Milenio 3
Una aventura peligrosa
El compromiso de las autoridades al respecto no deja lugar a la duda: el artículo 249 del Código Penal de Haití regula el delito de zombificación. Dice textualmente que cualquier persona que intente quitar la voluntad a otra por medio de hechizos será castigada con la prisión. Pero si, intentándolo, llega a causar la muerte, será acusado de homicidio.
Cuando le preguntábamos a Juan José Revenga si había algún antídoto contra estos hombres o algún modo de conseguir que descansen para siempre, el periodista no lo dudó: «La sal».
Al parecer este elemento tan común es utilizado en los rituales diabólicos occidentales contra los demonios, los muertos en vida, los vampiros… «Sí, sólo la sal puede acabar con un zombi. Si un zombi la prueba, corre hacia su tumba inmediatamente y ningún hechicero puede sacarlo de allí».
La dificilísima situación económica y política de Haití, y el fenómeno de la globalización, en todos los sentidos, obliga a detenerse en la posible expansión de estas tradiciones ancestrales. Debemos conocerlas y comprenderlas porque quizá… esos brujos ya estén entre nosotros. Es muy posible que algunos bokor estén abandonando Haití y estén dirigiendo sus miradas a Estados Unidos o Europa. «Eso es una evidencia», asegura Juan José Revenga. «En Estados Unidos están presentes desde hace mucho tiempo. En Nueva Orleans, por ejemplo, hay una cultura vudú incluso más fuerte que la haitiana, y son sectas con mucho dinero».
El poder de estos brujos se extiende. «Yo presencié un ritual vudú en el que un bokor intentaba ayudar a su hermana. Esta mujer, al parecer, tenía problemas con cierto hombre en Estados Unidos. El bokor, en esta ceremonia, lanzó una maldición contra la persona que estaba molestando a su hermana. Esa persona iba a desaparecer de la vida de su hermana y también iba a desaparecer del mundo. Puede parecer un ritual ancestral y algunos pensarán que no tiene ninguna efectividad. Yo hablé con esta mujer algún tiempo después, y me contestó simplemente: “Ya soy feliz”».
Una aventura peligrosa
«Quizá me metí demasiado en su mundo», explica Juan José Revenga. «Estuve viajando por las montañas haitianas en busca de una respuesta y de la realidad. Aquel mundo es completamente diferente: aquellas gentes no han tenido trato con el hombre blanco jamás y, cuando llegas a un pueblo, eres un extraño. Un anciano se me acercó en cierta ocasión, con el pelo blanco, con un sombrero de paja, un bastón lleno de formas ofídicas, y se sentó frente a mí y me dijo: “¿Tú que buscas? Aquí nadie viene por nada”. Yo le dije que estaba buscando la realidad, que quería saber qué había de verdad en aquella historia de los zombis, de los poderes del bokor y de los brujos… “Estoy intentando saber si existen o pueden existir en esta cultura esas figuras de las que todos hablan”. Simplemente me dijo: “Espera. Esta noche vendré a buscarte”.
»Aquella noche estuve en un templo, en un humfó, frente a un brujo. Era un hombre fuerte, con el torso descubierto. Estuvimos hablando de lo que sucedía allí y él me explicó cuál era su trabajo. Le dije que quería ver el “polvo zombi”. Me lo mostró y luego me lo sopló en la cara… Aparecí dos días después en una cabaña, durmiendo. Cuando me desperté, me fui. Abandoné aquel pueblo sin más. No sé qué ocurrió durante aquellos dos días».
Quizá sea mejor no saberlo.