Dulce hogar

Pablo Rivero · Capítulo 95 de 103

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Dulce hogar

Capítulo 13

13

Dos días después

En un plató, la presentadora del programa de máxima audiencia de las mañanas de la televisión española se dirige a los espectadores hablando directamente a cámara.

—Y a continuación comentaremos el terrible crimen que tiene en vilo a toda España. Intentaremos aportar un poco de luz al misterio que rodea a la desaparición y posible asesinato del exdiputado Javier Carrión y su familia a manos de su vecina. ¿Qué ocurrió aquella madrugada? ¿Qué llevó a Julia Martínez a cometer un crimen como el que nos ocupa? ¿Lo hizo sola o con ayuda de su marido? ¿Dónde están ahora? Y ¿qué ha sido de los hijos del exdiputado?, ¿han sido también víctimas de esta terrible asesina?

Trataremos de responder a todas estas cuestiones —dice con énfasis.

En el momento en el que deja de hablar entra un vídeo, la voz de una periodista relata lo ocurrido sobre un montaje con detalles de la urbanización, las fachadas de los chalets, el campo, así como imágenes de archivo del incendio, del juicio de Aníbal, declaraciones de Laura, fotos recientes de Javier con sus tres hijos, etcétera.

—Recordemos que hace apenas cuarenta y ocho horas, Laura Domínguez, que ustedes recordarán por ser la abuela del famoso parricida pirómano, llamó a la Guardia Civil de madrugada alertando de que había escuchado ruidos en su parcela. Les contó que al asomarse había visto a su

vecina lanzando algo al pozo que tiene en la parte baja de su jardín. La llamó desde la ventana repetidas veces sin éxito, así que bajó para hablar con ella. Pero, al salir al jardín, se encontró con el pozo en llamas y no localizó a su vecina por ningún sitio. La mujer sufrió una caída y no pudo llamar por teléfono, se lo había dejado en su habitación, hasta un buen rato después. Esto hizo que, cuando los bomberos consiguieron apagar el fuego, hubiese pasado más de hora y media. En el interior se encontraron restos humanos y cenizas que también podrían serlo. Se están analizando los restos, pero de momento se ha confirmado que había tres cráneos y diversos huesos que habrían sobrevivido a las llamas. Todo parece indicar a que podrían pertenecer a Javier Carrión y su esposa Vanesa, cuya desaparición había sido denunciada días atrás. Todavía no se sabe el paradero de sus tres hijos, también desaparecidos. Beatriz de diecisiete años, Carlos de siete y Estrella, una bebé de pocas semanas.

»Julia Martínez, la presunta autora de los hechos, es una mujer de treinta y nueve años, ex azafata de vuelo y residente en la misma urbanización desde hacía unos días. Tenía una estrecha relación con la familia, porque Javier era amigo de su marido Rubén desde que eran pequeños. Este es otro de los enigmas, ya que Rubén también se encuentra desaparecido, y se especula con que haya podido tener algo que ver con el crimen. Lo que está claro es que todos los que la conocen coinciden en que Julia estaba mostrando un comportamiento extraño.

En la pantalla aparece Pilu, y en la parte inferior puede leerse «Pilar Romero, amiga de Julia».

—Hacía tiempo que no quedábamos y cuando la vi días antes, me preocupó bastante. No estaba bien. Llevaban tiempo intentando ser padres y no lo conseguían. Estaba muy irascible con el tema. Traté de que se apuntara a pilates con un grupo de amigas, pero no quiso integrarse porque

ella no tenía niños como el resto. Además estaba muy paranoica, muy miedosa, aunque yo creo que era más un tema de soledad que el miedo en sí…

Después de Pilu, la cámara enfoca a Paula, la amiga de esta, que habla con soltura mirando a la reportera que está fuera de plano. Debajo aparece el rótulo: «Paula Torrebejano, vecina de Julia».

—En un desayuno estuvimos hablando de la desaparición de Roberto, un niño de la urbanización, al que se llevó el conejo Sweet Bunny en la noche de Halloween. Ella nos dijo que un hombre mayor la había advertido de que tuviera cuidado con el fuego y le contamos que había habido un incendio en su parcela, pero sin entrar en detalles para no asustarla, aunque parece que se lo tomó muy en serio…

A continuación ofrece su testimonio la guardia de la garita de seguridad que viene anunciada como «Aldara Jiménez, vigilante de seguridad de la urbanización».

—Hubo varios intentos de robo en su casa durante los días anteriores al suceso. Las cámaras mostraron a un hombre vestido de negro y con la cara tapada. Ella se obsesionó con el incidente y estaba convencida de que alguien la espiaba durante el día… Me dijo que era Aníbal Caballero, el parricida —pone cara de circunstancia—, que sigue internado y es imposible que salga… Después las cámaras la captaron saltando a la casa de sus vecinos el día de los hechos. Los familiares de estos habían colocado una alarma esa misma mañana, y cuando saltó, me personé. Ella me dijo que había ido porque había visto dentro al parricida que la observaba desde el bosque con una llama encendida cada noche. Yo le llamé la atención, pero no le di mayor importancia en ese momento.

—Hay quien especula que el hombre de negro que quería entrar en su casa era su marido, y que era una tapadera para que no se sospechara de

ellos y no se prestara atención a lo que estaban haciendo, aunque yo creo que se lo quitó de en medio porque estaba liado con su amiga —explica Paula, que ha vuelto a aparecer en imagen.

Ahora es la doctora encargada de Aníbal en el centro la que complementa el testimonio de la vigilante. El pie esta vez anuncia a «Carol Ortega, asistente psiquiátrica en el centro Penitenciario de la Comunidad de Madrid».

—Es muy probable que Julia estuviera sufriendo un brote de esquizofrenia, que se acentuó cuando vio a alguien intentando entrar en su casa varias veces. Si además le habían contado recientemente lo que hizo Aníbal en la parcela en la que había construido el chalet al que se acababa de mudar…, es muy probable que mezclara las cosas y creyera que todo podía estar relacionado y tal vez se obsesionara con la idea de que el muchacho pudiera estar acosándola y quisiera quemarla como a su madre.

Finalmente es lo que terminó haciendo ella en el pozo. De hecho estuvo en el centro visitando a Aníbal ese mismo día, vino con la abuela del chico, pero quiso quedarse a solas conmigo para hacerme preguntas sobre su enfermedad y tratamiento. Por lo que he visto y leído, creo que ambos tendrían una patología y sintomatología muy similares. Es como si se hubiera mimetizado con él. Puede que buscara respuestas a lo que le estaba sucediendo a ella y, si pensaba que el chico la visitaba, querría comprobar si de verdad podía salir a verla o no. Ella estaba convencida, pero era imposible. Se creó su propia realidad y probablemente las voces que escuchaba en su cabeza, como le ocurrió a Aníbal, le dijeron que acabara con el resto.

La imagen de Laura, muy afectada, llena la pantalla. Está sentada con una muleta y apoyada en el respaldo de la silla: «Laura Vellés Domínguez,

abuela de Aníbal Caballero, el parricida pirómano, y vecina de Julia Martínez».

—Me pidió ir a ver a mi nieto y no me pude negar. Era una mujer muy normal, encantadora. Muy cariñosa. Yo le abrí las puertas de mi casa porque nunca imaginé que pudiera hacer algo así. Cuando esa noche la vi a la altura del pozo que tenemos en el jardín, no me lo podía creer… Llevaba una carretilla cargada con algo envuelto en mantas. Algo grande que después lanzó al interior. La llamé desde arriba, pero no contestó. Estoy segura de que me oía, aunque actuaba de una manera autómata, como si estuviera poseída.

La voz de la periodista toma otra vez protagonismo mientras se muestran imágenes de la fachada de ambas casas, del camino que pasa por la puerta que las dos tienen hacia el campo y que las une, el pozo, fotos de las redes sociales de las dos familias…

—De momento se sigue investigando el terrible suceso. Según fuentes de la Guardia Civil, junto al pozo se encontró una carretilla en la que había huellas y ADN de la presunta asesina, que días antes había sembrado falsas alarmas para que no pusieran la atención en ella. La mujer habría borrado también las grabaciones de las cámaras de seguridad. En un primer momento, cuando los familiares de los Carrión se empezaron a preocupar por ellos, no se pudo obtener ninguna grabación porque todas las cámaras estaban apagadas. El hecho se justificó porque se había ido la luz, algo habitual en la zona, y habían dejado de funcionar. Al no haber nadie en la casa no se habían reseteado y cuando las volvieron a activar muchas de ellas, sobre todo las interiores, no funcionaban. Ahora estamos convencidos de que se deshizo de las que podían delatarla.

A continuación aporta su testimonio un agente: «José Vicente Andrade, jefe de la UCO».

—Aún estamos a la espera de los resultados de los análisis de los huesos encontrados y de las autopsias. Seguimos analizando las huellas de las dos casas y estudiando si los cuerpos estaban con o sin vida antes de quemarlos.

Los indicios apuntan a que probablemente las víctimas no estaban muertas cuando las lanzó al pozo, ya que no se ha encontrado apenas sangre en la vivienda de la familia Carrión, tan solo de Vanesa en el lavabo de su cuarto de baño. Sin embargo, en el trastero de la casa de Julia sí hemos encontrado restos de plásticos, cuerdas, trozos de ropa y pequeñas muestras de sangre que seguramente será de alguno de los miembros de la familia Carrión.

También hallamos el chupete de Estrella, la hija recién nacida de sus amigos y vecinos, y el dedo anular de la mano de Javier, con su alianza de boda puesta. Probablemente ahí es donde los tuvo retenidos y después los trasladó inconscientes en la carretilla por el camino del campo, por la noche, cuando nadie pudiera verla.

Después de esta intervención termina el reportaje y vuelve a hablar la presentadora, que ahora está sentada a una mesa semicircular acompañada de varios periodistas.

—Es tremendo, increíble que pueda ocurrir algo así —dice mirando a cámara—. Y encima prácticamente en el mismo lugar donde sucedió el parricidio. Parece una maldición…

—Bueno, es que nada sucede porque sí cuando hablamos de problemas de salud mental como los de Aníbal y Julia —interviene la periodista mayor que tiene a su derecha, con gafas de pasta.

—A mí, me vais a perdonar, pero después de ver el vídeo, lo que me parece raro es que alguien que hace algo así se tome tantas molestias en borrar todo, como si no quisiera que la descubrieran, cuando resulta de lo más evidente por todas las pruebas y señales que ha dejado —interviene el hombre que está sentado junto a ella, muy bien vestido y engominado.

—Yo lo veo claro —interviene ahora la otra periodista, una rubia muy atractiva con evidentes retoques estéticos en la cara—. En los crímenes pasionales, como es el caso, el asesino se ensaña con la víctima por la rabia incontrolable que siente, pero, después, suele haber un cuidado: los cubren con sábanas, ropa o mantas; los colocan en una posición más delicada o menos expuesta; los limpian o eliminan toda prueba, especialmente grabaciones de cámaras, para que no quede constancia de lo que han hecho y no solo para no ser detenidos…

—Se avergüenzan de lo que han hecho, por el lazo emocional con la víctima, y esto los lleva a querer ocultarlo —añade la periodista de las gafas de pasta—. Estoy convencida de que Julia los quemó directamente para que nadie pudiera ver con exactitud qué les había hecho.

—Vamos a intentar resolver a nuestros espectadores algunas de las mayores incógnitas: ¿qué ha ocurrido con su marido? ¿Creéis que pudo ayudarla y han huido los dos o que también podría ser una de las víctimas?

—Todavía es pronto para saberlo, a la espera de los resultados de los que nos hablaba el jefe de la UCO, pero lo que sí sabemos es que también ha desaparecido y que la señal de su teléfono se pierde esa misma noche en la casa de Javier y Vanesa, aunque siempre hay un pequeño margen de error, más aún estando tan cerca las viviendas —dice el cuarto periodista, de mayor edad que el resto—. Podría haber estado en otro punto de la misma casa, en el campo o en la parcela de al lado… En cualquier caso, las llamadas indican que Julia y Rubén hablaron por teléfono un par de minutos esa misma tarde. ¿Podría ser sobre algo relacionado con lo que hubieran planeado? Después Julia pasó a ver a su vecina, como nos ha contado esta, para preguntarle qué iba a hacer esa noche… Si pensaba ver algo en la televisión o salir al jardín.

—Laura, la vecina, dice que estaba rarísima y que ahora piensa que

intentaba saber si el terreno iba a estar despejado o si tendría que esperar hasta muy tarde para que no la vieran —añade la periodista de gafas.

—No sé si las autopsias nos podrán ayudar, pero perfectamente él podría haber participado en el juego. Esto demostraría que ella no actuó sola. Me parece más real que toda la logística la hayan llevado a cabo entre dos —

dice la rubia.

—Yo lo dudo, el marido no estaba en España cuando desaparecieron los vecinos. Creo que Julia aprovechó la confianza que tenían para dormirlos y sacarlos durante las noches. Los retuvo en el trastero, donde se han encontrado todas las pruebas, y después los trasladó al pozo en la misma carretilla. Han confirmado que las huellas encontradas en los mangos son de ella, de eso no hay duda —dice el periodista engominado.

—Has dado con una de las claves: «El marido no estaba en España cuando desaparecieron los vecinos» —interviene la presentadora—. Y aquí es donde queremos contarles una exclusiva. Una información a la que solo ha tenido acceso este programa.

La mujer de las gafas sonríe, cómplice, a la presentadora y toma la palabra.

—Sí, porque hemos hablado de los mensajes que se han encontrado entre Vanesa y Rubén, en los que parece que podrían tener una aventura. Esto apunta a otro de los motivos por los que Julia pudo actuar de esa forma.

Pero resulta que ahora sabemos que el motivo de la complicidad entre ambos era otro…

—Tenemos la confirmación de que Rubén estaba fuera de España los días anteriores al suceso, no porque estuviera cubriendo la baja de un compañero con covid, como pensaba Julia, sino porque estuvo en una de las mejores clínicas de fertilidad, en Los Ángeles. Y habría sido Vanesa, la

mujer de su amigo, quien se la había recomendado a espaldas de Julia. De ahí todos los mensajes entre ambos —dice la otra periodista.

—Tenemos los vuelos que confirman esta información y un correo que le llegó a Rubén al día siguiente de los asesinatos en los que esta clínica le comunicaba los resultados del seminograma y demás pruebas que le habían hecho, confirmándole su imposibilidad para ser padre. Por lo tanto es muy probable que él le ocultara toda esta información a su mujer y que Julia encontrara los mensajes entre ambos y asociara el comportamiento extraño de Rubén a unos posibles cuernos. De hecho existe la declaración de un compañero de la compañía aérea de Rubén que dice que ella lo llamó esa tarde muy mosqueada, pero que él no le quiso contar la verdad porque se lo había prometido a Rubén: «Estaba tan desesperado como ella por tener hijos y estaba quemando el último cartucho» —dice el periodista engominado.

—He hablado con la hermana de Javier Carrión, que es también amiga de la pareja y conoce a Rubén desde que eran pequeños —se suma la periodista de gafas—, y me ha explicado que Vanesa le contó que Rubén le había confesado su problema a Javier un día que habían bebido, pero que como este siempre ha sido un gallito, no le dijo nada de las dificultades que habían tenido ellos para tener a sus tres hijos. Fue Vanesa la que, cuando se lo contó su marido, compartió con Rubén su historia y le aconsejó la clínica. Por lo visto fue Vanesa la que le puso en contacto con el mismo doctor que los había tratado a ellos. Esto es lo que hizo que se creara ese vínculo «secreto» entre ellos…, pero el doctor ha insistido en que no tenían una aventura y que Rubén perdía el culo por Julia, literalmente ha dicho que

«se desvivía por ella».

—Por tanto existe la posibilidad de que Julia lo apretara y él hubiera terminado contándole que era estéril. El saber que no podían tener hijos y la

posible infidelidad, sumado a todo lo anterior que ha descrito la doctora, habría avivado ese brote con resultados fatales —interviene la presentadora.

—Perdonadme, pero yo no me quito de la cabeza a la bebé, ¿qué habrá sido de la pequeña? —dice la periodista de gafas.

En el plató se crea un violento silencio.

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