Milenio 3
Una investigación en España
El proceso continúa a partir de ahí —sólo conocemos las experiencias de los que han «regresado»— y entonces se produce, según los especialistas, un verdadero encuentro con entidades que difícilmente podríamos describir:
«El elemento común quizás más importante de los relatos estudiados, y con toda certeza el que mayor efecto ha producido en el individuo, es el encuentro con una luz muy brillante. Lo típico es que, en su primera aparición, ésta sea débil. Pero rápidamente se hace más brillante, hasta que alcanza un resplandor sobrenatural. Aunque esta luz —generalmente dicen que es blanca o transparente— tiene un brillo indescriptible, muchos de los entrevistados especifican que no daña a la vista, ni deslumbra, ni impide ver las cosas que les rodean. Quizá porque en ese momento ya no tengan ojos físicos para deslumbrarse. No obstante la inusual manifestación de luz, nadie ha expresado duda con respecto a que era un ser: un ser luminoso. Todos afirman que es un ser personal que tiene una personalidad bien definida. El amor y calidez que emanan de él hacia la persona que está muriendo no puede expresarse. Pero ésta se encuentra totalmente rodeada y poseída por él, muy a gusto y totalmente afectada por su presencia. Siente una irresistible atracción magnética ante ese ser. Una atracción inevitable».
En el listado de fases ECM —no siempre ocurre así y se han descrito numerosas variantes— lo más llamativo es el famoso túnel. Curiosamente, el túnel es recurrente a lo largo de la Historia, e incluso el Bosco reflejó hace medio milenio esa experiencia en una obra que se encuentra en el Museo Pozzi de Venecia. ¿Por qué el hombre antiguo describe lo mismo que describen nuestros contemporáneos? ¿Qué clase de arquetipo es ése? ¿Por qué un túnel y no otra cosa? ¿Y cómo es posible que creencias de todo tipo no influyan en ese trance?
«Las creencias religiosas y el pasado de la persona parecen no influir en el hecho de tener la experiencia o no», decía Raymond Moody en una entrevista concedida hace algunos años. «E incluso tampoco parece afectar al contenido de la misma. Hemos hablado con personas que eran ateas o agnósticas antes de la experiencia y han tenido durante su muerte vivencias preciosas y auténticas. Una vez que han vuelto, nos cuentan que están totalmente transformados y que no les cabe ya duda de que existe algún Dios y que hay una vida después de la muerte».
En Milenio 3, como luego se comprobará, también tuvimos testimonios que hablaban de esta experiencia gratificante que en muchos casos revolucionaba la vida de los testigos y, en general, para bien.
Una investigación en España
El doctor Enrique Vila López es doctor en Medicina, especialista en microbiología y medicina preventiva, y comenzó a estudiar estos casos en el Hospital de la Macarena, en Sevilla. Es coautor, junto con Julio Marvizón, de Los viajeros de la mente y una parte de ese libro revela experiencias de este tipo. Cuando se emitió el programa, el doctor Vila prometía un volumen dedicado exclusivamente a estas experiencias ECM. Nos reconocía que el libro de Moody fue un aldabonazo en el seno de la comunidad científica y que muchos doctores no estaban cómodos ante aquel trabajo. Para él, sin embargo, fue un revulsivo y gracias a ese texto publicado en 1975 comenzó a investigar si era posible que las experiencias descritas tuvieran alguna verosimilitud.
El doctor Vila nos comentaba uno de los primeros casos que tuvo la oportunidad de registrar. Es un caso excepcional, nada parecido a las experiencias comunes, pero de una emoción indescriptible. «Era un niño de 8 años, de la provincia de Córdoba. Se vio afectado por una enfermedad fulminante y lo llevaron al hospital. Yo supe de ese caso años después, cuando ya era un jovencito de 13 o 14 años. Lo que me contó es una experiencia típica de experiencia cercana a la muerte: sale de su cuerpo, ve cuando lo llevan en la ambulancia, ve la luz… lo habitual. Pero hay un detalle que a mí me fascina y… es muy bonito. Recordemos que el niño tenía 8 años: ¿quién fue a buscarlo cuando está en el túnel? Sus padres vivían, sus abuelos vivían, sus hermanos vivían… ¿Quién podía ir a buscarlo? Se encontró con entidades a las que no conocía. “Mire usted”, me contaba, “yo había tenido un perro… estaba en la casa cuando yo nací… y yo estuve muy unido a él, hasta que murió. Y cuando me ocurrió eso y estaba allí, con la luz y aquellas personas que no conocía, aquel perro vino a buscarme. Yo no tengo la menor duda: era mi perro”».
El caso es tan hermoso que quizá debería plantear algunos interrogantes sobre esos seres misteriosos que andan por la casa y que nos miran con curiosidad, que siempre están dispuestos para una caricia y que muestran su alegría cuando regresamos.
Pero, en fin, lo normal no es que aparezcan perros o gatos, sino seres humanos. Normalmente son seres fallecidos, nos contaba el doctor Vila, «pero yo he registrado también casos en los que esas entidades son seres que están vivos». Y en la luz, según los casos que ha recogido, también se dan algunas variantes: «Dicen que la luz es blanca, muy bonita y que no molesta a la vista, pues yo tengo casos de luces que son blancas, que molestan a la vista, luces rojas, amarillas, violeta y últimamente estoy encontrándome muchísimos casos de luces azules».
En general, el proceso comienza con un desdoblamiento, con una experiencia extracorpórea. «Sí, el sujeto sale de su cuerpo. Normalmente se ve en una posición elevada o en la habitación del hospital, en el quirófano, o en su casa, o en la calle, si ha sido un accidente. Y, desde arriba, él ve todo lo que sucede. Ellos lo describen como si fuese una película. Ellos son el actor principal. O como si fuese una obra de teatro que están representando. Es normal y habitual».
Antes de pasar adelante, quisimos preguntarle al doctor Vila cuáles eran las opiniones que circulaban en el ámbito profesional y qué explicaciones se esgrimían en casos que parecían tan comunes y frecuentes. «Estas experiencias se han explicado relacionándolas con cierta actividad del lóbulo temporal y también se ha propuesto como una reacción cerebral tras la liberación de endorfinas; en otros casos se habla de falta de oxígeno en el cerebro. Pero esta última explicación no es plausible. Porque cuando hay falta de oxígeno y el sujeto se recupera, los síntomas son parecidos a los que tiene una persona que se hubiese despertado de una intoxicación alcohólica aguda».
En opinión del doctor Vila, no hay más explicación que ésta: lo que los testigos cuentan, les sucede realmente. ¿Cómo ha llegado a esa conclusión? «Lo que da veracidad a estas experiencias es esto, precisamente: que el sujeto es capaz de narrar lo que ha visto, cuenta lo que le han hecho, la maniobras de resucitación, de reanimación, narra lo que estaba diciendo el médico con enorme precisión y, lo más importante: lo que el sujeto dice que vio y lo que ocurrió realmente… concuerda».
Este detalle es importantísimo y permite márgenes de investigación asombrosos. El doctor Vila nos contaba un caso pormenorizadamente donde se había dado esta concordancia asombrosa: tres doctores estaban interviniendo a un paciente en el quirófano y, de pronto, una complicación grave… se rompe una arteria coronaria. Urgentemente se llama a un cirujano cardiovascular. Se le explica el caso a la mujer y a los familiares y se les dice que es muy peligroso. Se le practicó un bypass, pero los doctores no podían asegurar nada… El cirujano, en realidad, lo daba por perdido, y le dijo a su esposa: «Mire… si su marido se salva, llévele una vela a la Virgen del Rocío».
Milagrosamente —y gracias al doctor Vila y sus compañeros—, aquel hombre se salvó. Cuando se recuperó, contó que había salido del cuerpo, que había visto la operación, que había salido al pasillo y había visto a sus familiares…
A los dos días, el cirujano cardiovascular pasa por la habitación y el paciente le pide que se acerque. El doctor se inclina sobre él, y el enfermo le dice:
—Oiga… ¿y usted por qué le dijo a mi mujer que le pusiera una vela a la Virgen del Rocío?
El caso es estremecedor. Pero tiene mucha gracia.
El cirujano cardiovascular no pudo dejar de mostrar su asombro, naturalmente. «¿Qué ha pasado aquí…?». El doctor Vila, que ya llevaba algún tiempo investigando casos semejantes, hizo un gesto con la mano y le dijo:
—Da igual. Ya te lo explicaré…
Ese doctor tuvo después alguna experiencia parecida y colaboró con don Enrique Vila en el registro de casos. «También tengo experiencias contrarias. Hay doctores que saben que esas cosas ocurren, porque los pacientes se lo han contado, pero se niegan a creerlo…».
También le preguntamos al doctor Vila si tenía registros en los que los testigos explicaran algo relacionado con el arquetipo de experiencias gratificantes, paz, sosiego o calma placentera, a pesar de que el cuerpo físico estuviera sufriendo un verdadero tormento. «Sí, y algunos casos son extremadamente curiosos. Tengo algunos casos en los que el paciente ha sido reanimado y “ha vuelto”, y entonces le reprochan al médico su actuación: “¿Por qué me ha traído, hombre? ¿Por qué me ha traído?”. En muchos casos explican que han estado en un lugar maravilloso y perfecto, rodeados de paz, tranquilidad y gozo. “¡Y me trae usted aquí, que es una lucha continua…!”».
Sin embargo, aunque lo habitual son experiencias placenteras, arquetípicas, en ocasiones los testigos hablan de lugares horrorosos y de «vivencias» espantosas. Lo habitual es creer que los suicidas o aquellos que mueren en circunstancias penosas, por ejemplo, con la influencia de drogas o barbitúricos, pueden tener experiencias angustiosas. «La mayoría de las experiencias son positivas, casi todas. Pero hay un 6 o un 7 por ciento que son negativas. En esos casos no hay paz, ni tranquilidad ni gozo. Allí todo es muy distinto: no hay luz, hay oscuridad. Y en el túnel, en vez de ascender, desciende. Oye gritos, alaridos, llantos… y lo que podría llamarse “el suelo” tampoco es placentero: ese “suelo” ya no es como una nube, sino que es oscuro, negro. Y los sujetos lo pasan bastante mal. Cuando “vuelven”, pueden dar síntomas de una afectación psíquica que en muchos casos hay que tratar. ¿Por qué algunas personas tienen la experiencia positiva y otras la negativa? No lo sabemos. Porque una persona que tenga una vida recta y perfecta puede tener una negativa. Y una persona que sea un depravado, que sea una calamidad, la puede tener positiva. No hay una relación entre la vida real y ese tipo de experiencias. ¿Por qué? No lo sabemos».
Aquellos que tienen una mala ECM suelen sufrir secuelas porque verdaderamente no se trata de una pesadilla, sino una realidad. «No es una pesadilla: es una experiencia real, intensa, vívida, fuerte. No ha sido un sueño. Ha sido una cosa que ellos saben que ha sido una realidad, no les cabe duda», explicaba el doctor Enrique Vila.
Para concluir esta interesantísima conversación, de una investigación de ECM en España, le pedimos al doctor que nos adelantara uno de los casos que tiene registrados.
Una señora vivía con su marido, el cual, para desgracia de ambos, es un alcohólico agudo, intenso. Cierto día, están los dos descansando en la cama y el hombre, probablemente enloquecido, coge una escopeta y le pega dos tiros a su esposa en la cara. La mujer es trasladada al hospital inconsciente y está a punto de morir. Los doctores tienen que reconstruirle prácticamente el rostro. La pobre señora estuvo en la UCI y sometida a un tratamiento que se alargó durante más de un año.
La señora le contó su ECM: «Yo estaba allí… con aquella luz y se acercó mi marido, y me dijo: “Perdona, perdona…”; y se fue».
Los familiares de esta señora, dado su estado, no le habían contado lo que había ocurrido después de aquella agresión: su marido, quizá consciente de lo que había hecho, se había pegado un tiro y había muerto.