Milenio 3

Iker Jimenez · Capítulo 125 de 198

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Milenio 3

Una investigación en profundidad

Cuando se habló de un médico, se imaginaba a éste ofreciendo drogas a las pobres desgraciadas y subiendo las escaleras de un prostíbulo con un maletín de cirugía.

Patricia Cornwell, una de las últimas investigadoras del caso y célebre por varios best sellen sobre este asunto, daba otra opción. Su teoría es que el verdadero asesino, el verdadero Jack era… ¡el pintor! En sus lienzos, al parecer, habría plasmado las historias que le acontecieron mientras se calzaba las botas del asesino más célebre de la historia. Patricia Cornwell, en Retrato de un asesino, aplicó técnicas policiales modernas, estudió las cartas, los documentos, los informes, las huellas dactilares y llegó a comprar lienzos de Walter Sickert en los que aparecen mujeres con grandes mutilaciones.

Pero aún hay una teoría más arriesgada y, también, más novelesca. Esta hipótesis sugiere que el asesino era el mismísimo duque de Clarence, Alberto Víctor. Santiago Camacho nos advertía que Alberto Víctor era un personaje de una psicología muy compleja. Su bisexualidad era conocida y reconocida abiertamente y, por ello, motivo de burla. Fue incluso capturado por error en una redada de homosexuales en aquel mismo barrio de Whitechapel. El duque fue infectado por la sífilis, una enfermedad terrible y mortal en aquella época, que provocaba demencia en los últimos estadios de su proceso. Si se contagió tras haber mantenido relaciones con una prostituta, ¿no pudo hacerlo por venganza? Finalmente, el duque de Clarence falleció a causa de esa enfermedad.

Sin embargo, hay un detalle importante en contra de esta teoría. El duque de Clarence era un miembro destacado de la familia real británica y su agenda era públicamente conocida. Además, mientras se estaban cometiendo algunos de los asesinatos de Jack el Destripado^ el duque se hallaba en Balmoral, en Escocia, o en otros lugares. Por ese lado, tenía coartada.

Pero no es una coartada definitiva. Como se ha advertido, Alberto Víctor era el protegido del doctor Gull e íntimo amigo del pintor Walter Sickert. Así pues, todo parece conducir a otra de las teorías más divulgadas: que se tratara de una autoría colectiva, una hermandad, un grupo de fanáticos…

 

Una investigación en profundidad

Jack el Destripador es un personaje tremendamente escurridizo. Su figura parece difuminarse a medida que las investigaciones se acercan a él. Las hipótesis y las teorías rondaban a un médico, a un pintor, a un miembro de la casa real… Milenio 3 se puso en contacto con César Vidal, que ha estudiado detenidamente el caso y nos sorprendía con la siguiente afirmación: «El caso de Jack el Destripador es una cuestión zanjada». Nos explicaba que las distintas teorías sobre su identidad no pudieron solventarse hasta los años 1992 y 1993, cuando, gracias a la Ley de Secretos Oficiales, se pudieron desclasificar documentos que estaban en los archivos de Scotland Yard y que hacían referencia, precisamente, a Jack el Destripador.

Hasta entonces, sólo había teorías. Médicos, pintores, pervertidos, duques… «Hoy en día, lo que sabemos es, primero, que Jack el Destripador era un colectivo. Es decir, no era sólo un asesino, sino que, de hecho, era un grupo de cinco personas que actuaron asesinando a distintas mujeres relacionadas con la prostitución. Segundo, sabemos las causas de esos crímenes, que no eran causas relacionadas con la mentalidad típica de un psicokiller, sino efectivamente, con un escándalo en el seno de la familia real que se ha podido documentar».

El escándalo al que se refiere César Vidal era al matrimonio del duque con una joven llamada Anne Elizabeth, de religión católica. Como se sabe, el rey de Inglaterra es también la cabeza de la Iglesia anglicana y el duque de Clarence era el segundo en la línea de sucesión de la reina Victoria. Esto planteaba un problema a la Casa Real: el heredero no podía casarse con una persona que no fuera de confesión protestante.

Inicialmente, para acabar con este escándalo, según nos explicó César Vidal, la reina Victoria encomendó a lord Salisbury, que era el primer ministro, que hiciera todo lo posible por «dejar fuera de la circulación» a esta pobre mujer, a Anne Elizabeth. Como sabemos, la muchacha fue internada en el manicomio de Bedlam. El duque de Clarence murió en 1892, en extrañas circunstancias, y la pobre Anne Elizabeth fue declarada loca y recorrió distintos manicomios hasta su fallecimiento en 1920.

César Vidal propone algunas variantes interesantes en esta historia y detalles al parecer bien contrastados. «Posiblemente, todo hubiera quedado ahí y Jack el Destripador no hubiera hecho acto de presencia de no ser porque había una niña que había nacido de aquella unión entre el duque de Clarence y la joven Anne Elizabeth».

Pero, contrariamente a lo que creíamos, la niña, fruto de esa unión ilegítima, no fue directamente a manos del pintor, sino que fue salvada por una amiga de la joven llamada Mary Jane Kelly. Si ésta hubiera escondido a la niña y hubiera guardado también silencio, no habría sucedido nada. Pero Mary Jane Kelly tuvo mala fortuna y se vio obligada a ejercer la prostitución para sobrevivir. Y, en un momento determinado, decidió chantajear a la familia real británica. Y ahí cavó su tumba.

Según César Vidal, cuando la reina Victoria conoció aquella historia del matrimonio clandestino, de un bebé, de andanzas con jóvenes católicas, estuvo a punto de padecer un ataque de histeria.

Había que tomar medidas y, efectivamente, se tomaron. Lord Salisbury, el primer ministro, que era un masón de alto rango, decide acudir a alguno de sus compañeros de la masonería y contacta con William Gull, amigo íntimo de la reina, y encubridor de algunos abortos en el seno de la familia real. En definitiva, con su pericia médica evitaba escándalos. El primer ministro también reclamó a Robert Anderson, que era el segundo jefe de la policía metropolitana de Londres.

Estos dos individuos, muy poderosos, reclutan a gentes que empiezan a buscar y a informarse. Su objetivo era acabar con todos aquellos que conocían el secreto. Y, por supuesto, acabar con la chantajista Mary Jane Kelly «Y, de hecho, todas las mujeres que mueren conocían el secreto de Mary Jane Kelly. Sólo en una ocasión se produjo un error y asesinaron a una pobre muchacha que se llamaba Catherine Eddowes, por equivocación, porque esta muchacha a la hora de prostituirse muchas veces utilizaba el nombre de Mary Kelly y pensaron que, efectivamente, era Mary Jane Kelly y la mataron. Fue el único error», concluye César Vidal.