Dulce hogar

Pablo Rivero · Capítulo 63 de 103

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Dulce hogar

Capítulo 19

19

Necesita tomar el aire. Julia abre la cristalera de su habitación y sale a la terraza, desde donde disfruta de nuevo del monte. Se sienta en una de las butacas para exterior de diseño que habían comprado y sigue leyendo.

Mientras lo hace, lanza alguna mirada a la parcela para controlar el terreno.

Avanza en la sucesión de mensajes hasta que llega al día en el que Rubén vuelve de viaje y ¡bingo! A la hora aproximada a la que se fue repentinamente a «correr», localiza un mensaje de Vanesa en el que le escribe: «¿Has vuelto ya? Ya estamos. Ahora estoy sola. Quiero hablar contigo antes de que se lo cuentes, aunque aún no tengas toda la info. Es importante. Ven ya. Avísame cuando quieras. Hazme una perdida y nos vemos abajo, en el campo. Si quieres, a la altura de la casa que tienes al lado para que no nos vea Julia ni nadie». El texto está acompañado otra vez de un corazón rojo. Por eso cuando volvió, no estaba sudado, no había salido a hacer footing, sino que había ido a verla. Sin embargo, a esas alturas le preocupa más la información de la que hablaban que los celos en sí: ¿qué era tan importante como para irse de manera tan descarada y arriesgarse a que ella lo supiera? ¿O es que era eso lo que buscaba?

Lo peor viene cuando llega a la noche anterior y es su marido quien manda el primer mensaje: «Ya tengo todo preparado». Al instante ella responde: «¿Julia está dormida?». Rubén teclea: «Hace bastante ya» . Ella no tarda en decirle: «Espera un poco más. Nos vemos donde antes, sal por el campo directamente. Ahora más que nunca no podemos llamar la atención. Y asegúrate de que Julia no se despierte y te vea salir. Ni ella ni

nadie. Esto no es un juego. Hazme una perdida cuando salgas». Es evidente que por las horas estos mensajes son después de que Julia sorprendiera a su marido por primera vez en el trastero del sótano.

A Julia se le pone muy mal cuerpo, no es solo que le sea infiel, sino que están metidos en algo extraño. ¿Tendría que ver con la mafia de la que, según Rubén, huían Javier y Vanesa? Se levanta de golpe y entra en casa.

Luego sale al pasillo y baja las escaleras a toda prisa hasta llegar al sótano.

Abre la puerta del trastero y enciende la luz. Se encuentra con gran parte de los documentos que había guardados en cajas tirados por el suelo, tanto dentro como fuera de sus respectivas carpetas, y recuerda que Rubén había quedado en ordenarlos cuando lo interrumpió porque había alguien en la piscina. Apoyados en la pared siguen los rollos enormes de plástico. Pero se fija en que hay uno tirado en el suelo, junto a unas cajas de herramientas y cintas adhesivas.

Se arrodilla y trata de poner orden a los documentos, leyendo por encima, tratando de entender qué falta, pero es un absurdo. No echará nada de menos, porque ella no se encarga de todo el papeleo de bancos, facturas, hipotecas, licencias, pólizas de seguros y demás…, así que tampoco se enteraría en el caso de que faltara algo. Se pone de pie y llama de nuevo a Rubén. Sigue dando señal, pero tiene la misma suerte; nadie responde.

—¿Dónde cojones estás? Cógelo si tienes huevos… —dice para sí misma mientras da vueltas a qué habrían planeado y dónde estarían en ese momento.

Pero tiene una inspiración y sube las escaleras con la misma decisión que si estuviera haciendo una marcha militar. No se dará por vencida. Nadie se va a reír de ella y si habían hecho algo terrible, como en parte piensa, ella los entregará a la Guardia Civil con mucho gusto.

Una vez en la habitación, agarra el reloj inteligente y busca en el

navegador de su teléfono la manera de encontrar el móvil vinculado desde este dispositivo. La respuesta aparece de inmediato y es sencilla: «Abre la app “Encontrar Dispositivos” en tu reloj inteligente y toca el dispositivo correspondiente. Si se puede localizar el dispositivo, se mostrará en el mapa para que puedas ver su ubicación». Julia sigue las indicaciones y descubre que no está conectado a internet y, por tanto, no aparece, pero el corazón le da un vuelco… cuando localiza dónde estuvo conectado por última vez.

¡Maldita sea! Sin pensarlo dos veces, coge las llaves y va en su busca.

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