Dulce hogar
Capítulo 7
7
Unos segundos después, Julia parece reunir las fuerzas para preguntar:
—¿Cómo que donde sucedió todo?
—A ver…, si vives al lado de la familia que ha desaparecido, tu casa está construida en el terreno donde la quemó. Esta mañana me ha llamado Paula porque había escuchado lo de la desaparición y ya sabes cómo es esto…
Sara acababa de contarle un poco antes que era donde había sucedido el parricidio.
—Pero ¿por qué no me lo dijiste?
—¡Cómo te lo voy a decir si no lo sabía! Me explicaste que daba al monte, pero no la calle, y te recuerdo que tampoco me has invitado —no deja responder a Julia—. Además, si lo hubiera sabido, probablemente tampoco te lo habría dicho para no asustarte.
—No me hubiese perjudicado saber que el chico que me acosa es un pirómano y un parricida.
—Cariño, yo, porque te conozco, pero hazme el favor de no repetir mucho eso, porque suena muy raro.
—Ya sé que suena raro, pero es verdad. La primera noche que pasé aquí vi algo brillando en mitad del bosque, era una llama. No tengo ninguna duda. Noche tras noche ha pasado lo mismo. Ayer volví a verla, pero más cerca. Alguien vigila mi casa con un mechero encendido o una cerilla, no lo sé. Fuego es, desde luego. Estoy segura.
—Que alguien se esté fumando un cigarro mientras da un paseo no significa que haya un pirómano que te vigile.
—Vale, vale, lo que tú digas. ¿Me puedes decir, por favor, qué ha pasado con él? ¿Dónde está?
—Julia, está encerrado. No puede ser él. No te obsesiones. Será un foco de alguna casa o alguien que se está fumando un cigarro. Se te está yendo un poquito… Rubén vuelve ya, así que no tienes por qué preocuparte. Ya sé que igual es mucha información de golpe y, encima, nada agradable. Así que es normal que estés un poco asustada, pero no te va a pasar nada. Esto es «un paraíso a treinta minutos de Madrid» —pone voz de anuncio.
—No empieces tú también, ¿cómo puedes estar tan segura?
—Porque está encerrado, ya te lo he dicho. Sé de buena tinta que no lo han soltado ni nada por el estilo.
—Te digo que es él. Seguro que tiene algún permiso. A ver, ¿dónde lo tienen encerrado? —Pilu se queda en silencio—. ¡Vamos, joder, déjate de tonterías! ¡¿Dónde?!
—En el centro que hay en la entrada de la urbanización, el edificio tan feo por el que nos preguntaste —contesta su amiga con la boca pequeña.
—¡Lo ves! Ahí lo tienes.
—Te digo que no puede salir.
—Si es así, ven conmigo a comprobarlo. Quiero mirarlo a los ojos para que sepa que efectivamente está loco si se cree que me va a acojonar. Voy con el mechero yo si hace falta, a ver quién quema a quién.
—Julia, no te estás escuchando… Me das miedo. Entiendo que son muchas cosas y estás sobrepasada, pero, de verdad, déjalo ya. Será alguna casualidad, un chico que se parece… Si dices que lleva capucha igual…, no sé, solo te digo que no te obsesiones o acabarás fatal si ves fantasmas donde no los hay.
—Pero ¿y las llamas? Las veo todas las noches…
—¿Has llamado a la garita para que miren qué puede ser?
—Acaba de estar aquí la Guardia Civil…
—¿Y qué te han dicho cuando se lo has contado?
Julia hace un pequeño silencio.
—Que no me preocupe por el pirómano, que no va a venir.
—Por eso, porque saben que está en tratamiento en el centro y la condena se puede alargar indefinidamente. Ya te digo yo que no han pasado los suficientes años como para que esté mejor. Olvídalo.
Julia se da por vencida.
—Gracias por tu ayuda.
—Oye, si lo digo por tu bien.
—Lo sé, lo sé. Tienes razón, es solo que todo esto me supera. Hablamos.
Julia cuelga sin dar opción a su amiga de despedirse. Inmediatamente entra a navegar desde el teléfono y busca todo lo relacionado con el parricidio. En la pantalla aparecen infinidad de links con titulares como:
«Un joven asesina a su propia madre prendiéndole fuego». «El parricida pirómano». «Mata a su madre prendiéndole fuego y provoca un incendio…».
Julia pincha en el primer enlace, que proviene de uno de los periódicos más importantes de tirada nacional, en el que aparece una fotografía del muchacho. Ante la imagen en blanco y negro por poco se le para el corazón: es él. No tiene ninguna duda. Por primera vez lo ve sin capucha y descubre que tiene el pelo liso y oscuro, que le cae sobre la cara. Sus ojos transparentes tienen la misa intensidad que cuando la miraba a través de la valla de su parcela. Incluso ahora siente que en la foto la está taladrando con la mirada. En la imagen, él aparece delante de la puerta de una casa y se sorprende cuando descubre que es la de su vecina.
No lo había pensado: si la amable Laura lleva viviendo toda la vida ahí, como le ha contado ella misma, y esa es la misma casa en la que vivía el
chico que había matado a su madre, entonces la amable mujer tiene que ser su abuela.
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