Milenio 3
La Mano Negra
En ese libro no sólo se habían transcrito los crímenes que permitieron encontrar a los altos cargos de la hermandad, sino que se habían redactado unos estatutos precisos, seguramente heredados de tiempos anteriores. En el artículo 1 se decía: «Todo hombre bizarro, de buena vista, fino oído, ligera pierna y lengua expedita puede ser miembro de nuestra querida Garduña».
Y en el artículo 9 decía: «Todos nuestros hermanos han de estar decididos a morir mártires, antes que confesos, so pena de ser degradados, expulsados de la hermandad y, si fuese preciso, perseguidos y muertos por ella».
Al parecer, la Camorra italiana fue el refugio de los garduños perseguidos. Sicilia y Nápoles, como se sabe, fueron territorios pertenecientes a la Corona de Aragón durante el período en que La Garduña tuvo una operatividad más intensa. Quizá se formó allí con otra infraestructura, así como surgieron nuevas mafias incluso en el Nuevo Mundo.
La Mano Negra
Ésta es la historia de una conspiración, un crimen político y una brutalidad planificada para amedrentar a los campesinos andaluces. En Jerez, provincia de Cádiz, el día 13 de junio de 1884 se leía el siguiente resumen:
«Pedro Corbacho Lagos, de 32 años y con vivienda en Jerez; acusado del
asesinato del Blanco de Benaocaz: condenado a muerte.
»Francisco Corbacho Lagos, hermano de Pedro, 39 años y natural de
Jerez: condenado a muerte. Se le concedió la voluntad de ser agarrotado el
último.
»Juan Ruiz y Ruiz, natural de Écija y vecino de Arcos de la Frontera, de
34 años; maestro rural: condenado a muerte.
»Bartolomé Gago de los Santos, natural de Benaocaz; casado, de 38 años;
sabe leer y escribir; acusado de organizador del crimen: condenado a muerte.
Sus convulsiones rompieron el collarín de hierro.
»Cayetano de la Cruz Expósito, 46 años y natural de Guadix; acusado de
delator: condenado a muerte. Se ha suicidado en la cárcel días antes de la
ejecución pública.
»José León Ortega, natural de Ubrique y vecino de Jerez, 28 años; sin
antecedentes penales; pertenecía a la Federación de Trabajadores del Valle:
condenado a muerte por ser el autor del degüello de la víctima. Se le exime de
la pena capital por repentina enajenación mental.
»Cristóbal Fernández Torrejón, natural de Algaz, de 30 años; casado y
jornalero: condenado a muerte.
»Manuel Gago de los Santos, natural de Benaocaz, 28 años; sin
instrucción alguna y con oficio de pastor: condenado a muerte.
»En Jerez, provincia de Cádiz, a 13 de junio de 1884».
Ésta fue la lista de condenados y ejecutados por un crimen que probablemente jamás se cometió. A ellos se les achacaron una serie de asesinatos y delitos horrendos, pero después de muchos años de investigación, la cuestión parece más compleja y relacionada con las primeras asociaciones políticas de campesinos, con luchas entre obreros y jornaleros frente a oligarcas y terratenientes. Y, finalmente, aquellos supuestos crímenes y esas ciertas ejecuciones guardaban más relación con el hambre y la miseria de los aldeanos andaluces que con una trama sólo orquestada en los cortijos y los despachos ministeriales.
Lo cierto es que alguien estaba enviando cartas amenazadoras a los terratenientes andaluces. Algunas de aquellas misivas, que parecían escritas por niños, contenían un dibujo de un puñal y, empapada en sangre o tinta, la huella de una mano infantil: La Mano Negra.
La mayoría de los casos ocurrieron en la provincia de Cádiz. La Mano Negra parecía constituir una verdadera y auténtica sociedad secreta, organizada con fines criminales. Se proclamó que era un grupúsculo de carácter cuasi terrorista, destinado a acabar con los ricos y poderosos, con la Iglesia y sus ministros, y con todo lo que sonara a poder y organización social. ¿Era un grupo político anarquista?
No todos creyeron esa historia. Ya por entonces se aseguraba que La Mano Negra era una invención para sembrar el miedo y el pánico, y sobre todo, una leyenda para poder ejecutar sin piedad a los miembros de aquellas incipientes agrupaciones políticas de campesinos andaluces. ¿Era una leyenda organizada para llevar a cabo una represión? ¿Fueron los poderes fácticos, la Iglesia y los acaudalados señores quienes desarrollaron semejante trama? En definitiva, se argumentaba que el poder inventó La Mano Negra para acabar con campesinos y obreros molestos.
Ha pasado más de un siglo y, en algunas partes de Andalucía, aún se atemoriza a los niños con La Mano Negra. Nos lo contaba Manuel Ramírez López, autor de La historia La Mano Negra, memoria de una represión: «Sí, aún hoy en día La Mano Negra significa miedo. Es fácil imaginar qué significaba en el siglo XIX, sin televisión, sin radio… El bulo llegó a tal extremo que todo el mundo lo creyó. Llegó a decirse que los miembros de La Mano Negra iban a contaminar el agua de Jerez».
Las principales acusaciones eran de tipo social y se aseguraba que La Mano Negra quería matar a todos los ricos. (Los términos del conflicto son tan básicos que obligatoriamente hay que desconfiar). Manuel Ramírez nos decía: «En fin, te pones a analizar todos los sucesos y nunca hubo un rico que muriera asesinado. Todos fueron crímenes normales y vulgares, como los que suceden en cualquier lugar, incluso en la actualidad». Para este autor, no cabe ninguna duda: «Fue una confabulación tal que el miedo arrastró a todo el mundo a pensar que era una situación inventada y forzada».
Si se trataba de una trama organizada por el poder, las claves deberían encontrarse precisamente en los instrumentos del poder. En un periódico llamado Los Dominicales, que se distribuía en toda Andalucía, se propagó la noticia del miedo. Y esto es básico para cualquier sociedad secreta: sembrar el miedo, el espanto, el terror. Ésta era la crónica que exponía —con meridiana evidencia— en qué términos se planteaba la lucha con La Mano Negra: «La permanente zozobra en la que viven las clases medias y el pánico que las invade dan ocasión a relaciones aún más hostiles. Nadie ignora lo que se habla de La Mano Negra. La Mano Negra, asociación fatídica que llena a toda esta comarca, y aun a otras distantes, con sus afiliados. Asociación de venganza y exterminio que no se propone reforma concreta, sino exclusivamente destruir la riqueza por todos los medios y matar a los ricos de todas las maneras. La Mano Negra, tenebroso símbolo para una guerra sin cuartel. Guerra de exterminio y rencores implacables».
¿Asociación? ¿Afiliados? ¿Matar a los ricos? ¿Guerra de exterminio? ¿Rencores?
Manuel Ramírez López ha realizado una investigación que finalmente ha resultado sobrecogedora. Se detuvo a diecisiete personas en principio, acusadas de pertenecer a esa supuesta asociación y de haber cometido un crimen concreto, el del llamado Blanco de Benaocaz, un campesino. «En primer lugar, los diecisiete sabían leer y escribir, algo inconcebible en aquella época. Segundo: eran trabajadores, y eran socialistas. Y se declararon como tales, como era obligatorio y legal. Tercero: leían la Revista Social, una revista que tenía una tirada de veinte o treinta mil ejemplares en España. De Despeñaperros para arriba, era legal, pero en Andalucía era ilegal. Y cuarto: a esta gente se le achacó haber matado a uno que, según decían, iba a delatar a la asociación, etcétera. Lo que hemos descubierto es que ese individuo, en primer lugar, era un pendenciero, y, en segundo término, no sabemos si fue el muerto o no. Seguimos investigando, pero probablemente ese hombre no fue asesinado. En fin, que no hubo ni muerto, siquiera».
Siete personas fueron ejecutadas públicamente y las fotografías que se conservan son estremecedoras. Dicen que aquella ejecución ejemplarizante fue la forma de poner fin a La Mano Negra, o a la leyenda de La Mano Negra, o a gente que decía pertenecer a esa sociedad. Nunca se probó, porque los reos nunca confesaron. (Hay que recordar que el principal mandato de estas sociedades es negar toda pertenencia a ellas e, incluso, su existencia). La investigación de Manuel Ramírez ha llegado a una conclusión: que ejecutaron a siete inocentes, y no hubo ni siquiera muerto.