Milenio 3

Iker Jimenez · Capítulo 16 de 198

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Milenio 3

Ouija

«En más de una ocasión hemos intervenido en casas

donde se producían extraños fenómenos. Hay una cosa que

no suele fallar cuando interrogamos a los testigos:

allí, tiempo atrás, se practicó el espiritismo, la tabla ouija…».

José Antonio Sánchez, comisario jefe de Madrid

—¿La ouija? Es un juego. Su nombre procede de la unión de dos palabras: oui, «sí» en francés, y ja, «sí» en alemán.

—Ah, ya… ya sé qué es la ouija. Todo el mundo ha hecho espiritismo alguna vez… ¿De verdad crees en esas cosas…?

—¿Y por qué no? «Esas cosas», como tú dices, son formas de energía que pueden comunicarse con nosotros, y sólo necesitan que se les abra una puerta para poder hacerlo. La ouija es una de esas puertas.

Este diálogo (tomado del filme Ouija, de Juan Pedro Ortega, 2004) se ha dado miles de veces, en la realidad y en la ficción (películas, novelas, relatos), en reuniones juveniles.

Este «pasatiempo» ha causado grandes desgracias y ha marcado vidas. De eso no cabe ninguna duda. Se realiza sobre una tabla, en la que aparecen escritas las letras del alfabeto y los números en círculo, y algunos monosílabos, como «Sí» y «No», y la palabra «Adiós». Sobre esa tabla se coloca un objeto, a veces conocido como planchette, con distintas formas (triángulo, corazón), o un vaso, que es sin duda un método más rudimentario. La tradición popular supone que, en ese momento, se plantea la ingenua pregunta: «Espíritu… ¿estás ahí?». Entonces, el vaso, o la moneda, o el objeto que se utilice como marcador o guía, apenas tocado por las personas reunidas, irá moviéndose de un lado a otro, configurando palabras y frases, y, en teoría, respondiendo a las invocaciones y preguntas de los asistentes.

¿Qué hay de verdad y de mito en este mal llamado juego?

Algunos científicos han tratado de investigar qué ocurre en la mente de los participantes en una sesión de ouija. Se habla de inconsciente colectivo o de efecto ideomotriz, descubierto por William Carpenter en 1882: son movimientos musculares de origen mental independientes de la voluntad. Carpenter aseguraba que esta fuerza era también la que movía las varillas del zahorí o los péndulos radiestésicos. También hay científicos que hablan de energía residual, de un cierto tipo de fuerza que tendríamos los seres orgánicos y, curiosamente, también los inorgánicos. Se trataría de una energía que podría permanecer o ser sentida por los seres vivos o se impregnaría en los objetos y ambiente.

Lo cierto es que muchos de los participantes en sesiones de ouija no vuelven a ser los mismos. Algunos hablan de sucesos extraños. Otros, simplemente, terminan «enganchándose» y esperando más de los muertos que de los vivos. Sólo hay que echar un vistazo a las noticias y leer algunos titulares: