Dulce hogar
Capítulo 2
2
Cristina dio la última calada a su vapeador y entró en casa para acostarse.
Había bajado la temperatura y era la noche más fría en semanas, pero necesitaba fumar y retrasar el momento de subir a su habitación. Miró a su alrededor, todo estaba a oscuras, y en el cielo brillaban las estrellas y la luna. En los asientos que solían ocupar su madre y Aníbal no había nadie y, pese a que en parte fuera su culpa por llevar tantos días rara y no haber hecho nada por solucionarlo, esto le hacía sentirse muy sola.
Cuando entró en su cuarto, las paredes se le echaron encima. Otra noche más sola. Ella había tomado la decisión de separarse de su marido, al menos por un tiempo, pero daría lo que fuera porque las cosas no hubieran tomado ese rumbo y todo siguiera como siempre. Estaba muy inquieta, llevaba días bastante nerviosa después de su última visita y del regalo que le había dejado. Estaba muy confundida y no sabía cómo actuar, debía compartirlo con su familia, pero no se sentía capaz, odiaba que pudieran verla como alguien débil, y así le haría sentir Aníbal. Estaba segura de que, como venía siendo costumbre, él sería el único en decirle la verdad, porque se parecían tanto que era el que mejor la conocía. Le hubiese gustado seguir tragando como si nada, hacer de tripas corazón con tal de que su familia no se dividiera en dos, como había ocurrido, pero no lo soportaba más. Le hacía demasiado daño. Y no solo él, sino cómo había dejado su huella en lo que más quería. Su hijo Aníbal se empeñaba en hacerle ver lo terrible que era su padre y al final se comportaba igual que él.
Cristina se había alejado de Tiago, pero, sobre todo en la última semana, los gritos y las discusiones eran constantes. No podía más, solo quería vivir y no la dejaban, y menos ahora que la situación era mucho peor, y no porque se le hubiera ido la mano, como en tantas otras ocasiones, sino precisamente por lo contrario. La última vez lo había dejado subir a su cuarto porque su madre había salido a dar un paseo con su padre y Pepe, y había pasado algo irremediable. Se sentía muy culpable y se avergonzaba de ello. En un rato había tirado por tierra todo lo que tanto coraje le había costado, todos los avances conseguidos, y ahora se veía más atrapada que nunca. Él volvía a tener el control, y eso le dolía. Cristina empezó a llorar, tanto que llamó la atención de su hijo Aníbal, que de nuevo tomó cartas en el asunto casi como lo hubiera hecho su padre.
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