Dulce hogar
Parte III
III
Pánico: miedo muy intenso y manifiesto, especialmente el que sobrecoge repentinamente a un colectivo en situación de peligro.
OceanofPDF.com
1
Después de recibir la noticia como un jarro de agua fría, Julia cierra la puerta a conciencia. A su espalda está su marido de pie, apoyado en el marco de la puerta del dormitorio. Al girarse, lo descubre.
—¿Lo has escuchado?
Él asiente. Julia se ahorra el «te lo dije», está en shock. Tiene un terrible presentimiento. Rubén se acerca a ella y la abraza.
—No me gusta verte así, han sido días difíciles y esto encima no ayuda nada, pero escúchame. —Julia levanta la barbilla para mirarle a los ojos—.
Te digo yo que este está metido en un buen lío. Algo de pasta, algún chanchullo, Hacienda o similar, y se han dado el piro hasta que lo arreglen.
Vete tú a saber… Se fueron a Colombia porque estaba metido en mil líos, lo mismo lo estaban chantajeando por un tema en concreto, o alguna cosa de esas, y ha preferido quitarse de en medio. La gente con la que se mueve Javier son especialistas en «dar sustos». Igual no es más que eso… Javier es listo, y también tiene mucha gente que le habrá dado el chivatazo para que se adelantaran. Espera que no hayan salido ya de España por carretera o tren y dé señales de vida en cuanto estén lo bastante lejos.
Julia conoce bien a su vecino y sabe que la explicación que da su marido es perfectamente válida. Javier tiene un largo historial de negocios ilegales que había conseguido llevar a cabo gracias a pertenecer a una familia con contactos y poder. Toda la vida se había creído intocable y ese es el mayor de los errores, porque siempre hay algo o alguien que te hace bajar de
nuevo a la tierra y, en los niveles en los que se mueven ellos, la bofetada puede ser de campeonato.
—¿Crees que el tipo que intentaba entrar en casa estos días podría haberse equivocado y pensar que era la de Javier y Vanesa?
—Hombre, creo que hay bastante diferencia, ¿no? No le des más vueltas, va. —Julia sigue con gesto preocupado—. Anda, ven, que sé cómo quitarte la preocupación.
Rubén deja de abrazarla y la coge de la mano para llevarla al jacuzzi.
—No lo he calentado —dice ella a regañadientes.
—Yo sí —responde con picardía.
—He comprado champán y un jamón buenísimo.
Las palabras y el tono que utiliza Julia son como si se hubiera chafado el plan.
—No le haré un feo a eso. Voy yo. Ponte «cómoda» —le responde sin darse por vencido.
Julia sabe lo que significa ponerse cómoda para su marido, le encantaría hacerle caso y desnudarse para disfrutar como merecen. Pero, aunque por fin ha llegado el momento que tanto esperaba y siempre dijeron que inaugurarían la casa con un buen baño en el jacuzzi, tiene un nudo en el estómago. Levanta la mirada de golpe, como si intuyera que la observan.
No se equivoca, en la enorme encina de enfrente hay una veintena de pájaros mirando hacia donde ella está. Le espanta esa imagen y, pese a los consejos de Laura, su vecina, sueña con tener una escopeta y tirotearlos uno a uno. De pronto, como si le hubieran leído la mente, todos salen espantados, pero la verdadera razón es que han visto cómo se acerca su marido.
—¿Todavía estás así? —le pregunta Rubén, que vuelve con un par de toallas colgadas al hombro y con la botella y un par de copas en las manos
—. Antes de que me digas nada: he dejado el jamón sudando un poco, no es que no lo quiera, luego lo comemos.
Deja todo en el bordillo y la besa apasionadamente. Julia se deja hacer sin resistencia, no hay nada que le guste más que los besos de su marido.
Después él se quita la ropa y se mete en el agua. Julia mira a los lados, por si alguien lo ha visto; está anocheciendo y sabe que es la hora a la que aparece el chico.
—Vamos, que no hay nadie, que ya solo estoy yo —la anima de manera canalla.
Aun así, Julia se queda en ropa interior y no se la quita hasta que está dentro. Los besos continúan y sus lenguas entrelazadas dan paso a todo tipo de juegos sexuales. El placer es infinito. La combinación del agua caliente con el aire de fuera la transporta a las calas perdidas que han recorrido a lo largo de sus años de relación y en las que también han practicado sexo libremente. Follan como nunca. Mientras lo hacen, Julia se plantea si el deseo por su marido se ha incrementado por lo misterioso que le resulta dudar de él desde su improvisado viaje. En ese caso confirma su atracción por lo oscuro y peligroso. ¿Le gustan los malos? Solo un día antes le perturbó la tentación que le había provocado la presencia del chico de la capucha.
Desvía la mirada hacia el monte y hace un repaso para confirmar que sigue sin aparecer. Por suerte no hay ninguna amenaza y se entrega a su marido sin interferencias, hasta correrse. Al terminar se abrazan con los ojos cerrados. Julia trata de concentrar toda la energía de su cuerpo para que esa vez sea la definitiva y por fin se quede embarazada. Disfruta acurrucada en el hombro de Rubén, empapándose de su aroma. Abre los ojos: mira la esquina de la casa de sus amigos, al ventanal de la habitación donde le pareció ver antes a alguien limpiando. Al fijarse ahora percibe de nuevo una
silueta en su interior. Tiene que parpadear para cerciorarse de que es cierto y no el fruto de su imaginación. La luz cada vez es más tenue, pero entonces, poco a poco, la sombra difuminada se va aproximando al cristal hasta hacerse nítida del todo. Julia no puede creer lo que ven sus ojos: es el chico que, con una sonrisa en la cara y la capucha de la sudadera puesta, la saluda con la mano.
OceanofPDF.com