y que por lo menos le permitieran ayudarlos a proporcionar la justicia que realmente merecían su madre y su hermano y así sentir que había hecho algo por ellos.

Mientras su padre y su abuela ultimaban los detalles, él siguió estudiando en Lisboa, guardando el secreto para que sus abuelos paternos no sospecharan nada. Sin duda, la parte más dura fue no poder ir a visitar a su hermano, pero Laura le pidió que fuera paciente hasta que las cosas volvieran a colocarse de manera natural y que no se preocupara, que ellos estaban trabajando para que así fuera.

Hasta que por fin llegó el día en que viajó a Madrid, con la excusa oficial de ir a visitar a su abuelo Germán, que estaba bastante pachucho.

Laura y Tiago aprovecharon la ventaja de que en los medios nunca se hubiera mencionado que «el parricida pirómano» tuviera un hermano gemelo, para determinar la participación de David en el plan. Si querían que Julia sufriera igual que Aníbal, su presencia era una carta fundamental para volverla loca de cara a la galería y que cuando contara que el parricida pirómano la acosaba, cuando todo el mundo sabía que seguía ingresado, nadie dudara de que había perdido la cabeza y que ese fuera uno de los motivos por los que cometería un crimen tan atroz como el que le iban a adjudicar. Para garantizar esa confusión, Julia no debía descubrir que David no tenía las cicatrices que le quedaron a Aníbal por el fuego, por lo que siempre llevaría puesta la capucha de la sudadera. Eso también ayudaría a que resultara más difícil que alguien pudiera reconocerlo.

En un primer momento solo debía espiarla de día desde el monte dejándose ver y volver por las noches con la llama. Vigilar y anotar cada hábito que facilitara la entrada en la vivienda. Pero como Julia había sorprendido a Tiago las dos veces que había intentado entrar en la casa, mandaron a David para ver si él conseguía entrar en la casa y encontraba los documentos que demostraban que Javier y Rubén habían organizado, participado y pagado a Jacobo para que tuviera lugar el incendio. Lo que el chico no esperaba era que Julia fuera a traducir su presencia como un juego sexual. Pero, sobre todo, lo sorprendió sentir también la misma atracción.

La odiaba con todas sus fuerzas y la deseaba con la misma intensidad.

Ella se dejaba ver y eso provocaba en él una erección constante. Y se convirtió en un reto conseguir entrar, seducirla y que le abriera las puertas de su casa. Pero cuando estaba a punto de conseguirlo, la tarde en la que Julia bajó casi hasta la puerta de salida al campo donde él la esperaba, ella se arrepintió y lo dejó tirado en el último momento. En ese instante la hubiera matado con sus propias manos, suerte que no le abrió la puerta, porque posiblemente lo hubiera hecho mientras se la follaba fuerte, causándola el mayor dolor posible.

La odiaba con todas sus fuerzas, a ella, a su marido y a sus amiguitos.

Odiaba su narcisismo y aires de superioridad. Menos mal que, aunque con retraso, todo siguió su rumbo y disfrutó de la guinda de asomarse desde la casa de Javier y Vanesa para que Julia lo viera mientras se follaba a su marido en el jacuzzi exterior de su casa. También había disfrutado muchísimo dejándole los paquetes con el chupete de Estrella y el dedo de Javier, sobre todo con este último.

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